Pastora Vega reflexiona sobre el amor en ¡HOLA!: "Nos lo han vendido desde pequeñitas, y al pasar el tiempo, dices: ¿pero esto qué es?"
"Hay obras que, por algún motivo, antes de estrenarse ya tienen todo vendido, y otras que se van haciendo a fuego lento. Yo creo que la nuestra es un bombón de comedia, porque tiene muchos ingredientes poco habituales", nos cuenta Pastora Vega sobre Género de dudas, donde comparte protagonismo con Pablo Carbonell. Escrita por Jade-Rose Parker y dirigida por Gabriel Olivares, se trata de una comedia de humor ácido y reflexivo que ha cosechado un gran éxito a nivel mundial. El pasado puente de diciembre se estrenó en Madrid y regresa ahora al teatro Infanta Isabel el próximo 25 de marzo.
A sus (espléndidos) 65 años, con 45 años de carrera sobre los escenarios y ante las cámaras, la actriz atraviesa una etapa de reflexión y plenitud mientras disfruta por primera vez de "una soltería como de jovencita, pero ya con años". Hacemos con ella balance de su camino profesional y personal, poniendo en valor lo aprendido, los afectos que la rodean —sus hijos Ion y Dani, de su unión con Imanol Arias, y el regalo de formar parte de una gran familia muy unida— y las nuevas ilusiones que siguen acompañándola, entre ellas convertirse pronto en abuela.
Que una obra funcione es una suerte.
Cuando leí la obra pensé: "No puedo perderme hacer esto". Y al saber que había tenido tanto éxito en Francia hace dos años, que Victoria (Abril) había interpretado mi personaje, que estaba a punto de estrenarse en Argentina, que ya está en once países y que se va a estrenar en Broadway… dices: estamos ante una de esas joyas que pueden estar en cartel mucho tiempo. En nuestro caso, estrenarnos en pleno puente de la Constitución y en plenas Navidades nos ha hecho el camino más difícil, pero tengo mucha confianza en este reestreno.
¿Cuáles son esos ingredientes que hacen de 'Género de dudas' una obra tan especial?
Te ríes, pero también te quedas en tensión. Hay instantes de un silencio sepulcral, y el público, que acaba de estar a carcajadas, de pronto está muy serio, escuchando con atención. Por eso es una comedia bastante especial; incluso te diría que tiene momentos incómodos, porque se tratan temas no solo de rabiosa actualidad, sino que, desgraciadamente, lo van a estar durante mucho tiempo. Se habla de cómo amamos las mujeres, de cómo aman los hombres, del machismo subyacente en todo —sobre todo en una generación de hombres—. Se habla de identidad, de la hipocresía de la condición humana, concretamente de los políticos, que dicen una cosa y luego hacen otra… Todo esto en clave de humor.
"Más que de las decisiones que he tomado, porque soy analítica y no actúo por impulso, me arrepiento a veces de las formas o de cómo me he tomado las cosas. Porque he sufrido gratuitamente"
Porque es así: qué diferente amamos las mujeres a los hombres.
Aquí se ve un poco eso. La mujer no solo ama, sino que cuida y gestiona, y muchas veces acaba siendo no solo compañera o amante, sino también secretaria, enfermera o asistente; y, en los peores casos, casi una mamá. Y eso muchas veces no es correspondido. Evidentemente estamos generalizando y hay excepciones, afortunadamente, y además confío mucho en las nuevas generaciones. Pero de la nuestra para arriba… Y nosotras también tenemos parte de responsabilidad, porque durante mucho tiempo se ha educado a los hombres con ideas como que no deben llorar o que cocinar, poner la mesa o tender no es cosa suya. Eso es lo que les han metido en el disco duro. Por eso hace falta un reseteo en la sociedad con el amor y la igualdad, y cuestionarnos muchas cosas, porque al final todos somos responsables, unos más directamente y otros por haberlo consentido.
¿Crees que las mujeres hemos sido educadas para idealizar el amor?
Claro, pensabas: "Yo soy feliz viviendo así". No te lo cuestionabas. Esa cosa que tenemos las mujeres… no sé si es que nos lo han vendido desde pequeñitas, ¿no? Los cuentos de la Cenicienta, de Blancanieves, de la Bella Durmiente… Hacemos una proyección y nos enamoramos, más que del hombre, de la idea del amor. Y lo adornamos de un montón de cualidades y de atributos que luego, al pasar los meses y los años, dices: "¿Pero esto qué es? Este mamarracho… y esto era lo que yo creía". Suele darse, como en Género de dudas, cuando vienen las vacas flacas. Ahí ves, de verdad, si la gente que supuestamente te quiere —sea novio, marido, hermanos, amigos, vecinos— te quiere de verdad.
Como madre de dos hombres, ¿te has ocupado de educarlos para que no adquieran estos roles de los que hablamos?
Pues mira, algo he debido de hacer bien, porque veo cómo se comportan, cómo piensan y cómo gestionan sus relaciones. Los dos están en parejas muy estables y hasta me sorprenden. Fíjate que son chicos de distintas edades, porque Ion y Dani se llevan 15 años. Incluso en alguna ocasión me han dicho: "Nos sentimos avergonzados de nuestro género". ¡Qué barbaridad!, ¿no? O sea, hay que replantear muchas cosas. Veo que viene una generación de hombres concienciados de otra manera en todo lo que afecta, no solo al amor, sino a su actitud ante la vida: a ser mucho más inteligentes emocionalmente, a demostrar sensibilidad y hablar de sus dolores, emociones y sentimientos.
Dueña de mi tiempo
Pastora, si echas la vista atrás, ¿crees que te han querido bien?
Sí, he tenido relaciones de pareja estupendas, donde he sido plenamente feliz; me he sentido querida, deseada y me lo he pasado de maravilla. Mis historias han sido siempre potentes, de mucho amor y gran pasión. Y bueno, pues por distintas razones, al final no han funcionado.
Ahora, ¿en qué momento estás?
En un momento bastante único. Siempre me he visualizado en pareja y rodeada de gente, porque es lo que he vivido desde muy pequeña. Tengo una familia numerosa, tanto por parte paterna como materna; estoy acostumbrada a que en una casa haya muchas personas viviendo, compartiendo, visitando… Y, por primera vez, estoy experimentando lo que es estar sola, en el mejor sentido de la palabra. Suele haber un significado negativo en todo lo relacionado con la soledad o lo solitario, pero no es así. Creo que es fundamental saber vivir y estar con uno mismo.
¿Algo entonces que nunca habías experimentado?
No lo había vivido nunca, porque me casé muy joven. La única vez que me he casado ha sido con mi primera pareja, Alberto Oliet y tenía 20 o 21 años. Y después han venido otras relaciones, una pareja, otra pareja, otra… Soy la mayor de cuatro hermanas y de casa de mis padres salí en pareja. Siempre ha sido así: en pareja, en familia, con niños… No sé qué es irte a estudiar fuera, compartir piso con amigos o estar sola. Así que estoy viviendo una soltería como de jovencita, pero ya con años y disfrutando mucho en ese sentido. Me estoy dando cuenta de la libertad que supone esto, de poder ser por fin dueña de mi tiempo; porque me he pasado la vida siendo dueña de mí, sí, pero muy pendiente de los demás.
"He tenido relaciones de pareja estupendas, donde he sido plenamente feliz. Mis historias han sido siempre potentes, de mucho amor y gran pasión"
Casi está siendo como un redescubrimiento de ti misma.
Pues sí. Y además de descubrir cómo me gustaría vivir el amor desde otro lugar si vuelvo a enamorarme, que me encantaría. Porque cuando vas enlazando una historia con otra desde muy jovencita, también vas repitiendo el mismo patrón. Te das cuenta de que buscar la "media naranja", a esa otra persona que te haga feliz, es en realidad una mentira. Es el amor romántico y está muy bien esa parte de coqueteo y la seducción, pero la felicidad nace de uno mismo. Eso de necesitar a alguien para sentirte completo y feliz creo que es una milonga que nos han vendido. Las relaciones, en general, ya son bastante difíciles como para que encima vayas a una pareja con esas expectativas.
Y, además, a una edad, uno sabe ya perfectamente lo que no quiere.
Sabes lo que ya no quieres y tienes una intuición de lo que sí quieres; sobre todo de cuándo tienes que escuchar las alarmas. Creo que las mujeres en general, cuando nos enamoramos, todo lo vemos de color rosa. Pero cuando suena la alarma, hay que escuchar; ese es mi consejo.
Hay que tener marcha
¿Crees en las segundas y terceras oportunidades entonces, ya sea en el amor o en la vida en general?
Sí. Y además te digo: si no crees en eso a partir de cierta edad, la vida es muy dura. Y más en el momento que estamos viviendo, donde mires hacia donde mires todo es dramático. Luego te vas haciendo vieja —que si las arrugas, los pellejos…—; por eso hay que tener marcha. Soy de tener una actitud positiva, optimista, y vivir cada momento agradeciéndolo día a día. Yo ya he tenido 20 años y ya he estado tersa como un jarrón de porcelana. He pasado mis etapas. Lo maravilloso es ser protagonista de tu propia vida todo lo que dure (que ojalá sea mucho y en buenas condiciones) y vivir cada instante que me toque. ¿Que ahora es comedia? Comedia. ¿Que mañana es un drama? Drama. ¿Que pasado mañana es un thriller? Thriller.
Has hablado en muchas entrevistas del edadismo que sufren las mujeres en tu profesión.
Para todos es complicado. La sociedad no quiere a la gente mayor, sobre todo a las mujeres y más en este y otros oficios donde estás delante de público. Eso está cambiando, porque la esperanza de vida aumenta; con lo que tenemos a nuestro alcance, los 80 de antes van a ser los 120 de ahora. Y en buenas condiciones, pudiendo leer, escribir o merendar con los tuyos, dime dónde hay que firmar. También te digo: hay que ofrecer contenido al colectivo mayor de 60, porque parece que solo se produce para los de 35. Me gusta ver películas de jovencitos, pero también quiero historias que tengan que ver conmigo y con mi futuro. Espero que cada vez haya más series y obras de teatro donde veamos que a las mujeres de cierta edad nos pasan muchísimas cosas, y que no seamos solo "la madre del protagonista".
Es curioso Pastora, viniendo de una familia de artistas, casi que luchaste por no ser actriz, aunque al final pesó más el destino.
Teniendo muchos antecedentes con tanto arte, quería hacer lo contrario; creo que es una manera de reafirmarte. Yo quería estudiar, ir a la universidad, ganar dinero y ser independiente. Me llamaba mucho más eso. Y al final, la vida, la casualidad y el hecho de acompañar a alguien… hicieron que me fuera dejando llevar, y aquí estamos… y feliz. Además, este momento de mi vida me está permitiendo dedicarme a esta profesión en cuerpo y alma. Dije que no a muchas cosas cuando nacieron mis dos hijos, porque siempre he priorizado los afectos a lo personal; prefería estar con los míos que me necesitaban a estar trabajando.
"¿Levantarme a las cinco de la mañana para hacer deporte? ¡Ni de broma! Soy una 'disciplinada caótica'. Me tomo en serio mi salud y mi estado físico, pero sin caer en fundamentalismos"
Y tus hijos también son artistas… ¿Para ti es una preocupación o es un orgullo?
Para mí es un orgullo porque sé que este oficio te hace feliz; es una profesión maravillosa que se disfruta mucho cuando tienes la oportunidad de hacer algo bonito que le guste a la gente. También se pasa mal; te pegas unos guantazos que son verdaderas curas de humildad. Incluso teniendo una buena posición, de pronto puedes estar seis meses sin trabajar… Eso lo hemos vivido todos, hasta los más grandes. Es verdad que, al llegar a determinado nivel, te mantienes (aunque no siempre hagas lo soñado) y puedes vivir cómodamente, pero hay muchísimos compañeros con un talento enorme que lo pasan fatal.
¿Qué les dices a tus hijos a este respecto? ¿Les has aconsejado que tengan otro plan?
Les digo que tengan más opciones para ganarse la vida. Si no puedes estar rodando como actor, trabaja como músico, y si no, pintas, escribe un guion. Aunque en el fondo todo esté relacionado, mi consejo es que no se queden en una sola cosa. Dani, por ejemplo, va a estrenar ahora un corto; yo hago cine, teatro, televisión, estoy con la radio, hago audiolibros. Les pido que se abran muchas puertas porque es lo único que me preocupa. El sufrimiento, como en todo, es inevitable: ni mi madre pudo evitar que yo sufriera, ni yo puedo evitar que ellos lo hagan.
Llevas más de 40 años en la profesión, que se dice pronto.
Empecé con 20 en la televisión y tengo 65 para 66. Hasta ahora.
Cuando pasó el tren, me subí
¿De qué te sientes más orgullosa? ¿Qué es lo que más te ha gustado hacer? Porque presentaste mucho.
Presentar me fascinaba. En un plató estoy como pez en el agua, es algo que sé hacer y lo disfruto mucho. Aunque hace tiempo que no ejerzo de presentadora porque me centré en la actuación, estoy encantada con mi colaboración en Memorias de delfín (Radio Nacional) y grabando audiolibros, ya que es otra forma de seguir investigando. Me apasiona el cine, las series y el teatro, que es fantástico. La verdad es que me encantaría no tener que elegir y poder seguir compatibilizando todas estas facetas.
"Estoy muy contenta", asegura Pastora, a quien su hijo Ion hará abuela por primera vez. "Ya me pilla mayor. Me tengo que cuidar para seguir el ritmo de un niño chico en los próximos años"
¿Qué le dirías a Pastora de los 20 que empezaba?
Yo creo que nada. Estoy bastante orgullosa de ella, fue muy valiente. Estudiaba Derecho cuando le surgió esta oportunidad y no se lo pensó dos veces. Cuando pasó el tren, me subí. Por entonces era mucho más lanzada, con la edad te vas volviendo más prudente.
Quién diría que vas camino de los 66 .¿Cómo te cuidas? ¿Eres de las que se levanta a las cinco de la mañana a hacer deporte?
¿A las cinco de la mañana? ¡Ni de broma! Soy una "disciplinada caótica". Es decir, me tomo en serio mi salud y mi estado físico, porque soy una persona muy responsable en general, pero sin caer en fundamentalismos. Tomo mis suplementos, hago gimnasia en casa o en el gimnasio, practico el ayuno intermitente, me cuido la piel con vitaminas, con Indiba… todo para estar lo mejor posible a mi edad. Me dejo asesorar y llevo años en manos del doctor Moisés Amselem. Tengo además la suerte de tener buena piel. Me cuido, pero no me esclavizo. No soy de las que tiene tres días fijos de pilates y dos de baile por la tarde, porque, con mi trabajo, es difícil planificar. Voy improvisando, disciplinas caóticas, pero disciplina, al fin y al cabo —ríe—.
Pues vas a ser una abuela en plena forma.
Espero que sí, porque ya me pilla mayor; como no esté en plena forma, ya me contarás. Mi madre fue abuela con 49 años, y ahora, cuando lo pienso, digo: "Pero si era una chiquilla". En comparación, la gente está teniendo hijos muy tarde, primero porque quieren disfrutar y luego porque no se lo pueden permitir. Son padres a los treinta y tantos, así que es lógico que las abuelas seamos mayores. También es verdad que los 60 de ahora son diferentes, pero me tengo que cuidar por mí y por todos para seguir el ritmo de un niño chico los próximos años de mi vida.
¿Estás contenta de convertirte en abuela?
Estoy muy contenta, sí.
"Tengo dos hijos únicos, porque se llevan 15 años. Me he podido dedicar a criar a cada uno en cuerpo y alma. Con el primero tenía 26 años y con el segundo 41: dos momentos y dos maternidades muy diferentes"
Tú tuviste la suerte de poder disfrutar muchos años de tu bisabuela, Pastora Imperio.
Murió con 92, yo tenía 19 y la disfruté muchísimo. Como estaba muy unida a mi abuela, su hija, e iba mucho a su casa, por eso tuve con ella más una relación de abuela que de bisabuela.
Además de su nombre, ¿compartes con ella algún rasgo de carácter, de forma de ser?
Era muy graciosa, algo que comparto con casi todas las mujeres de mi familia, porque tenemos muchísimo sentido del humor. Hasta en las situaciones más dramáticas o peliagudas se nos ocurre hacer el comentario típico que te mueres de la risa. Ella era muy divertida, irónica, muy valiente, lanzada y con mucha personalidad. En el escenario brillaba, era única. Se subía a las tablas y era feliz, y a mí me está pasando exactamente lo mismo.
Volvería a criar a mis hijos
¿Te arrepientes de alguna decisión que hayas tomado en tu vida?
Más que de las decisiones en sí, porque soy analítica y nunca las tomo por impulso, me arrepiento a veces de las formas o de cómo me he tomado las cosas. Porque he sufrido gratuitamente y me podía haber ahorrado muchos malos ratos, muchos nervios y hacérselo pasar mal a la gente que me quiere por tomarme las cosas tan a la tremenda. Con la edad, te vas dando cuenta de que no merece la pena.
Y sin ningún género de dudas, ¿qué momento repetirías?
Muchos muy bonitos. Eso quiere decir que tengo recuerdos maravillosos de la vida. Volvería a criar a mis hijos; verlos crecer se pasa volando, es que no me puedo creer que sean tan mayores. Volvería a vivir todas esas primeras veces, cuando empiezan a caminar, a hablar, la ilusión de los Reyes…, vistas desde la mirada de tu hijo.
Y eso que fuiste madre en dos épocas totalmente diferentes de tu vida.
Siempre lo digo, tengo dos hijos únicos porque se llevan 15 años. Y no me arrepiento. De hecho, en medio me quedé embarazada y sufrí un aborto; la naturaleza decidió. Me he podido dedicar a criar a cada uno en cuerpo y alma. Con el primero tenía 26 años y con el segundo 41: dos momentos muy distintos y dos maternidades muy diferentes también. Cuando nació Daniel estaba mucho más tranquila, ya era mayor y tenía más experiencia. Con Ion sufría más, pero también tenía ese ímpetu de la juventud donde todo te parece bien y no le das tanta importancia a las cosas. Cada edad tiene su parte positiva y yo he vivido muy feliz ambas maternidades.
¿Qué es hoy para ti el verdadero éxito?
Estar en paz con uno mismo, tener la conciencia tranquila y acostarte por las noches de buen humor, a gusto donde estás y sin ningún tipo de asignatura o de cuenta pendiente con nada ni con nadie. No creo que el éxito pase por el dinero o por poseer. Y lo más importante es, por supuesto, que mi gente esté bien.







