Trump es el campeón de la paz… De los sepulcros

Trump es el campeón de la paz… De los sepulcros

El presidente Trump pretende ser el adalid de la paz mundial y, en su pretendida acción, lo han acompañado las actitudes lacayunas de Corina Machado, que le entregó la medalla del Premio Nobel, y de Infantino, el presidente de la FIFA, que creó un premio inesperado y falso para acreditarle al presidente americano esta calidad de pacifista.

Trump presume de haber establecido la paz en seis conflictos internacionales recientes. Su concepción sobre este tema se fundamenta en el principio de dominio norteamericano en el escenario internacional.

La guerra contra Irán, al igual que su acción punitiva contra Venezuela, tienen en el fondo el apoderamiento de los recursos energéticos. Una vez más, el petróleo y sus derivados son sus objetivos estructurales.

La agresión esperada en contra de una potencia militar y política como Irán está vinculada a la decisión de la diáspora judía, que ha tenido históricamente como principal enemigo al Estado de Israel, no solo por la antigua pugna histórica y religiosa, sino particularmente por el control del petróleo y el tránsito a través del estrecho de Ormuz.

No se trata de la contención de las armas nucleares, que supuestamente habían sido eliminadas en las agresiones militares de julio pasado. El fondo del asunto es una agresión comercial al abastecimiento energético de China. La paz que proclama el presidente Trump se fundamenta en una acción de dominio mundial de un imperio en decadencia, y sus consecuencias tienen que ver con la política interna de los Estados Unidos.

Si Estados Unidos no tiene una salida de esta guerra en el corto plazo, sus resultados políticos, al interior del imperio, acelerarán la derrota política del Partido Republicano en las ya próximas elecciones de la Cámara de Representantes.

La única solución de esta grave conflagración, que ha incendiado la región de Oriente, es la salida inmediata del imperio, proclamando una victoria con la muerte del ayatolá Alí Jameneí.

Irán no es Venezuela, y el cambio de régimen no es fácil, pues el pueblo iraní, heredero del Imperio persa, es orgulloso de su nacionalismo, y su estructura política está configurada por una fuerte formación que tiene que ver con dos elementos: el grupo religioso fanático de sus ayatolás y una formidable formación militar, consolidada por su Guardia Republicana, que ha venido deteriorándose a lo largo del tiempo y que tiene una oposición interna importante, aun cuando esta no tiene hasta ahora liderazgos que se opongan a su control del poder.

Es verdad que el régimen iraní se ha deteriorado por el largo tiempo de control teocrático; no obstante, su capacidad militar sigue prácticamente intacta.

Por otra parte, Irán ha patrocinado acciones terroristas apoyando a organizaciones como Hezbolá, Hamás y los Hutíes, y seguramente mantiene células durmientes que pueden desatar el terrorismo en Occidente de manera inesperada. Esta siniestra expectativa es un grave peligro hacia el futuro.

La geopolítica mundial y la disputa por el poder económico tienen que ver con un equilibrio distinto, donde la hegemonía norteamericana está en duda. El dragón chino, al parecer, se encuentra en espera, pero en el fondo el abastecimiento de gas y de petróleo será un fenómeno que, en el muy corto plazo, cambie la correlación de fuerzas.

México, queriéndolo o no, estará inmerso en este tema, y la inflación mundial nos afectará gravemente, por el aumento del precio de los energéticos. La paz que se nos ofrece, lamentablemente, es la paz de los sepulcros.

POR ALFREDO RÍOS CAMARENA

CATEDRÁTICO DE LA FACULTAD DE DERECHO DE LA UNAM

PRESIDENTE DEL FRENTE UNIVERSITARIO LATINOAMERICANO (1958-1962)

VICEPRESIDENTE DE LA SOCIEDAD MEXICANA DE GEOGRAFÍA Y ESTADÍSTICA

MAAZ