La infancia de los 60 y los 70, comparada con la de ahora: lo que ha cambiado, según un psicólogo

La infancia de los 60 y los 70, comparada con la de ahora: lo que ha cambiado, según un psicólogo

Eso de todo tiempo pasado fue mejor es un pensamiento recurrente a medida que se van cumpliendo años, pero no tiene por qué ser del todo cierta. En cualquier caso, de lo que no cabe duda es que, como decía Heráclito, “todo fluye, nada permanece” y tampoco la manera de vivir la infancia ni de criar a los hijos. Es evidente que hoy en día nuestros hijos juegan de manera muy diferente a cómo lo hacían nuestros padres, nuestros abuelos o, incluso, nosotros mismos. ¿Es mejor o peor? 

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Siguiendo con las ideas de los grandes pesadores, la verdad absoluta no existe, tal y como manifestaba Ortega y Gasset. En cualquier caso, hemos preguntado a un experto, a Abel Domínguez, psicólogo infanto-juvenil, director de Domínguez psicólogos y miembro del Colegio de la Psicología de Madrid, acerca de esas diferencias, por los pros y los contras y por cómo podemos los padres ayudar a que nuestros hijos vivan una infancia plena.  

Abel Domínguez, psicólogo infanto-juvenil© Abel Domínguez
Abel Domínguez, psicólogo infanto-juvenil

Los niños de la generación de los 60 o de los 70 jugaban más tiempo en la calle y, por lo general, los padres no les vigilaban constantemente. Ahora, es evidente que pasan menos tiempo jugando solos y menos aún en la calle. ¿Cómo afecta esta diferencia al desarrollo emocional de los niños?

Comparado con los años 60 y los 70, incluso con los 80 o los 90, que es donde jugábamos nosotros, lo que se aprecia es un juego más individual. Por lo general, niño con tablet, niño con videoconsola, niño con móvil, con smartphone... en lugar de niño con otros niños jugando a fútbol o a otros juegos en la calle u otros juegos, como los de mesa. Lo que creo que está clarísimo es una individualización de los juegos y de la manera de jugar de los chavales.

Obviamente esto va acompañado también de una mayor vigilancia por parte de los padres, de una menor gestión del tiempo libre de los pequeños porque probablemente tengan muchas más extraescolares y menos tiempo físico. También hay mucha desconfianza en cuanto a la autonomía de los chavales, pero también preocupación, a nivel social, por lo que puede pasarles a los niños. La evolución ha ido en esa dirección.

Hay mucha desconfianza en cuanto a la autonomía de los chavales, pero también preocupación, a nivel social, por lo que puede pasarles a los niños.

Abel Domínguez, psicólogo infanto-juvenil

¿Tiene beneficios el juego individual?

En el juego individual, es verdad que los chavales pueden trabajar un poco la competitividad o mejorar sus habilidades. Quizás, también en algunos videojuegos, se trabaja la inteligencia, quizás incluso las capacidades motrices (si son deportivos o el chaval se tiene que mover), pero, desde luego, lo que no surge, en este tipo de juegos más individuales, son los conflictos interpersonales.

Ahí yo sí que veo un déficit en cuanto a gestión de conflictos que pueden surgir en el tú a tú cuando están con más chavales, cuando están jugando a fútbol, cuando están jugando una partida de algún juego de mesa y surge un desacuerdo, alguien ha hecho trampas o no ha cumplido una de las reglas. Al final, en ese estilo de juego más individual, los niños y las niñas pierden esa capacidad o esos escenarios para aprender a gestionar conflictos.

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¿Cómo de necesario es el juego libre?

El juego libre, el juego que no está dirigido, es necesario para los chavales porque, sobre todo, fomenta la creatividad: fomenta la creatividad a la hora de buscar un juego al que jugar, al buscar escenarios donde, de repente, nace un líder al que los otros siguen para jugar a ese juego o para, simplemente, entretenerse entre ellos, de tal manera que así van decidiendo a qué juegan o con quién, o eligiendo equipos. Y aprenden a gestionar esa preparación del juego que nace de ellos, de la creatividad y de la espontaneidad.

Muchos padres de hoy en día viven con culpa por no tener tiempo para jugar con sus hijos o intentan sacar unos minutos al día como sea para lograrlo. Antes, los padres no jugaban con sus hijos nunca o casi nunca y no se veía como una negligencia de la crianza. ¿Qué ha cambiado para esta vuelta de tuerca en lo que se considera ser un buen padre o una buena madre?

En la misma pregunta tú das una buena pista. Han cambiado los modelos de crianza y los modelos de lo que se considera ser un buen padre o una buena madre. Antes había un modelo más clásico o con las funciones más separadas, donde uno de los dos, por lo general el padre, iba a trabajar, era el único que trabajaba fuera de la casa y ganaba el dinero, y la madre se quedaba cuidando de los niños, de la casa y haciendo un gran trabajo, también especializado, en el cuidado y también en el ahorro.

Veo un déficit en cuanto a gestión de conflictos que pueden surgir en el tú a tú cuando están con más chavales, cuando están jugando a fútbol, cuando están jugando una partida de algún juego de mesa.

Abel Domínguez, psicólogo infanto-juvenil

Antes, si acaso, era la madre la que jugaba con los niños y, ocasionalmente, a lo mejor el padre cuando llegaba de trabajar, pero es verdad que ahora ya estamos mucho más implicados en todas las tareas del hogar, porque ambos trabajamos, ambos ganamos dinero. Hay, desde luego, escenarios nuevos como familias monoparentales, familias homoparentales... pero al final todos hacemos de todo, con lo cual, al final del día, es verdad que, por lo general, el que más o el que menos desearía haber jugado más con sus hijos.

Ha habido, afortunadamente desde mi punto de vista, esa vuelta de tuerca, esa revisión de modelos educativos y de modelos de ser padres y madres, donde jugar con los niños y pasarlo bien es importante.

Niño feliz en la calle© Getty Images

Hoy los niños, además, no tienen tanto tiempo libre como antes. Muchos van de extraescolar en extraescolar o de plan divertido (organizado, claro está) en plan divertido. ¿Qué implica esto?

Es verdad que llega un punto que los chavales van estresados porque precisamente, como no llegamos a ganar lo suficiente ni siquiera trabajando todos los miembros del sistema familiar, efectivamente, muchas veces las actividades extraescolares y los tiempos extra en el colegio se emplean para poder llegar a conciliar el trabajo con la vida familiar.

Ahí yo sí que he visto chavales estresados, chavales con los que ha sido complicado ponerse de acuerdo para, simplemente, que vengan al psicólogo, por ejemplo, porque realmente tienen agendas muy ocupadas, como si fueran pequeños ministros. Yo sí que a los padres les llamo a la cordura y es llamo también a introducir ritmos de trabajo y de extraescolares compatibles con esa conciliación, con tener una vida un tanto cómoda, un tanto rica en cantidad de tiempo que pasan en el trabajo, con la familia y, en especial, con los niños.

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¿Es necesario que los niños tengan tiempo para aburrirse?

El aburrimiento es ese caldo de cultivo donde nace la creatividad. Sin aburrimiento no nacen las ideas. Me parece fundamental que tengan un ratito de menor actividad, de ocio pasivo, donde los chavales puedan aburrirse e inventarse juegos o aprender a entretenerse solos porque, de lo contrario, les privamos de aprender esa habilidad y de entrenarla.