Alza en el valor del diésel paraliza la actividad de barcos ´chinchorreros´ en la Península
Barcos anclados en la rada del puerto de La Libertad y furgones vacíos esperando una pesca que llega a cuentagotas retratan la crisis que vive el sector pesquero en la provincia de Santa Elena. En los últimos días, la actividad ha disminuido drásticamente debido al alto costo del diésel, obligando a muchos pescadores a quedarse en tierra.
En este puerto, considerado uno de los principales puntos de desembarque de embarcaciones con red de cerco también conocidas como “chinchorreros”, se comercializan especies de consumo popular como trompeta, botellita, voladora, sardina, carita, bonito, entre otras. Sin embargo, la oferta ha caído, afectando directamente la cadena de abastecimiento.
“No se puede trabajar porque el diésel está muy caro. Salir a pérdida no tiene sentido; preferimos esperar las compensaciones que ofreció el Gobierno”, señaló uno de los tantos pescadores que están a la espera de que el combustible baje su valor para volver a laborar
La situación es crítica. Más de un centenar de barcos permanecen anclados solo en La Libertad. Cada embarcación genera empleo para entre 15 y 20 personas, quienes ahora han dejado de percibir ingresos. El panorama se repite en otros puertos como Anconcito, Santa Rosa, Chanduy, Palmar y San Pedro.
De acuerdo con la asociación de armadores de barcos pesqueros con red de cerco de Santa Elena, el incremento sostenido del precio del diésel en los últimos meses ha desbordado los costos operativos. Un barco pequeño, de 15 toneladas, que antes gastaba unos 3.000 dólares mensuales en combustible, ahora supera los 9.000. En el caso de embarcaciones de 40 toneladas, el gasto pasó de 10.000 a más de 22.000 dólares.
“Esto es insostenible. No hay rentabilidad, por eso los propietarios han decidido paralizar las operaciones hasta que haya una solución”, afirmó otro pescador. Aunque algunos barcos continúan operando gracias a reservas de combustible adquiridas antes del último incremento, se prevé que en los próximos días también suspendan sus faenas.
A este escenario se suma otro factor que agrava la crisis: la escasez de peces, atribuida a las fuertes corrientes y al calentamiento del mar. El impacto ya se siente en los mercados. El precio del pescado se ha disparado. La libra de trompeta, antes a un dólar, ahora alcanza los 4,50 dólares. El picudo pasó de 2 a 5 dólares por libra. Para las familias, esto representa un golpe directo al bolsillo.