“Soy un fotógrafo capturando la vida cotidiana”, Rogelio Cuéllar
Recorrer la obra de Rogelio Cuéllar es adentrarse en más de cinco décadas de la Ciudad de México y del país a través de su lente. Desde sus primeras imágenes en 1967 hasta los registros más recientes, el fotógrafo entrelaza su mirada personal con su oficio, construyendo un archivo visual que transita entre lo íntimo y lo documental.
Esa trayectoria se materializa en la exposición “Cartografía de la memoria”, que se inaugura el 28 de marzo en la galería del Seminario de Cultura Mexicana (SCM) y que reúne cien fotografías de su archivo personal. La muestra estará abierta al público con entrada libre hasta mediados de mayo.
“No hay división entre mi fotografía personal y mi oficio de fotoperiodismo o ensayo fotográfico. Para mí, son como respiros: voy a un lugar específico y de pronto veo un paisaje, elementos humanos o urbanos, y tomo la foto”, reitera Cuéllar.
La curaduría, a cargo de María Luisa Passarge (compañera de vida del fotógrafo), propone un recorrido donde las imágenes dialogan con el tiempo, las ciudades y los personajes que han atravesado su mirada.
“Me sigo asombrando de todo, cada clic surge de la sorpresa y el encuentro fortuito”, comparte el autor, quien resalta al Centro Histórico de la Ciudad de México como un eje persistente en su obra y una geografía emocional que lo acompaña desde la infancia.
“Desde que era niño recorría el centro histórico. Tomaba el tranvía que iba de Mixcoac a la Basílica de Guadalupe. Para mí, el centro histórico fue mi patio de juego, lleno de sorpresas, de vitrinas y palerías”, recuerda, y asegura que esa mirada temprana sigue viva en sus imágenes.
Asimismo, refiere que caminar es para él una forma de conocimiento.
“Soy una persona que me gusta caminar. Llegó a un lugar y cuadriculo la zona, cámara al hombro, buscando esos instantes que me sorprenden. Esa práctica cotidiana me ha permitido capturar no solo la vida de la capital, sino también retratos de escritores y artistas, escenas urbanas y momentos sociales de relevancia histórica, siempre con un enfoque humanista”, revela.

En ese proceso, la fotografía analógica conserva un lugar central: “Es un trabajo de alquimista. Se trabaja con sales de plata, químicos, luz, tiempo y ampliadora. Es un trabajo artesanal que perdura, como una litografía o un grabado, piezas de colección”.
“El revelado y la edición manual de los negativos me otorgan un control total sobre el resultado final, algo esencial para que la imagen transmita la emoción que siento al capturarla”, explica.
Y aunque su obra ha viajado a diferentes partes del mundo como China, Rusia, Cuba y Rumanía, confiesa que su mirada permanece fiel a un mismo impulso: observar, sorprenderse y registrar.
“Soy un fotógrafo ambulante, callejero, capturando la vida cotidiana dondequiera que voy”, comenta.
A sus 76 años, comparte Cuéllar, mantiene intacta la curiosidad y cierta rebeldía que han marcado su trayectoria, a la vez que continúa trabajando en su archivo histórico, documentando nuevas generaciones de creadores y llenando los vacíos de su propio registro.
“Tengo muchos personajes que necesito fotografiar. Busco seguir proyectos y conservar un archivo visual histórico que abarca desde la mitad del siglo XX hasta hoy”, dice.
Ese archivo, que supera el millón de negativos, reúne retratos de escritores, artistas plásticos, escenas urbanas, movimientos sociales y paisajes de la vida cotidiana en México y el extranjero.
“Quiero que mi archivo se quede en México y que se pueda estudiar, investigar y disfrutar. Es la memoria visual de gran parte de nuestro país en los últimos 50 años”, afirma.
Sin embargo, el fotógrafo es claro, no busca donarlo, sino venderlo: “Es el trabajo y la inversión de toda una vida. Me gustaría disfrutar eso con una vejez tranquila y que mis hijos también puedan disfrutar del trabajo de toda mi vida”.
Rogelio Cuéllar ha fotografiado a personalidades culturales como José Emilio Pacheco, Rosario Castellanos, Pita Amor, Mario Benedetti, Rosario Castellanos, Elena Poniatowska, Octavio Paz y Emilio Carballido.
ELEMENTOS
- Su archivo fotográfico abarca de la mitad del siglo XX a la actualidad.
- Su archivo está compuesto en su mayoría por negativos analógicos, muchos de ellos revelados e impresos por él mismo en blanco y negro.
- De las fotografías de escritores ha digitalizado 10 mil negativos de un total de 80 mil que tiene registrados.
- Su trabajo fotográfico de artistas plásticos es cinco veces mayor, debido a que visita con mayor frecuencia los talleres y exposiciones.
Por Azaneth Cruz
EEZ