Morirán aplastados

Morirán aplastados

A la 4T la acaba de dar un brote de mentalidad liberal. En los festejos de la brillante victoria contra Ecuador, con el nacionalismo a tope, con la gente en una peda monumental –enésima prueba de que la ley seca es eso que hacen los funcionarios para convencernos de que trabajan, o sea, de que es algo perfectamente inútil–, cuatro personas murieron a raíz de la violencia irresponsable, supuestamente festiva, que dominó una parte considerable de los festejos. La violencia, pues, de lanzar gente al aire, de aventarle cerveza al de al lado, de subirse a bailar a los coches, etcétera.

¿Qué han decidido hacer nuestros gobernantes ante la eventualidad de un triunfo –la Virgencita lo haga posible– contra Inglaterra? Nada o, tal vez, nada que tenga visos de sentido común. La presidenta, con un extraño fatalismo, se limitó a decir que es que controlar a un millón y pico de chilangos es imposible. Por su parte, la jefa de Gobierno ya avisó que va a poner más pantallas, a ver si la banda se distribuye mejor, y, sobre todo, dio la referida solución ultraliberal, pero en versión “Soy bien sensible”: “Cuídense”. No, “cuídense” no: “cuidémonos”, porque la nueva izquierda es incluyente. O sea, que la cosa quede en la conciencia de cada quién. Festejen bonito para que lleguen vivos a casa, bendis. No sean.

No es que uno sea experto en asuntos de manejo de masas, pero hay un par de observaciones más o menos obvias. La primera es que siempre queda la duda, razonable, de si avisar que habrá más pantallas no será una invitación, más que a distribuirse mejor, a que se descuelgue más gente. La segunda es que, cuando se trata de la masa, un animal que se alimenta de sí mismo y se potencia hasta los extremos, para bien y sobre todo para mal, no hay conciencia individual que valga. No se trata de un rasgo exclusivamente mexicano, sobra decirlo.

Para eso, entre otras cuantas cosas –tapar baches, proveer a la población de agua potable, mantener el metro sin explosiones–, es que los individuos, que en el mundo civilizado se llaman “ciudadanos”, pagamos un gobierno, lo mismo si somos franceses, que gringos, que ingleses o que hijos del águila y la serpiente: para que controle del mejor modo posible a las multitudes, con lo que haga falta: calles cerradas, control del tráfico, policías que canalicen a los peatones e impidan la violencia, restricción de horarios, etcétera.

Para ser justos, casi todo eso se hizo en el festejo del otro día, y es cierto que controlar sin fallas a semejante cantidad de personas es imposible. Lo que preocupa es la displicencia de las respuestas oficiales al desafío del domingo, entre el “Pórtense bien, papis”, y el “No, pos seguro que sí se petatean otros cuantos”. Eso sí que es distintivamente mexicano, sobre todo cuando hablamos del México posterior a 2018.

POR JULIO PATÁN

COLABORADOR

@JULIOPATAN09

MAAZ