Ultraderecha: el cónclave de los billonarios

Ultraderecha: el cónclave de los billonarios

La geometría política nació en la Asamblea Revolucionaria francesa, cuando monárquicos y conservadores se sentaron a la derecha y los partidarios del cambio a la izquierda. Desde entonces, la disputa entre quienes defienden lo social y quienes preservan el autoritarismo ha marcado la historia. Pero la verdadera fractura se profundiza cuando el debate toca el modelo económico: Marx y Lenin frente a Adam Smith, igualdad frente a acumulación.

En México, esa línea divisoria se ha repetido una y otra vez. En la Independencia, la derecha monárquica se enfrentó a los insurgentes de Hidalgo y Morelos. Después, liberales y conservadores chocaron por el laicismo y el poder eclesiástico: Juárez contra Miramón. En la Revolución, los porfiristas —militares y hacendados— se opusieron a la lucha campesina y social de Villa y Zapata.

Tras la caída de la Unión Soviética, el debate se desplazó hacia socialdemócratas y liberales. La socialdemocracia, influida por las ideas de John Maynard Keynes, defendía la intervención estatal para corregir desigualdades y estabilizar el ciclo económico. En contraste, el liberalismo retomó la visión de Friedrich von Hayek, quien advertía que cualquier expansión del Estado abría la puerta al autoritarismo y que solo el mercado podía garantizar libertad. Luego emergió el neoliberalismo, que prometía democracia y derechos humanos mientras abría paso a la globalización financiera.

Pero hoy estamos en otra etapa: la concentración obscena de riqueza en manos de unos cuantos ya rebasó al Estado liberal. El poder real se ha movido a un cónclave de supermillonarios que dicta políticas, presiona gobiernos y condiciona democracias.

El caso más estridente es Donald Trump, quien declara sin pudor sus ganancias empresariales, especialmente en criptomonedas. Esta semana se difundió que su fortuna ronda entre 6 mil y 7 mil millones de dólares. Solo en 2025 declaró ingresos por más de 1,400 millones provenientes de empresas cripto de su emporio familiar. Y aun así, su riqueza es pequeña frente a las cifras que Forbes atribuye a los magnates globales: Elon Musk encabeza la lista con 839 mil millones de dólares; Larry Page suma 257 mil millones; Sergey Brin, 237 mil millones. Fortunas que ya no describen éxito económico, sino poder político.

Este fenómeno explica la derechización del mundo occidental y, con especial fuerza, de América Latina. La ultraderecha no surge de la nada: se alimenta de la desigualdad, del miedo y de la influencia de quienes pueden financiar campañas, medios y plataformas ideológicas a escala planetaria.

Aun así, México y Brasil tienen una defensa histórica: sus tradiciones constitucionales y su memoria social. Es probable que en nuestro país enfrentemos polarización y conflictos en los próximos procesos electorales, pero es difícil que terminen bajo un gobierno de ultraderecha. El nacionalismo popular sigue vivo y actúa como un contrapeso cultural. La euforia reciente por un triunfo deportivo lo demuestra: detrás de esa celebración hay un país que, pese a todo, conserva raíces profundas, identidad y conciencia histórica.

POR ALFREDO RÍOS CAMARENA

CATEDRÁTICO DE DERECHO EN LA UNAM

MAAZ