Merz y Macron blindan el eje franco-alemán ante el cambio de ciclo político en Francia
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El canciller alemán, Friedrich Merz, y el presidente francés, Emmanuel Macron, trataron este viernes de blindar la agenda estratégica franco-alemana ante el relevo político que se avecina en Francia. Es la primera lectura del Consejo Franco-Alemán de Defensa y Seguridad y del XXVI Consejo de Ministros bilateral, celebrados en las cercanías de Colonia y en el histórico Palacio de Augustusburg, donde ambos gobiernos acordaron reforzar la cooperación en materia de disuasión nuclear y encarrilar proyectos comunes que puedan sobrevivir al cambio de ocupante en el Elíseo.
A Macron le queda menos de un año en la presidencia y una posible llegada de la Agrupación Nacional de Marine le Pen podría dejar a Berlín ante un interlocutor mucho menos favorable a la integración europea. No se trataba en Brühl de una despedida, sino de delimitar el camino mientras todavía existe entendimiento entre ambos gobiernos. El reciente fracaso del FCAS, el proyecto que debía simbolizar la integración industrial de la Gefensa europea, añadió urgencia a ese propósito: si la cooperación industrial ha embarrancado, París y Berlín pretenden ahora salvar la cooperación estratégica.
El Consejo Franco-Alemán de Defensa y Seguridad, reunido en la base aérea de Nörvenich, acordó profundizar la cooperación en materia de disuasión, ampliar las consultas sobre la integración de capacidades nucleares y convencionales, y avanzar en el desarrollo conjunto de sistemas europeos de largo alcance. El acuerdo incluye además la participación, por primera vez este año, de soldados alemanes en unas maniobras nucleares francesas, un gesto de enorme carga simbólica en una Europa que busca reforzar su capacidad de disuasión frente a Rusia y reducir su dependencia estratégica de Estados Unidos.
"Esta cooperación bilateral sin precedentes contribuirá a reforzar la disuasión en Europa y a mejorar la seguridad del continente", señala la declaración conjunta, que subraya que esta nueva colaboración no sustituye la participación nuclear de la OTAN ni el paraguas estadounidense, sino que pretende complementarlos.
La escenificación comenzó incluso antes de la reunión. El jueves, un Rafale francés con capacidad para portar el misil nuclear ASMPA y un Eurofighter alemán participaron en una operación conjunta de repostaje en vuelo. Horas después, Merz esperaba a Macron sobre la alfombra roja del Palacio de Augustusburg mientras dos Eurofighter sobrevolaban el recinto durante la ceremonia de bienvenida.
Nada fue casual. Augustusburg ocupa un lugar privilegiado en la memoria de la reconciliación europea. Allí recibió Konrad Adenauer al general Charles de Gaulle en septiembre de 1962, pocos meses antes de la firma del Tratado del Elíseo, que selló la amistad entre dos países enfrentados durante décadas por la guerra. Más de sesenta años después, ambos gobiernos eligieron el mismo escenario para transmitir la idea de un nuevo impulso político en un momento especialmente delicado para Europa.
"Europa" en cada frase
Macron habló de un "despertar estratégico" del continente y aseguró que en los últimos meses se ha producido "un verdadero acercamiento franco-alemán en la agenda europea". Merz insistió en que ambos países deben seguir impulsando juntos los grandes proyectos europeos. Además de reforzar el apoyo a Ucrania, defendió avanzar en el acercamiento de Ucrania, Moldavia y los Balcanes Occidentales a la Unión Europea como parte de una misma estrategia de estabilidad y seguridad para el continente.
Entre los nuevos proyectos figura la creación de un grupo de trabajo conjunto sobre política espacial y el desarrollo del sistema europeo de satélites IRIS², llamado a reforzar la autonomía tecnológica de la Unión.
Sin embargo, bajo la imagen de unidad siguen aflorando importantes diferencias. El fracaso del FCAS continúa proyectando su sombra sobre la relación bilateral. En París todavía existe malestar por la forma en que Berlín comunicó el final de un programa considerado durante años el gran símbolo de la cooperación militar europea. Tampoco está despejado el futuro del carro de combate MGCS y recientemente quedó aplazada la salida a Bolsa de KNDS, el consorcio franco-alemán de armamento.
Cuanto más difícil resulta sacar adelante los grandes proyectos industriales comunes, mayor parece la voluntad política de mantener vivo el eje franco-alemán. Ambos gobiernos son conscientes de que la seguridad europea no puede permitirse que el fracaso de un programa industrial acabe arrastrando la relación estratégica entre las dos principales potencias de la Unión.
También persisten diferencias sobre la autonomía europea. Mientras Francia defiende desde hace años una Europa menos dependiente de Washington, Alemania sigue apostando por preservar el vínculo transatlántico. No es casual que la declaración conjunta insista en que la cooperación nuclear franco-alemana complementa, pero no reemplaza, el sistema de disuasión de la OTAN. Al mismo tiempo, Berlín continúa adquiriendo material estadounidense, como los cazas F-35, mientras promete desarrollar capacidades europeas en ámbitos como los misiles de largo alcance.