Lo que Ricardo Montaner reveló sobre Guayaquil en una noche marcada por la lluvia
La lluvia llegó antes que Ricardo Montaner. Fue breve, intensa y suficientes para alterar por unos minutos la rutina de ingreso al estadio Alberto Spencer -en la avenida de las Américas- donde vendedores multiplicaban la oferta de protectores plásticos para celulares y capas transparentes para los fanáticos que llegaron temprano al concierto del artista argentino en Guayaquil.
Nadie parecía dispuesto a marcharse. Al contrario, la lluvia terminó convirtiéndose en parte de la antesala de una noche que convocó a varias generaciones alrededor de un mismo repertorio.
Parejas tomadas de la mano, grupos de amigas que crecieron escuchando sus canciones, madres acompañadas por sus hijas y familias enteras llenaron las gradas y la cancha para presenciar El último regreso tour. la gira con la que el cantautor nacionalizado venezolano volvió a encontrarse con una ciudad que lo ha acompañado en distintos capítulos de su carrera.
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Montaner optó por dejar que las canciones hablaran por él. Después de un inicio intenso con éxitos como Yo que te amé, Será, A dónde va el amor, Castillo Azul, El poder de tu amor, anticipó lo que sería la dinámica de la noche: cumplir con las canciones de sus fanes para no deberles ninguna favorita.
Y cumplió. Durante buena parte del concierto, la música ocupó el primer plano. Éxito tras éxito, el repertorio avanzó sin interrupciones prolongadas, con el objetivo de aprovechar cada minuto para recorrer décadas de carrera y satisfacer a un público que conocía cada palabra de memoria.
Cuando finalmente se permitió abrir espacio para las anécdotas, Guayaquil se convirtió en protagonista. Montaner desempolvó recuerdos de sus primeras visitas a la ciudad y evocó una época en la que se sorprendía por la magnitud de convocatoria.
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“Reconozco que me quedé encerrado ahí y supe lo que era no poder salir de un lugar, me sacaron en un carrito de esos de comidas, era muy flaquito, me sacaron tapado, me metieron en la maleta de un auto y me sacaron del centro comercial así, y es la primera vez que la gente me quería”, mencionó entre risas de su salida de escape del Unicentro.
La memoria también lo llevó a las orillas del río Guayas. Rememoró la grabación de uno de sus videoclips en la ciudad, una experiencia que describió como parte de una relación construida durante décadas con el público ecuatoriano.
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Se entregó por completo a cada canción, caminó por el escenario, se emocionó al escuchar las voces de los asistentes al unísono. Montaner cumplió su promesa y saldó su deuda afectiva con sus seguidores.
A lo largo del espectáculo también demostró por qué sigue siendo una de las figuras más sólidas de la música romántica en español. Su voz conservó la calidez y la potencia que han definido su carrera, mientras que su presencia escénica reflejó la seguridad de un artista que conoce cada rincón de su repertorio y entiende la conexión emocional que este genera. (E)


