El tope al precio del petróleo ruso impuesto por la UE tendrá un coste de 3.500 millones para la "maquinaria de guerra" de Putin
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La Unión Europea aprobó ayer un nuevo paquete de sanciones a Rusia. El vigesimoprimero. Y entre las actuaciones acordadas destaca sobremanera el límite impuesto al precio del barril de petróleo ruso, que en los próximos 12 meses será de 44 dólares y que supondrá que Vladimir Putin deje de ingresar 3.500 millones de euros, según las estimaciones de la Comisión Europea.
La norma vigente establece que el precio máximo que se puede pagar por el petróleo ruso es un 15% inferior a la media del mercado, pero el cierre del estrecho de Ormuz ha disparado las cotizaciones y valores y, por lo tanto, iba a disparar también esa referencia que debía ser revisada precisamente ayer. De hecho, ya se debía haber hecho la semana pasada, pero los embajadores de los 27 acordaron prolongar el plazo máximo una semana más para tener más tiempo y desatascar las negociaciones del paquete de sanciones. Y ayer, los países ratificaron el precio de 44 euros sin que haya ninguna revisión en el próximo año.
"Calculamos que, si nos mantenemos en los niveles actuales y teniendo en cuenta los precios de los futuros, la medida costará a Rusia 3.500 millones de euros, una cantidad bastante considerable. Nuestra valoración es que hemos logrado nuestro objetivo de mantener unas medidas contundentes y eficaces, pese a las muy difíciles condiciones del mercado y a un contexto mundial que sigue siendo muy complicado", explicaba ayer un alto funcionario de la Comisión.
"Congelamos durante un año el ajuste del tope al precio del petróleo, para que la maquinaria de guerra rusa no se beneficie de las perturbaciones del mercado", resumió, por su parte, la propia presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
El nuevo paquete "incluye medidas de gran alcance dirigidas contra el sistema financiero de Moscú, su complejo militar-industrial y el sector energético, que mantienen en funcionamiento la economía de guerra rusa", incidió la alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Kaja Kallas.
"Estamos golpeando a Putin donde más le duele: cortando las vías de financiación de las que depende para sostener su guerra. Este no es el final del camino en materia de sanciones. Ya estamos trabajando en los próximos pasos. La UE debe estar preparada para responder a cualquier nueva escalada rusa", añadió la jefa de la diplomacia europea.
Lo que ninguna de las dos señaló, al igual que tampoco lo hizo el presidente del Consejo, António Costa, es que ha sido necesario reducir la ambición del paquete de sanciones por las presiones de los países. La más destacada, la de Grecia, que se ha mostrado inflexible en el veto al transporte del Gas Natural Licuado (GNL) a países fuera de la UE. Esta medida, en realidad, no pertenece a este paquete de sanciones sino que ya había sido aprobada anteriormente, pero el Gobierno de Mitsotakis ha exigido una modificación de la medida. El motivo: la presión del naviero George Prokopiou, que tiene grandes intereses en ese ámbito.
Dynagas, su empresa, tiene numerosos metaneros y buques rompehielos, y si se activaba el veto al transporte de GNL el impacto en su negocio hubiese sido muy notable. Para evitarlo, el Ejecutivo heleno tensó las negociaciones hasta el punto de conseguir una importante flexibilización en la medida. La nueva regulación permitirá transferir GNL en caso de que esos contratos hayan sido firmados antes del inicio de la invasión rusa, esto es, de febrero de 2022.
