Los Murdoch, los secretos de la dinastía que inspiró la serie 'Succession', al descubierto en un nuevo documental: "Rupert no criaba niños, criaba posibles sucesores"
Una de las familias más poderosas del mundo y un imperio mediático en juego. Los Murdoch vuelven a estar en el centro del foco mediático, a su pesar. Netflix acaba de lanzar una nueva docuserie, Dinastía: los Murdoch, que desentraña sus secretos -con documentos, correos y mensajes que nunca antes habían visto la luz-, aunque no es la primera vez que sirven de inspiración a la pequeña pantalla. También está la exitosa serie de ficción Succession, cuya sintonía, casualmente -o no tanto-, suena en el nuevo trabajo de la directora Liz Garbus -que también dirigió Harry y Meghan-.
A la cabeza de esta dinastía, está el australiano Rupert Murdoch, de 95 años, con una fortuna estimada en más de 19.000 millones de euros (22.4 billones de dólares), según Forbes.
Apenas pasaba la veintena cuando heredó The Adelaide News, un periódico con base en la ciudad australiana, tras el fallecimiento de su padre, Sir Keith Murdoch, un respetado periodista que había sido corresponsal de guerra, pero su hijo Rupert no sólo tomó el mando de un diario, sino que lo llevó a otro nivel, creando todo un conglomerado global de medios.
Un ávido empresario con un agudo olfato para los negocios, y un padre de una numerosa familia que también ha dado que hablar. Con su primera mujer, Patricia Booker, tuvo a su hija Prudence, 'Prue' (1958); con su segunda mujer, Anna, tres -Elizabeth, 'Liz' (1967), Lachlan (1971) y James (1972)-; y con su tercera esposa, Wendi Deng, dos -Grace (2001) y Chloe (2003)-.
A los cuatro mayores, según se cuenta en el documental, en el que han declinado participar, los crio casi como 'gladiadores', enfrentándolos entre sí por su cariño… y por su imperio. "No estaba criando niños, estaba criando posibles sucesores", sentencia Jim Rutenberg, del diario New York Times, lo que explicaría la gran guerra que se desataría hace pocos años.
Un escándalo mayúsculo
Rupert pronto mostró interés por el mundo de la comunicación, aunque empezó a mostrar su visión empresarial cuando le tocó tomar el legado de su padre.
Decidido a ampliar el negocio, compró otros periódicos de Australia y Nueva Zelanda, hasta que, en 1968, dio otro nuevo salto, haciéndose con el británico News of The World, y al cabo de un año, con The Sun, relanzándolo como tabloide y convirtiéndolo en el periódico más vendido del Reino Unido -con una 'fórmula' muy criticada y calificada, no en pocas ocasiones, de sensacionalista-.
Comenzaba una nueva era, aunque todavía quedaba un paso más: su expansión al mundo televisivo, al lanzar el servicio Sky. Después, adquiría su gran rival, BSB, haciéndolo en un negocio todavía más rentable.
Pero Rupert no se quedaría ahí. Su vista también se dirigía al otro lado del océano. Le quedaba por 'conquistar' Estados Unidos, donde llegó en 1976 con el New York Post, y en 1985, News Corp compraba 20th Century Fox -un año más tarde, se hacía con Times y Sunday Times-. En 1996, llegaba Fox News, la 'joya de la corona'.
Comentarios sobre dudosas prácticas aparte, fue en 2011 cuando estalló el primer gran escándalo a nivel mundial, después de que se destapase que periodistas de su periódico News of the World habían pinchado teléfonos de un montón de famosos -como Hugh Grant, que aparece en la docuserie asegurando que supone un peligro real para "las democracias liberales"- y The Guardian pusiese sobre la mesa que habían hackeado el buzón de voz de Milly Dowler, una adolescente que había sido asesinada y secuestrada en 2002.
La presión mediática fue tal que Murdoch tuvo que cerrar el periódico -tras 168 años de historia se despedía con un "Gracias y adiós"- y pedir disculpas a todas las víctimas de las "injustificables" escuchas. Un escándalo mayúsculo que también salpicó incluso a la política británica. En 2023, Murdoch anunciaba que dejaba su cargo como presidente de Fox Corp. y News Corp.
La gran batalla
"Decía que su sueño era construir un negocio familiar. Lo que construyó fue un negocio que destruyó a su familia", asevera el periodista Gabriel Sherman. Él es uno de los expertos que reúne Liz Garbus, junto a McKay Coppins, de The Atlantic, que consiguió acceder a James Murdoch -uno de los hijos del magnate-; y Jim Rutenberg y Jonathan Mahler, de The New York Times, los que destaparon la guerra familiar que se estaba fraguando, cuando descubrieron la existencia de un juicio secreto en Nevada.
Hace nueve años, la industria que tan bien conoció Murdoch había cambiado. Las reglas de juego eran distintas. En el tablero habían entrado las grandes plataformas de streaming con las que era realmente muy difícil competir, y, de acuerdo a Matthew Belloni, a raíz de una nueva venta a una de ellas, comenzó a abrirse una brecha familiar insalvable.
Sea como fuere, lo cierto es que se desató una batalla legal que fue descubierta por The New York Times. Con 93 años, Rupert intentó cambiar una de las reglas del Fideicomiso Familiar Murdoch, con el que se controla su imperio mediático. Argumentaba que, para proteger el valor comercial de la empresa, el único que debía tener el control editorial y operativo era su hijo Lachlan -que sería más afín a su padre-, desplazando, así, a sus otros hijos James, Elisabeth y Prudence -que, según se apunta en este documental, tendrían unas visiones políticas muy diferentes-.
El juicio -que se conoció como 'La batalla de Reno'- logró mantenerse privado… o casi. Porque hubo filtraciones a periodistas.
A finales del año pasado, la familia anunciaba el acuerdo al que habían llegado. Lachlan resultaba el 'ganador', quedándose al control de un nuevo fideicomiso, y sus hermanos Prudence, Elisabeth y James daban un paso atrás -no se beneficiarían de cualquier fideicomiso con acciones en Fox o News Corp, vendiendo sus participaciones-. Pero, claro, había un precio por tal 'renuncia': serían beneficiarios de otro nuevo fideicomiso que recibiría el efectivo de la venta de dichas acciones -según los cálculos, recibiría más de 70 millones de euros cada uno-.
Fue "un éxito caro" para Murdoch, aseguraría Andrew Neil, exeditor del Sunday Times y presidente fundador de Sky TV, pero había logrado evitar que los tres hermanos tuvieran cualquier tipo de influencia sobre el conglomerado de la familia.
Lachland "controlará la organización y la dirige sin temor a la interferencia de sus hermanos", explicaba a la BBC.
Parecía que, al fin, había terminado la batalla, no sin un sabor muy amargo. Hay quien asegura que no todos estaban muy contentos con el desenlace. Sólo el tiempo nos dirá si claramente ha terminado... o tan sólo se trataba de una 'tregua'.







