Toque de queda con cientos de detenciones y 9.000 desaparecidos en Irán: "Ahora viene lo peor"

Toque de queda con cientos de detenciones y 9.000 desaparecidos en Irán: "Ahora viene lo peor"

Actualizado

Hace diez años Yasna compró un pequeño estudio en Estambul, siguiendo la moda de centenares de sus compatriotas, fascinados por las libertades y posibilidades que ofrecía la ciudad. El estudio, de apenas 30 metros cuadrados, se ha convertido en un refugio para siete mujeres que acaban de salir de Irán y no saben cuándo van a volver, en medio del período de incertidumbre que inicia el país tras la represión de la mayor agitación social que el régimen ha enfrentado en años.

Recién salida de Irán, Yasna aún tiembla cuando piensa lo que ha ocurrido en esta primera quincena de enero. "He visto algunos vídeos de las protestas, pero lo que vivimos en Karaj fue aún peor. Vi cuerpos en las calles tirados durante horas. Abrí el portal de casa a unos vecinos para que se refugiaran. Casi los disparan. Fue horrible", relata a EL MUNDO. Esta profesora de Karaj, provincia colindante con Teherán, coincide con otros testimonios en que los días 8 y 9 de enero se vivieron las mayores movilizaciones, con protestas multitudinarias contra la República Islámica. "La gente gritaba en la calle y desde los balcones. Era impresionante. Perdimos el miedo", describe.

Sin embargo, en la última semana apenas se han registrado dos protestas, tras la grave represión de las fuerzas de seguridad, que utilizaron munición real contra los manifestantes para aplacar la agitación social. Según el observatorio de derechos humanos Hrana, 3.919 personas han fallecido en las protestas, mientras que otras 8.949 muertes y desapariciones están siendo investigadas. De los fallecidos, al menos 25 son menores de edad, detalla el observatorio, que cuenta con buenas fuentes sobre el terreno, pese al bloqueo de comunicaciones que impuso el régimen el pasado 8 de enero.

Los datos de la organización revelan otra realidad muy grave: desde el inicio de las protestas 24.669 personas han sido detenidas, un número que ha acelerado su crecimiento en los últimos días, a medida que impera un silencio forzado en las calles. "Creo que ahora viene lo peor y nadie nos está ayudando. Nos sentimos solos en medio de tanta presión. Nadie nos está ayudando", lamenta Yasna. "Mi cuñado ha sido detenido. Se lo llevaron cuando mi hermana estaba conmigo tomando un té. Entraron en su casa y se lo llevaron. No sabemos nada de él", lamenta. Esta profesora describe que en los últimos días impera un "toque de queda" no declarado en su ciudad y asegura que es así en todo el país por lo que le han contado otros conocidos.

La televisión estatal en cambio, muestra constantemente imágenes de la reapertura de escuelas y del trajín económico en las grandes ciudades. "Todo está cerrado en el barrio. Salí la semana pasada y solo vi una tienda abierta pero tampoco había nadie. En la escuela tampoco abrimos hasta nuevo aviso", describe. "Los basij están en la calle a todas horas y alguna noche aún se escuchan disparos. Es horrible", añade, aludiendo al cuerpo paramilitar que responde a las órdenes de la Guardia Revolucionaria. Yasna no sabe cuánto tiempo se quedará en Estambul, pero teme que las protestas deriven en un conflicto mayor. "Me fui con lo puesto para no levantar sospechas. Si vieras las caras de toda la gente en el avión. Cuando aterrizamos nos miramos entre todos y sin conocernos, sabíamos lo que estábamos pensando. El dolor que arrastramos", describe.

El jefe de la policía, Ahmadreza Radan, declaró el lunes que las autoridades seguirán persiguiendo a cualquiera que participara en las protestas "hasta la última persona" y tildó de nuevo a los manifestantes de "alborotadores" y "terroristas".

Un ex funcionario del régimen anónimo declaró que el jefe de seguridad, Ali Larijani, aboga por moderar las políticas del régimen tras la represión de las protestas. Sin embargo, las autoridades no han dado ni una señal de querer aliviar la represión: la organización de derechos kurda (KHRN) denunció que el régimen obliga a detenidos a realizar confesiones forzadas y han detectado casos de abusos sexuales en centros de detención.