Revelan la historia de los objetos y la naturaleza
Durante los siglos XVII, XVIII, XIX y XX, el bodegón y la naturaleza muerta fueron considerados géneros menores frente a la pintura histórica, religiosa o de grandes personajes. Hoy, estas representaciones de frutas, flores, animales y objetos revelan las costumbres, creencias y formas de relacionarse con el mundo de las sociedades que las crearon.
Esa es la propuesta de “La vida de las cosas”, exposición que inauguró ayer en el Museo Nacional de San Carlos y permanece abierta hasta enero del próximo año.
Curada por María José Rojas Rendón y Luis Gómez Mata, reúne alrededor de 140 piezas provenientes del acervo del museo y de más de 15 colecciones públicas y privadas.
“Las cosas son algo muy intrínseco al ser humano. Hacemos cosas, compramos cosas, nos vestimos con cosas y, en ese sentido, las cosas son algo que nos acompaña”, explicó Gómez Mata durante la presentación.
El recorrido integra pinturas, esculturas, fotografías, grabados y cerca de 40 objetos de cultura material, entre ellos porcelanas francesas e inglesas, loza vidriada, vidrio y cristal.
“El objeto tiene una presencia importante, tiene un significado”, señalaron los curadores al destacar sus dimensiones políticas, económicas, culturales, sociales y ambientales.
La muestra se divide en cinco núcleos dedicados a la naturaleza muerta, las frutas, las flores, los animales y las manufacturas, donde los objetos dejan de ser elementos secundarios para convertirse en protagonistas.
El recorrido inicia con La cena de Emaús, de Francisco de Zurbarán, una de las obras maestras del museo, una pintura representa el momento en que Cristo resucitado comparte el pan con dos peregrinos que finalmente reconocen su identidad.
Para los curadores, la obra resume una de las ideas centrales de la exposición: incluso dentro de una escena religiosa, un objeto cotidiano puede adquirir una dimensión extraordinaria.

“La luz está centrada en el pan, está centrada en la mesa”, explicaron durante la visita.
Otro ejemplo relevante es una alacena atribuida a Antonio Pérez de Aguilar, uno de los pocos bodegones conservados de la Nueva España. La obra reúne objetos relacionados con las artes, la gastronomía y el comercio virreinal, mostrando la circulación de mercancías provenientes de Europa, Asia y América.
En el recorrido se encuentra un núcleo dedicado a las frutas muestra cómo estos elementos cotidianos poseen múltiples significados dentro del arte.
“Las frutas nunca son inocentes. Sus representaciones pueden aludir a la abundancia, la fertilidad, el deseo, la identidad cultural y el paso del tiempo”, explicaron los curadores.
La sección reúne obras de José Agustín Arrieta, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco y Olga Acosta, además de reconocer la presencia de artistas mujeres como Josefa San Román, para quienes durante mucho tiempo, el bodegón fue uno de los pocos géneros disponibles para las mujeres dentro de la formación artística.
Por otra parte, la sala dedicada a las flores explora la dimensión simbólica de esta naturaleza, ya que durante el siglo XIX existió un lenguaje floral en el que cada especie podía expresar amor, duelo, amistad o esperanza.
Aquí dialogan obras de Juan de Valdés, Germán Gedovius y la fotografía contemporánea de Omar Gámez, cuya serie convierte los arreglos florales en retratos simbólicos al relacionarlos con la personalidad de quienes los crearon.
Por último hay núcleo dedicado a las manufacturas y reúne objetos de vidrio, cristal, cerámica, metales y otros materiales, piezas que permiten reflexionar sobre la relación entre arte, comercio, industria y prestigio social.
“Desde los maestros flamencos y españoles hasta figuras como Vincent van Gogh, Paul Cézanne y Frida Kahlo, la naturaleza muerta permitió explorar el color, la composición, la luz y la materia”, reflexionó Gómez Mata.
“‘La vida de las cosas’ invita a mirar de nuevo aquello que parece cotidiano y descubrir que detrás de cada objeto existe una historia. La exposición devuelve al bodegón su fuerza y la capacidad de hablar del mundo a través de las cosas”, concluyó.
Por Azaneth Cruz
EEZ