Valentina Troni, experta en cejas: "Cuando el microblading ya no te representa, se puede borrar con láser"
El microblading fue durante años la promesa de la ceja perfecta. Pelo a pelo. Natural. Impecable. Y sí, funcionó. Pero casi una década después de aquel boom silencioso que invadió las redes y las cabinas de estética, algo está cambiando. Cada vez más mujeres quieren eliminar su microblanding. Y no por capricho. "La industria de la belleza evoluciona hacia lo más natural y menos invasivo", explica Valentina Troni, experta en cejas y fundadora de Tebori Brows. Lo que hace nueve años nos parecía increíble, hoy muchas sienten que ya no las representa.
Láser para eliminar microblading: por qué ahora tantas mujeres quieren borrar sus cejas
"El microblading fue un boom", recuerda Troni. "Entró muy fuerte en España y no sabíamos el impacto que tendría a largo plazo." El problema no es demonizar la técnica, insiste, sino entender que la piel cambia. "La piel son células vivas. Se regenera, envejece, sufre cambios hormonales. Lo que un día estaba perfecto, años después puede verse como una sombra o migrar ligeramente", explica. Y en pieles mediterráneas, con alta exposición solar, el pigmento puede expandirse más.
Ahí aparece la palabra clave: naturalidad. Cuando el pigmento se acumula tras varios retoques, la ceja pierde frescura. Se endurece. En paralelo, también han evolucionado las técnicas actuales de diseño de cejas, con pigmentos más ligeros y resultados más sutiles. La comparación es inevitable. "Ven lo nuevo y dicen: esto ya no me representa".
Láser para eliminar 'microblading': cómo funciona
"El láser no extrae el pigmento", aclara Troni. "Lo que hace es emitir energía que excita las partículas del pigmento. Al fragmentarse en partículas más pequeñas, el cuerpo puede eliminarlas a través de la orina y el sudor". El más utilizado es el láser Q-Switch. Es de onda larga, actúa en capas profundas y no es ablativo. No quema la superficie. Trabaja por energía.
"Es un tratamiento de primera línea para eliminar micropigmentación y tatuajes", afirma. "Es rápido, efectivo y desde la primera sesión los resultados pueden ser impresionantes". Habla de porcentajes reales. "En algunos casos se elimina el 100% en una sesión, en otros un 50% o un 75%. Pero los cambios se ven desde el principio".
"Es más fácil eliminar colores oscuros que amarillos o verdes", explica Troni. El negro responde mejor. Los rojos pueden tardar más. Y ciertos tonos requieren otras longitudes de onda. Por eso no todos los microbladings desaparecen al mismo ritmo. Y algo importante: no tiene downtime relevante. La inflamación suele ser leve y en horas la piel parece intacta. El cuerpo seguirá eliminando pigmento durante cuatro a ocho semanas.
Láser para eliminar microblading: seguridad, riesgos y lo que debes exigir
"Es segurísimo… si está bien hecho", insiste Troni. Y añade algo clave: "No todos los láseres son iguales." Según explica, la seguridad depende del tipo de máquina, su mantenimiento y la formación del técnico. "Nosotras enviamos el láser cada año a mantenimiento. Se revisa, se sella, se renueva. Eso tiene un coste importante, pero es innegociable".
La dermatóloga Paloma Borregón, directora de Mas que derma, aporta la visión médica. "Todo lo que sea introducir pigmento es una agresión. Puede generar cierta fibrosis porque el cuerpo intenta fagocitarlo y no puede". Sobre el láser, es clara: "Con tecnología de picosegundos bien utilizada no suele haber pérdida de pelo. Puede haber un blanqueamiento temporal porque el pelo es negro, pero no depila".
Borregón añade un detalle que muchas pacientes reconocen frente al espejo: "Los pigmentos más antiguos y profundos se ven azulados porque los colores negros, ópticamente, si han penetrado mucho, se ven azules." Eso sí, advierte que cada caso es distinto. "Cuanto más pigmento y más retoques, más sesiones necesitaremos. Es un fenómeno biológico. No sabemos exactamente qué tintas lleva cada paciente." También lanza una advertencia tajante: "No deben hacerse correcciones con pigmentos color carne ni con ácidos. Esas sí que luego no se pueden quitar".
El impacto emocional de las cejas
Es impactante como Borregón cuenta que "muchos pacientes vienen llorando". Mujeres que se hicieron algo voluntariamente y, con el tiempo, dejaron de reconocerse. A veces el resultado no es grotesco. Es simplemente ajeno. La conclusión es clara. El láser no es un borrador mágico, requiere paciencia, tecnología adecuada y manos expertas. Pero funciona. Y quizá lo más importante: devuelve algo más que una ceja. Devuelve la posibilidad de volver a mirarte al espejo y reconocerte.
Y eliminar no significa necesariamente renunciar para siempre. Algunas pacientes retiran la micropigmentación para volver a rediseñar la ceja con técnicas más actuales como el hairstroke y pigmentos más estables. Otras descubren que, simplemente, ya no necesitan nada.
Yo misma me hice microblading hace años, cuando era casi una declaración de modernidad beauty. Funcionó. Durante un tiempo me encantó. Pero con los años el pigmento empezó a difuminarse, a perder definición, a convertirse en esa sombra que tantas expertas describen. No era un desastre. Pero ya no era yo. Eliminarlo fue una decisión estética, sí. Pero también identitaria. Y esa es quizá la parte que no se explica lo suficiente: el láser no es solo un tratamiento técnico. Es una herramienta para actualizar, corregir o incluso desandar un camino beauty cuando ya no encaja contigo.



