La interiorista Raquel Chamorro advierte: “Ampliar un espacio no siempre implica derribar tabiques; muchas veces las paredes son nuestra herramienta más sofisti...
La interiorista Raquel Chamorro advierte: “Ampliar un espacio no siempre implica derribar tabiques; muchas veces las paredes son nuestra herramienta más sofisticada”
Aunque a priori puede parecer que los metros son sinónimo de una vivienda cómoda, confortable y con estilo, no siempre es así. Estas condiciones no son el resultado del tamaño, sino de saber aprovecharlo. Conocemos la importancia de los colores, la distribución o los muebles de doble uso en los estancias XS, pero pasamos por alto un elemento clave: las paredes.
Para saber cómo pueden ayudarnos, hemos hablado con la interiorista Raquel Chamorro. La experta lo tiene claro: “Transformarespacios pequeños no consiste en disfrazarlos para que parezcan otra cosa. Consiste en comprender cómo percibimos el espacio: continuidad, luz, coherencia, escala. Las paredes no son límites físicos; son planos de expresión arquitectónica. Cuando se diseñan con intención no solo decorativa, sino estructural, el espacio cambia por completo. Ampliar es, en realidad, un ejercicio de sensibilidad. Porque la verdadera dimensión de una vivienda no se mide en metros cuadrados, sino en la sensación que produce al cruzar la puerta”.
Nos gustan tanto las estancias amplias y abiertas que nos olvidamos muchas veces del poder de lo mini, como este proyecto del estudio Reondo, un piso de 40 m². “Cuando me enfrento a un espacio pequeño, no lo observo desde la limitación, sino desde la oportunidad. La escasez de metros no es un obstáculo, es un ejercicio de precisión. En viviendas compactas, cada decisión cuenta y, sobre todo, cada plano vertical se convierte en protagonista. Las paredes dejan de ser un simple contenedor para transformarse en arquitectura emocional”, afirma la interiorista.
De la misma manera, continúa la experta, “ampliar un espacio no siempre implica derribar tabiques; muchas veces significa saber dirigir la mirada. La percepción es más poderosa que la dimensión real. Y en ese juego sutil entre luz, continuidad y proporción, las paredes son nuestra herramienta más sofisticada”.
“Uno de los recursos más eficaces y menos comprendidos es la continuidad visual. Cuando tratamos cada pared como un elemento independiente, fragmentamos la estancia. En cambio, cuando concebimos el conjunto como un volumen unitario, el espacio respira. En mis proyectos (como este) procuro integrarpuertas, armarios y panelados en el mismo acabado mural. La ausencia de interrupciones genera serenidad. Un armario enrasado, lacado exactamente en el mismo tono que el paramento, desaparece. Y cuando algo desaparece visualmente, el espacio se expande. No se trata de minimalismo frío, sino de coherencia. La coherencia es amplitud”, asegura. Y nosotros lo visualizamos y nos lo creemos.
Aunque los colores claros son aliados de los pocos metros, lo cierto es que los oscuros y profundos bien usados, como en esta propuesta de Benjamin Moore, también son una opción cuando no sobran los metros. ¡Fuera tópicos!
“Existe una idea extendida de que los claros agrandan y loscolores oscuros reducen. La experiencia me ha enseñado que esto solo es cierto cuando se utilizan sin intención. Un tono profundo aplicado de forma envolvente en paredes, puertas e incluso techo puede borrar los límites arquitectónicos. Cuando el ojo no distingue claramente dónde termina un plano y comienza otro, pierde referencias y la percepción se dilata. El color oscuro bien iluminado aporta, además, una sensación de refugio elegante. No empequeñece, abraza. Y en esa envolvente sofisticada, el espacio adquiere carácter y profundidad”, explica Raquel.
Una forma de dar profundidad sin recargar es a través de los propios materiales. Sin olvidar que los ambientes con textura están de moda. “En espacios pequeños, la decoración superpuesta suele saturar. Prefiero trabajar la riqueza desde el propio material mural. Estucos minerales, acabados a la cal o microcementos suaves generan vibración lumínica sin fragmentar visualmente. La textura introduce matices que cambian con la luz del día. No es un recurso inmediato; es sutil, casi silencioso. Pero esa vibración hace que la pared no sea un plano, sino un fondo con vida. Cuando el interés nace del propio muro, no necesitamos añadir exceso de elementos decorativos”, matiza la interiorista.
En este ambiente, el revestimiento decorativo de ARTE se inspira en las paredes de escayola, con relieves que surgen con la luz.
A la hora de diseñar las estancias todo suma y, como señala la experta, “la arquitectura también se dibuja con líneas. En estancias de techos bajos, enfatizar discretamente la verticalidad a través de panelados, moldurasfinas o listones integrados estiliza y eleva la percepción de altura. El ojo asciende y el espacio se alarga. En pasillos estrechos o zonas longitudinales, una línea horizontal muy medida puede ensanchar visualmente. No hablo de contrastes evidentes, sino de gestos casi imperceptibles que ordenan la lectura del volumen. El diseño de paredes no es solo estético; es estratégico, como se aprecia en este proyecto de mi estudio”.
Los expertos coinciden siempre: los espacios despejados y con pocas cosas siempre parecen más amplios, como ocurre en este salón de Bruguer. “En viviendas pequeñas solemos caer en el error de 'llenar' por miedo a que algo parezca escaso. Sin embargo, el vacío es uno de los mayores lujos espaciales. Una pared despejada, bien iluminada y proporcionada permite que el espacio respire. Prefiero una única pieza de gran formato cuidadosamente elegida a múltiples elementos pequeños que interrumpan la continuidad visual. La amplitud necesita silencio”, afirma la interiorista.
Nadie duda de la capacidad de la luz para transformar los espacios, pero la interiorista nos explica cómo debe ser para generar amplitud: “La iluminación vertical transforma por completo la percepción de una pared. Cuando la luz baña el plano desde el suelo o desciende suavemente desde el techo, genera una sensación de profundidad extraordinaria. La pared parece retroceder. Se convierte en fondo escenográfico. Y el espacio, de repente, gana dimensión. No solo ilumina, modela”.
Este proyecto de Forma Arquitectura es un ejemplo del poder de un buen proyecto lumínico.
Muebles y paredes deben ir en sintonía, para no destacar y ocupar visualmente. “Cuando el mobiliario dialoga cromáticamente con la pared, el conjunto se unifica. Bancos de obra, cabeceros en el mismo acabado mural, estanterías integradas… Todo ello contribuye a que el volumen se lea como una pieza arquitectónica y no como la suma de objetos independientes. Cuanto menos fragmentado se percibe un espacio, mayor sensación de amplitud transmite”, cuenta. En este proyecto de su estudio, el cabecero tapizado se camufla en la pared, logrando sensación de conjunto.
Elegimos el color de las paredes y su acabado, pero, solemos olvidarnos del techo o lo solucionamos con un blanco, que funciona con todo. “En muchos proyectos observo cómo el techo queda relegado a un blanco neutro por inercia. Sin embargo, forma parte del conjunto perceptivo. Cuando lo trabajamos con coherencia prolongando el color, incorporando iluminación perimetral o integrándolo en la misma narrativa material, el espacio se vuelve envolvente y sofisticado. La mirada deja de encontrar un límite abrupto”, determina Raquel Chamorro.
Esta propuesta de Jotun no lo olvida y lo pinta en el mismo color (Ochre Clay) que las paredes. El dormitorio no solo crece visualmente, sino también en estilo.
Es otra de esas reglas básicas de las casas mini: el orden siempre es aliado de los pocos metros. La interiorista traslada esta norma a las paredes: “El orden genera calma. Y la calma amplía. La repetición medida de panelados o molduras crea ritmo visual. El ojo se desplaza con fluidez, sin interrupciones bruscas. En espacios pequeños, esa fluidez es esencial. El caos visual contrae, el ritmo expande”.
Esta propuesta de Noël & Marquet (en Leroy Merlin) expresa muy bien cómo la repetición, en este caso de molduras, crea ritmo y armonía.
“En determinadas distribuciones, incorporar paños translúcidos o soluciones de vidrio texturizado dentro del propio muro permite que la luz fluya entre estancias sin perder privacidad. La luz compartida multiplica la percepción espacial. Una vivienda pequeña puede sentirse mucho más amplia si la iluminación natural circula libremente”, apunta Raquel Chamorro. Una alternativa que podemos ver en este proyecto de la interiorista.
Cuando se trata de ganar sensación de amplitud, a veces es mejoruna pieza grande que muchas pequeñas. “Más allá de tendencias o recursos concretos, la proporción es la herramienta más poderosa. Un mural de gran escala puede resultar más expansivo que varios cuadros pequeños. Una pared tratada como un todo coherente siempre será más amplia que una fragmentada. En espacios reducidos, paradójicamente, conviene pensar en grande. Lo pequeño multiplicado encoge, lo grande bien proporcionado dignifica”, sentencia Raquel Chamorro.
En esta propuesta el papel pintado de Sisy no solo aumenta la sensación de profundidad, sino que nos hace pensar en un balcón y genera, al mismo tiempo, bienestar.