¿Para qué nuevos partidos?
Desde 2018, el sistema de los partidos políticos en México se convulsionó. Han sido 8 años cuestionándonos ¿dónde está la oposición? PAN, PRI y MC tienen presencia relevante solo en algunos casos a nivel local, por lo que la creación de nuevos partidos representaba una esperanza. Pero la luz verde del INE para PAZ y Somos México devela que no hay mucho sobre nuevas opciones electorales. Dice todo, en cambio, sobre el nuevo mapa que se acomoda alrededor de Morena rumbo a 2027.
El debate se empantanó en dos salidas fáciles. La primera: que el INE le hace el juego al oficialismo al meter más partidos para pulverizar el voto opositor. La segunda: que el Consejo General demostró pureza y autonomía por dejar fuera a los duros de la 4T, como “Que Siga la Democracia”. Por ahora ninguna se demuestra.
En Palacio Nacional saben que una hegemonía no se mantiene creciendo. A veces basta con administrar el pleito de los de enfrente. Con el control de casi todo el país, el dolor de cabeza de Morena está adentro. La fila de aspirantes para las 17 gubernaturas de 2027 va a provocar rupturas.
Por eso, los primeros clientes de los nuevos partidos no serán los ciudadanos. Serán los morenistas pateados que descubran que en el partido hegemónico también se pierde. Las organizaciones políticas no solo compiten por votos. Compiten por estructuras, cuadros y operadores. El desecho de uno será el alimento de otros.
Primero, PAZ. Sus dirigentes juran que no son satélites de Morena. Prometen proyecto propio y ofrecen una "relación cordial" con la transformación. El discurso se desmorona con los datos. El partido nace de las cenizas del PES y su líder moral, Hugo Eric Flores, cobra hoy como diputado federal de la bancada de Morena.
En el otro extremo está Somos México. Ellos sí juegan a la oposición total. El problema es que los nombres que lo conforman no traen ninguna novedad para el electorado. Ahí están Emilio Álvarez Icaza, Guadalupe Acosta Naranjo, Cecilia Soto, Gustavo Madero y Edmundo Jacobo. Los mismos rostros del bloque opositor de las últimas dos décadas. El sistema, pero cargan con una pregunta incómoda: si con las plataformas y los presupuestos, los partidos “grandes” no pudieron armar algo competitivo frente a la 4T, ¿por qué un membrete nuevo resolvería un problema que es de credibilidad y no de leyes?
Al final, la contradicción es de dinero. Mientras el discurso oficial repite que la democracia es cara, el sistema le abre la llave a dos nuevas estructuras. Arrancan con una bolsa de unos 174 millones de pesos en prerrogativas. En el papel, el dinero sólo se redistribuye. En la calle, el ciudadano ve lo mismo: más rémoras del presupuesto.
Estamos ante la consolidación de un diseño donde el partido dominante administra las fracturas del resto. Ya sea procreando aliados cordiales o aislando opositores conocidos. PAZ y Somos México no llegaron para cambiar el sistema. Confirman que ha cambiado para el beneficio de pocos.
POR CARLOS ZÚÑIGA PÉREZ
COLABORADOR
@CARLOSZUP
MAAZ