Pedro Dallari, ex diputado y académico: "Lula sigue siendo el personaje más popular de la política brasileña"
Es pronto para presagiar lo que va a suceder en las elecciones generales de Brasil el próximo octubre. Y más aún para pronosticar la influencia que pueda tener Donald Trump en ellas. Pedro Dallari, director del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad de Sao Paulo, que visitó Madrid en abril para participar en una serie de actividades en el marco del Programa Brasil-España de Aproximación al Sistema de Cumbres Iberoamericanas, se mueve en el largo plazo como académico que es y sabe profundizar en lo político como diputado que fue.
Como voz experta, participó en una mesa redonda en Casa de América y analiza para EL MUNDO la compleja conyuntura del gigante latinoamericano.
Pregunta. ¿En qué momento se encuentra Brasil?
Respuesta. Yo acostumbro a decir que Brasil nunca va tan bien como dicen los que creen que está muy bien y nunca va tan mal como los que creen que va muy mal. Es un país que tiene muchas contradicciones porque hay una situación económica que no es mala: con control de la inflación, un desempleo bajo y con crecimiento económico razonable para los patrones de Brasil. Sin embargo, la popularidad del presidente no es buena. Las últimas encuestas indican que si la elección fuera hoy, la oposición ganaría.
Entonces, es una contradicción muy brasileña porque en general se dice que la situación de la economía es lo más importante para definir el resultado electoral y, por ahora, no se ve esto.
P. ¿Cuáles son los principales problemas del país?
R. La desigualdad social es aún muy grave. Pero yo pienso, con base en mi experiencia política y de profesor universitario, que hay dos problemas en los análisis actuales. Se dijo que Lula va a perder y también que vamos a tener un gobierno de extrema derecha como fue el Gobierno de [Jair] Bolsonaro. Yo tengo dudas de las dos cosas.
Primero, no me parece seguro que Lula vaya a perder. Sigue siendo el personaje más carismático y popular de la política brasileña de este siglo. Segundo, vamos a suponer que el hijo de Bolsonaro, Flávio Bolsonaro, que es senador, gane. Hay una situación distinta del Gobierno de su padre, que es el rol de las Fuerzas Armadas. En el primer Gobierno Bolsonaro le apoyaron antes de las elecciones, tuvieron un papel en su mandato, ocupando muchas funciones gubernamentales, y, al final, una parte de los militares respaldó un golpe de Estado en contra del resultado de los comicios. Hoy Bolsonaro y muchos uniformados están en la cárcel. Esto generó una reacción de los militares de alejarse de la política. No me parece que vayamos a tener un gobierno de extrema derecha porque no hay apoyo efectivo de ellos.
P. ¿Por qué cree entonces que se dice que Lula ha perdido popularidad?
R. La situación internacional es muy difícil. Entonces, de una manera general, los gobiernos están con problemas en las encuestas. Sean de derecha o sean de izquierda, hay mucha inestabilidad. En este momento lo que se juzga no es al 'candidato Lula', es al Gobierno. Cuando empiece la campaña, las encuestas no van a reflejar solamente la posición en relación a 'Lula gobernante' y en 'Lula candidato' hay mucha fuerza.
Por eso, me parece que no necesariamente hay una conexión entre el resultado de las encuestas actuales que tienden más a evaluar la sensación en relación al Gobierno y la campaña electoral que va a empezar más adelante.
P. ¿Le ha afectado el 'caso Lulinha'?
R. Yo pienso que poco. Al final lo que es determinante en las elecciones es la perspectiva que tenga la población de qué candidato va a generar mejor futuro para la población.
P. ¿Puede aguantar Lula otra Presidencia más?
R. Parece estar muy bien desde el punto de vista de la salud. Yo creo que el tema generacional va a ser utilizado por la derecha en la campaña. En algún momento, puede utilizar en contra de Lula la edad, porque tiene más de 80. Del otro lado, Lula puede decir por parte de la izquierda que tiene mucha experiencia al revés que Flávio Bosonaro.
P. ¿Por qué Flavio Bolsonaro atrae a cierta parte del electorado?
R. Por cuenta de su padre, que sigue siendo popular y es natural en este momento una transferencia de la popularidad hacia su hijo. Pero cuando empiece la campaña, el hijo no podrá basarse solamente en eso, tendrá que ofrecer seguridad a la población de que puede ser un buen presidente de la república.
P. Y otros miembros de la derecha como Ronaldo Caiado, candidato por el Partido Social Democrático, ¿tienen opciones?
R. Esto es nuevo. El hecho de que haya más candidatos de la derecha. La izquierda está unida en la candidatura de Lula y la derecha tiene actualmente, por lo menos, tres aspirantes que son importantes desde el punto de vista de la competitividad. Son Flávio Bolsonaro, que es el heredero de los votos de su padre; Ronaldo Caiado, que es gobernador del estado de Goiás, tiene una buena evaluación; y el gobernador del estado de Minas Gerais, Romeu Zema. Puede haber una división de los votos.
La duda que existe entre muchos analistas hoy es si al final estos otros dos candidatos que tiene actualmente menor apoyo van a crecer o no. Y si van a crecer, ¿qué efecto tendrán en la votación de Flávio Bolsonaro?
P. ¿Esto es un síntoma de lo que está ocurriendo en América Latina: viraje hacia la derecha, populismos...?
R. A mí no me gustan mucho estas conexiones automáticas, que tienden a identificar un movimiento general, pero es verdad que tenemos un ascenso de la derecha por distintas razones en América Latina. La victoria de Milei hace algunos años en Argentina, la de Kast en Chile este año... Son indicaciones, pero en Uruguay ganó la izquierda y en Colombia hay una disputa muy apretada. Es verdad que la derecha populista y la extrema derecha crecieron, pero no es automático que esto sea un fenómeno de toda la región y que, por lo tanto, en Brasil vaya a ocurrir lo mismo.
P. A nivel mundial, ¿qué lectura hace del acercamiento de Lula a Pedro Sánchez?
R. Los dos tienen una relación de mucha proximidad ideológica y política. Son figuras de izquierda, socialistas, con una presencia muy fuerte en el debate público y, por lo tanto, es natural que haga esta aproximación. Por otro lado, vivimos un momento muy interesante de las relaciones entre Europa y América Latina en base a la aprobación del acuerdo entre Unión Europea y Mercosur, para lo cual España tuvo un papel muy importante.
P. Y a nivel regional, ¿Lula sigue teniendo mucho peso o ya no es como antaño?
R. Lula tiene mucho prestigio y mucho liderazgo, lo que no significa que Brasil automáticamente tenga la fuerza que tuvo en el pasado. Hoy el cuadro en América Latina es más fragmentado, tiene posiciones más diversificadas. El caso de Venezuela generó mucha reflexión en la región, mucha duda y dolor.
P. ¿Le ha afectado a Lula la crisis venezolana?
R. Yo creo que un poco sí. Porque Lula tuvo con el Gobierno de Maduro, en cierto momento, mucha proximidad. Se empeñó personalmente para que Maduro no solamente condujera a elecciones libres, también para que las respetara. El famoso acuerdo de Barbados. El hecho de que el Gobierno de Maduro no lo respetara demostró una cierta fragilidad de Lula.
Esto es un indicativo de fragilidad que acabó generando, a mi juicio, esta presencia norteamericana que es muy mala para nuestra región. Porque, pese a Maduro ser un dictador y vivir Venezuela una situación terrible, que hubiera una acción armada de Estados Unidos en América del Sur fue una cosa inédita y dramática.
P. ¿Cree que la doctrina Donroe de Trump llegará a Brasil? ¿Cómo puede hacerlo?
R. Yo no estoy seguro de que al final Trump vaya a tener tanta influencia en América Latina. No está teniendo en Colombia, mismo en Argentina y en Chile, donde ganó la extrema derecha, me parece que esto fue generado mucho más por cuestiones locales. En América Central, como en países más pequeños y más frágiles, es posible que esta influencia sea más efectiva. En América del Sur, no. Trump en el mismo momento de las elecciones brasileñas estará muy preocupado por las suyas de medio de mandato.
P. ¿Qué retos afronta en la actualidad América Latina como región?
R. Desde el punto de vista estructural, es la desigualdad social. Desde el más inmediato, la seguridad pública. El crimen organizado empieza a tener una presencia más fuerte, afectando incluso a la gestión del Estado.