La rutina de Santiago Segura para adelgazar 46 kilos y mantenerse saludable a los 60 años
Supuso una revolución en la comedia española, pero la transformación de Santiago Segura, que, a sus 60 años, atraviesa uno de sus momentos más plenos, va mucho más allá de la risa: mientras conquista de nuevo la taquilla con Torrente Presidente-que acumula más de siete millones de euros recaudados en España desde su estreno en marzo, consolidándose como uno de los grandes éxitos cinematográficos recientes-, el cineasta vive una metamorfosis personal que ha cambiado su cuerpo, su relación con la comida y su día a día.
Hace años confesó estar “hecho una bola”; su peso llegó a oscilar cerca de los 116 kilos y fue ese punto de inflexión lo que le llevó a replantearse su vida. No hubo atajos ni soluciones milagro, sino una decisión sostenida en el tiempo. Tras un proceso exigente, Segura logró perder cerca de 50 kilos y estabilizarse en torno a los 70-80, un cambio que él mismo resume con brutal honestidad: “A mí me gusta mucho comer y ahora tengo que cortarme más cuando me siento a la mesa”. Más que una dieta puntual, lo suyo ha sido un cambio de mentalidad y una reeducación completa de hábitos.
Cambio de dieta
Su relación con la alimentación ha sido determinante. Para alcanzar ese déficit calórico que buscaba, el actor desarrolló una rutina muy concreta que hoy define como un equilibrio entre disciplina y disfrute, donde la clave está en no perder nunca la conciencia de lo que come. Su desayuno habitual, por ejemplo, consiste en pan negro con aguacate y, a veces, un huevo cocido o revuelto, acompañado de infusión o café sin azúcar. Un gesto aparentemente sencillo que simboliza ese giro radical. “Antes me metía bollería industrial como si no hubiera un mañana”, explicaba con esa mezcla de humor y sinceridad que le caracteriza.
A lo largo del día, su alimentación sigue una estructura ordenada, casi estratégica. Entre horas, opta por tentempiés ligeros -frutos secos o fruta fresca- que le ayudan a evitar picos de hambre. La comida principal se construye en torno a verduras al vapor o ensaladas aliñadas con aceite de oliva, acompañadas de proteínas magras como pollo, pavo o pescado blanco, y una pequeña porción de cereales integrales o legumbres según el nivel de actividad o apetito. La merienda, lejos de los excesos del pasado, suele ser un yogur natural con semillas de chía o avena, mientras que la cena repite ese patrón ligero, pensada más para nutrir que para saciar en exceso.
Sin embargo, en este nuevo estilo de vida también hay espacio para la indulgencia y, ahí, aparece uno de los rasgos más reconocibles de su personalidad: el humor con el que afronta sus propias debilidades. Las torrijas -icono de la repostería tradicional española en Semana Santa- sigue siendo su gran tentación. “Ni el alcohol, ni el tabaco…ponme una torrija delante y me vuelvo loco”, ha confesado, recordando que incluso en los procesos más disciplinados hay lugar para pequeños placeres.
Ayuno intermitente y entrenamiento
Otro de los pilares de su transformación ha sido el ayuno intermitente, una herramienta que ha incorporado a su rutina con cautela. Suele concentrar sus comidas en un intervalo de ocho horas y, en ocasiones puntuales, ha llegado a prolongar el ayuno hasta 36 horas, aunque él mismo advierte que no es un método universal ni recomendable para todo el mundo.
Este patrón alimentario se complementa con una actividad física constante, aunque alejada de los extremos. No hay grandes exhibiciones deportivas, sino una rutina práctica y sostenida: flexiones, ejercicios básicos de fuerza y largas caminatas diarias. Incluso en épocas de rodaje o promoción -cuando el ritmo de vida se vuelve más caótico- mantiene estos hábitos de forma flexible, demostrando que la verdadera clave no está en la intensidad, sino en la constancia.
El propio Segura ha reconocido que el proceso no ha sido fácil. “Sufro porque me gusta comer y tengo que reprimirme en muchas ocasiones”, ha admitido con franqueza. Esa confesión, lejos de restar mérito a su transformación, la humaniza: detrás del cambio físico, hay una lucha diaria y un equilibro entre lo que apetece y lo que conviene.
Más allá de la estética, el motor de este cambio ha sido la salud. Con el paso del tiempo, el director ha tomado plena conciencia de los riesgos asociados al sobrepeso -desde problemas cardiovasculares hasta enfermedades como la diabetes- y ese conocimiento fue el verdadero detonante de su giro vital. No se trataba solo de verse mejor, sino de vivir mejor y garantizarse una calidad de vida a largo plazo. Entre el aguacate del desayuno y la tentación ocasional de una torrija, ha encontrado un punto intermedio que le permite seguir disfrutando sin renunciar al bienestar.






