Mundial 2026, una linda mentira

Mundial 2026, una linda mentira

El jueves 11 que rodará el balón en el Estadio Azteca —me rehúso a llamarlo Ciudad de México— quien estará más contenta que nadie será la FIFA, este organismo oscuro que encontró la manera de lucrar con el futbol y con la pasión de los fanáticos que, una vez embrujados con los partidos, quizá no tendrán ojos para querer ver que están siendo estafados con una sonrisa.

Eso del “tercer Mundial en México” es la primera mentira bien contada, pues ser sede de apenas 13 de los 104 partidos que jugarán las 48 selecciones significa una rebanadita del pastel.

Si volteamos a ver la calidad de los encuentros claro que será un gozo para los aficionados —obvio para quienes les alcanzó para pagar los boletos— apoyar a la Selección Mexicana en los estadios, pero con excepción del Uruguay vs España en Guadalajara los demás partidos no entusiasman mucho, ni el Túnez vs Japón en Monterrey que será el partido mil en la historia de los Mundiales.

En México 86 y en México 70 la fiesta, los colores y la celebración fue espontánea en las calles y en los estadios, hoy el gobierno de la CDMX y el de la presidenta Claudia Sheinbaum nos han querido meter hasta por las orejas que esto es una fiesta del pueblo cuando es todo lo contrario.

La FIFA es un ente monstruoso que es dueño de la llamada Copa del Mundo, una fiestota que organiza cada cuatro años a costillas del país o países que estén más urgidos de lavarse la cara, de querer mandar ese mensaje internacional de que aquí todo bien, no hay muertos, ni desparecidos, ni violación de derechos humanos, ni hambre, ni pobreza, ni racismo, ni discriminación.

Eso hicieron recientemente Sudáfrica, Brasil, Rusia y Qatar: esconder sus “esqueletos en el clóset”. Y ni que decir de Argentina en el 78 en tiempos de la dictadura y de la Italia de Mussolini en 1934 con su propaganda fascista.

El amor y la pasión por el futbol es inherente al ser humano, que por más decepcionado que pueda estar de quienes dirigen este deporte y de los organismos que administran la fortuna que genera, no pueden resistirse a la celebración de un gol, al festejo colectivo del triunfo de tal o cual selección nacional; son instantes mágicos y bellos que no tienen comparación.

Eso lo sabe Gianni Infantino y lo supieron Joseph Blatter y Joao Havelange por eso hicieron un negocio hiper lucrativo con algo tan noble como el futbol. Por cada alegría, sonrisa, triunfo o ilusión suena la caja registradora en Zurich y se pueden permitir abusos como que Estados Unidos sea la sede principal del Mundial 2026 pese a sus conflictos internacionales.

El futbol no volverá a ser lo que fue. Nos queda la oportunidad de ser aficionados más inteligentes y exigentes que ejercen el derecho a no dejarse estafar pagando cifras exorbitantes por un producto que pierde calidad y aparenta ser muy bueno. 

POR BEATRIZ PEREYRA

COLABORADORA

Twitter: @beatrizapereyra

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