Una maqueta permite tocar con las manos La Casa Azul

Una maqueta permite tocar con las manos La Casa Azul

Los volúmenes, las texturas y la distribución de la emblemática Casa Azul, donde habitó la mayor parte de su vida Frida Kahlo, ha sido reproducida en una maqueta que puede ser manipulada a través del tacto por personas ciegas o con baja visión que visiten el inmueble ubicado en Coyoacán.

El nuevo recurso de accesibilidad ha sido implementado por el Museo Frida Kahlo en el  marco del 68 aniversario de su apertura. La reproducción a escala incluye cada una de las habitaciones, patios, jardines, pasillos y áreas construidas que conforman el museo.

Gracias a ella se puede construir una imagen general del conjunto y comprender cómo se relacionan los espacios del lugar que habitó Frida Kahlo. El proyecto fue desarrollado en colaboración con CAMMARQ, estudio de arquitectura especializado en patrimonio cultural que emplea herramientas como fotogrametría, escaneo láser, tecnología LiDAR y modelado 3D.

El trabajo incluyó trasladar las características del inmueble a una pieza física diseñada para recorrerse con las manos. Mediante formas, relieves y superficies diferenciadas, es posible distinguir las áreas construidas, los espacios abiertos y los vínculos entre las distintas secciones de la casa. 

Construida en 1904, con habitaciones dispuestas alrededor de un patio central, la Casa Azul fue el hogar de Frida Kahlo y de sus seres queridos. Aquí nació, vivió gran parte de su vida, convivió con familiares y amistades, recibió a artistas e intelectuales, desarrolló buena parte de su producción artística y murió. 

En 1946, Diego Rivera encargó a Juan O’Gorman la construcción del Estudio de Frida, realizado con piedra volcánica y basalto, de estilo funcionalista y decorado con esculturas precolombinas, mosaicos, caracoles y recipientes de barro. La nueva pieza permitirá reconocer estas transformaciones y comprender que se trata de un hogar vivo, modificado a lo largo del tiempo de acuerdo con las necesidades e intereses de quienes lo habitaron.

Frida y Diego compartieron el deseo de que su patrimonio fuera conocido y disfrutado por el pueblo de México. Tras la muerte de la artista, Rivera encomendó al poeta y museógrafo Carlos Pellicer, amigo cercano de la pareja, la transformación de la residencia en museo. La Casa Azul abrió sus puertas el 30 de julio de 1958 y desde entonces resguarda pinturas, fotografías, documentos, libros, muebles, objetos personales, piezas de arte popular y esculturas prehispánicas que formaron parte de la vida cotidiana de ambos artistas.

La cocina, el comedor, las recámaras, el Estudio y el Jardín, al igual que los muros, pisos, escaleras, patios, ventanas y materiales del inmueble, conservan las huellas de sus diferentes etapas.

PAL