El "halcón domesticado" Marco Rubio: sancionado azote de China al que cambiaron el apellido para que pudiera acompañar a Trump a Pekín
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Durante más de una década, en Estados Unidos había un nombre que en Pekín sonaba casi como una provocación: Marco Rubio. El ex senador republicano, hijo de exiliados cubanos, convirtió la cruzada contra el comunismo chino en una de las grandes banderas de su carrera política. Denunciaba a Xi Jinping como el arquitecto de una nueva tiranía global. Era el halcón que agitaba las sanciones contra Pekín, impulsaba leyes contra el trabajo forzoso de la minoría musulmana uigur y acusaba al Partido Comunista Chino de exportar vigilancia, censura y represión al resto del mundo.
El miércoles, un Rubio más moderado se disponía a aterrizar en Pekín junto al presidente Donald Trump. Lo hace como secretario de Estado, sentado en el corazón del poder de Estados Unidos. Su llegada no pasa desapercibida porque arrastra una ironía geopolítica: entra en un país donde oficialmente tenía prohibido viajar por sanciones que el Gobierno de Xi le impuso hace años.
"Ahora, por su posición dentro de la Administración Trump, es un halcón más domesticado", bromea un funcionario del Ministerio de Exteriores de China, donde también han sido muy críticos públicamente con Rubio. En la capital china no olvidan que desde el Senado construyó una carrera basada en denunciar la amenaza china casi en términos existenciales.
Para Rubio, China no era solo un competidor comercial ni una potencia rival. Era "el adversario más peligroso que Estados Unidos ha enfrentado jamás". Una frase que repitió en audiencias, discursos y entrevistas mientras alertaba de que el PCCh pretendía sustituir el liderazgo global de Washington.
Rubio fue pieza clave en las sanciones por la represión contra los uigures en la región de Xinjiang y uno de los grandes defensores de la Ley de Prevención del Trabajo Forzoso Uigur, que golpeó directamente cadenas de suministro chinas. También lideró iniciativas para castigar a funcionarios implicados en la demolición de las libertades en Hong Kong tras las protestas por democracia de 2019.
Durante la pandemia, Rubio fue una de las voces más agresivas contra Pekín dentro del Partido Republicano. Acusó repetidamente al Gobierno chino de ocultar información sobre el origen del Covid-19 durante las primeras semanas del brote en Wuhan y denunció que el PCCh había intentado "engañar al mundo" mientras el virus se expandía fuera de China. Desde el Senado pidió investigaciones independientes sobre la gestión china de la crisis sanitaria y cargó contra la Organización Mundial de la Salud (OMS) por actuar, según él, como una correa de transmisión de la propaganda de Pekín.
Todas aquellas declaraciones lo transformaron en un enemigo prioritario para el aparato propagandístico chino. Pekín respondió en 2020 con dos tandas de sanciones personales contra Rubio. El régimen nunca detalló completamente las medidas, pero este tipo de castigos suele incluir prohibiciones de entrada, bloqueo de activos financieros y restricciones para familiares directos.
El Global Times, tabloide nacionalista controlado por el PCCh, llegó a describirlo como "un extremista antichino intoxicado por la mentalidad de Guerra Fría". Otros editoriales lo acusaban de "interferir brutalmente en los asuntos internos de China" y de utilizar los derechos humanos como arma ideológica.
El problema llegó cuando Trump decidió recuperarlo para el núcleo duro de su Administración y lo nombró secretario de Estado. Ahí apareció una contradicción incómoda para Pekín: ¿cómo mantener sancionado al máximo jefe de la diplomacia estadounidense mientras se intentaba reconstruir la relación con Washington?
Cambio de apellido
La solución fue tan surrealista como reveladora. Pekín empezó a utilizar una transliteración distinta del apellido Rubio en caracteres chinos. Un cambio aparentemente menor pero cargado de significado político, que buscaba separar técnicamente al nuevo secretario de Estado del senador sancionado años antes.
Esta maniobra que reflejaba la tradicional ambigüedad pragmática de la diplomacia china: firmeza de puertas hacia dentro, hacia la narrativa oficial, y flexibilidad absoluta cuando conviene a los intereses estratégicos. En los medios oficiales chinos no abordan cómo el Gobierno de Xi se ha tragado años de retórica incendiaria por parte de Rubio para permitir que el republicano viaje junto a Trump.
Pero la realidad es que Rubio también ha dado un giro modulando el tono una vez instalado en el Departamento de Estado. Sigue defendiendo que China es el principal rival estratégico de EEUU, pero ahora no enfoca el discurso alrededor de derechos humanos. Prefiere hablar más sobre estabilidad, comercio y equilibrio de poder. Lejos de confrontar directamente, se alinea disciplinadamente con la Casa Blanca y con un jefe, Trump, que antes de despegar de Washington calificó a Xi como un "tipo maravilloso".
Rubio es señalado por encuestas y medios conservadores como uno de los posibles candidatos republicanos para 2028 junto al vicepresidente JD Vance. Durante el viaje a China, apareció una imagen que disparó las redes: el secretario de Estado, recostado en una de las puertas del Air Force One, vestido con el mismo chándal gris Nike que Nicolás Maduro llevaba cuando fue capturado y trasladado a EEUU a comienzos de año. La fotografía, difundida por la propia Casa Blanca, tenía algo de provocación calculada.
