Veracruz: las carpetas del miedo
La violencia sigue marcando la vida cotidiana en Veracruz. Esta vez la víctima fue la periodista Roxana Berenice Guzmán Ramírez, directora de Pulso Informativo del Sureste, quien fue privada de la libertad presuntamente por un grupo armado que irrumpió violentamente en su domicilio, en Nanchital. Los agresores rompieron puertas y ventanas, ingresaron con armas y, frente a un menor de edad, se la llevaron. Parte de los hechos quedó registrada en video hasta que al niño le arrebataron el teléfono con el que documentaba la agresión. Aunque la Fiscalía Regional de Coatzacoalcos abrió una carpeta de investigación, hasta ahora la información oficial ha sido escasa y las preguntas siguen superando a las respuestas, como casi siempre.
El caso de Roxana no ocurre en un estado en calma. Veracruz arrastra desde hace años una crisis de seguridad que se manifiesta de distintas formas y golpea a regiones enteras: extorsiones que siguen creciendo, cobro de derecho de piso que asfixia a comerciantes y transportistas, desapariciones, feminicidios, secuestros y desplazamientos forzados de familias que han tenido que abandonar sus comunidades por miedo.
El problema de fondo es la incapacidad institucional para investigar, sancionar y llevar a los responsables ante la justicia. La Fiscalía General del Estado, encabezada por Lisbeth Aurelia Jiménez Aguirre, arrastra un rezago que se refleja en miles de expedientes sin resolver. Tan sólo durante 2025 se iniciaron más de 75 mil carpetas de investigación y por lo menos 80 por ciento permanece sin una conclusión judicial. Cada carpeta archivada, congelada o empantanada representa una víctima que sigue esperando justicia y una sociedad que pierde confianza en sus autoridades.
Por eso el caso de Roxana Guzmán debería encender todas las alertas. No sólo por tratarse de una periodista, sino porque vuelve a exhibir una realidad que el gobierno veracruzano parece incapaz de revertir. Mientras la gobernadora Rocío Nahle se incomoda cada vez que se cuestiona la situación de seguridad, los delitos siguen acumulándose y las investigaciones avanzan con lentitud. El verdadero desafío no está únicamente en las cifras de violencia, sino en una estructura institucional que no logra responder a la magnitud del problema. Porque cuando los expedientes se acumulan más rápido que las soluciones, la impunidad deja de ser una consecuencia y se convierte en parte del sistema. Y ahí es donde el miedo termina ocupando el lugar que debería pertenecer a la justicia.
Nos vemos a las 8 por el 8 de TV
POR SOFÍA GARCÍA
COLABORADORA
@SOFIGARCIAMX
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