Un espacio diseñado a partir de la experiencia real de quien lo habita es más coherente y duradero que uno basado únicamente en referencias externas o tendencias pasajeras. Cuando las decisiones se toman teniendo en cuenta la rutina diaria, los gustos personales, los recuerdos y también el legado familiar, el resultado es un entorno auténtico. La casa deja de ser solo una imagen atractiva y se convierte en un lugar práctico, cómodo y alineado con la identidad de la familia.
Desde la neuroarquitectura se sabe que los espacios influyen directamente en nuestras emociones y en la manera en que construimos memoria. Integrar objetos heredados o piezas con historia no es solo una elección estética, sino una forma de reforzar el vínculo emocional con la vivienda y consolidar el sentido de pertenencia. En este reportaje, la interiorista Anouk de Lesparda, fundadora del estudio AdeL (anoukdelesparda.com), explica por qué los proyectos deberían comenzar escuchando a las personas, y no mirando catálogos, y cómo esa forma de trabajar permite crear hogares que no solo se ven bien, sino que generan arraigo y continuidad en el tiempo.
El interiorismo revelador que habla por nosotros desde el primer vistazo
Una casa habla en un lenguaje silencioso, pero increíblemente elocuente. La manera en que se entra, cómo fluye la luz, qué materiales se han elegido o qué objetos decidimos mostrar y cuáles guardar, revelan prioridades, ritmos de vida, incluso valores.
“Antes de conocer a alguien, su casa ya nos da pistas sobre si valora la calma, la memoria, la funcionalidad o la belleza como forma de bienestar”, detalla la interiorista. Ella ha sido la artífice del proyecto del que vemos el salón y la cocina sobre estas líneas, en el que las obras de arte aportan una fuerte identidad.
Del catálogo a la vida real: el diseño que responde a nuestras necesidades
El diseño de interiores no siempre trasciende la decoración para convertirse en relato personal. Anouk explica que ese salto ocurre cuando abandonamos la ‘imagen de catálogo’ para responder a la vida real. "Cuando el diseño no busca impresionar a las visitas, sino acompañar a quienes viven dentro, cada decisión (desde la distribución del espacio hasta la elección de una lámpara) adquiere un porqué emocional, no solo estético”.
En definitiva, el interiorismo se vuelve biografía cuando dejas de preguntarte qué es tendencia y empiezas a pensar cómo quieres sentirte al cruzar tu puerta.
Estamos viendo un dormitorio de un proyecto en Girona firmado por Almeda Estudi.
Dar personalidad al hogar de otra familia es uno de los mayores retos de los interioristas. No se trata solo de elegir muebles o definir un estilo, sino de comprender a las personas que vivirán allí.
Anouk afronta este desafío a través de la escucha. “No hablo con mis clientes de estilos, sino de rutinas, recuerdos, viajes, momentos importantes y necesidades”, explica. Es decir, el punto de partida no es la estética, sino la vida real de quienes habitan el espacio.
La sensación de pertenencia surge cuando la casa refleja a sus habitantes. Es esa impresión de entrar y sentir que todo encaja, aunque no sepas exactamente por qué. A esta idea, la fundadora de AdeL la llama emotional sustainability, espacios diseñados a partir de algo que no pasa de moda ni caduca: tu forma de vivir, tus recuerdos y tu identidad.
En una vivienda enclavada en el barrio del Ensanche de Bilbao, el diseñador de interiores Jose Arroyo firma el baño de la propuesta, que responde a esa misma idea de identidad y memoria. En el interior de la ducha, la incorporación de un cuadro (un gesto poco habitual) rompe la rigidez del conjunto y refuerza la voluntad de convertir incluso los espacios más funcionales en escenarios con relato propio.
Es fundamental diseñar a partir de la biografía de las personas, y no solo de las tendencias. Las modas cambian constantemente...
La interiorista es de la opinión que, cuando el diseño nace de la historia personal, el espacio envejece mejor y puede adaptarse a las distintas etapas de quien lo habita. “Las tendencias pueden ser recursos útiles, pero no deberían ser el punto de partida”.
Una casa pensada únicamente para seguir una moda puede quedar desactualizada emocionalmente mucho antes de que sus materiales o muebles se deterioren. En cambio, un espacio conectado con la vida de las personas mantiene su sentido y su vigencia a lo largo del tiempo.
El poder de las piezas que atesoramos con gran estima
Los recuerdos anclan el espacio a la identidad. "Un hogar sin memoria puede ser bonito, pero suele resultar frío e impersonal", comenta Anouk. En cambio, un objeto con historia, por sencillo que sea, puede convertir una habitación en un refugio muy acogedor.
No hace falta que la pieza sea valiosa. La cómoda heredada de un familiar que lleva décadas acompañando a la familia, o ese teléfono antiguo encontrado en un mercadillo y atesorado sin razón aparente, generan algo que ningún mueble de catálogo puede replicar: la sensación de que ese espacio te pertenece, de que cuenta algo sobre ti. El sentido de pertenencia no se compra ni se diseña desde cero, se construye integrando lo vivido dentro de lo nuevo, haciendo que el pasado dialogue con el presente sin interrumpir el relato.
En este proyecto realizado por AdeL la zona de día cuenta con piezas muy queridas por la familia, como el hermoso secreter que configura un práctico despacho.
Integrar en un ambiente de decoración moderna muebles u objetos antiguos sin que el conjunto pierda coherencia estética es una tarea que requiere trabajar el contraste con respeto y equilibrio. En opinión de Anouk, “no se trata de mimetizar estas piezas con el resto, sino de darles el espacio adecuado. A veces un mueble heredado necesita respirar, otras veces dialogar con piezas contemporáneas. Me encanta que convivan lo nuevo y lo heredado como una forma de lujo silencioso, un equilibrio entre el ayer y el hoy, un diseño con historia”.
La interiorista Rosa Lahoz, es una auténtica experta en mezclar épocas en la decoración, como demuestra este rincón de lectura.
En un mundo de producción en masa y tendencias de temporada, las piezas encontradas en mercadillos o traídas de un viaje representan lo opuesto: singularidad, tiempo, experiencia. No se fabrican en serie ni se reemplazan con un clic. Llevan consigo una historia anterior a ti: el rastro de quien las tuvo antes, el lugar donde las encontraste, el momento en que decidiste que tenían que ser tuyas.
Anouk se refiere a este tipo de elementos como ‘anclas emocionales’. Una cerámica comprada en un mercado de Marrakech, unas sillas y una mesa de comedor rescatadas de un anticuario de Mercantic (como las de la imagen) o un cuadro elegido en un viaje sin planear no solo decoran: sitúan el espacio en una biografía concreta. "En un mundo de producción rápida, estos objetos aportan singularidad y verdad; tiempo y experiencia", comparte Anouk.
‘DIY’: ideas sencillas para que cada rincón de casa cuente algo de ti
Personalizar la decoración no exige un gran presupuesto, sino buenas ideas y algo de tiempo. De hecho, muchos de los cambios más transformadores son también los más simples y pueden modificar por completo la percepción de un espacio.
Pintar o revestir con papel pintado el frente de un armario es uno de los proyectos más accesibles y de mayor impacto. Con imprimación, pintura ecológica y un rodillo o pincel, un mueble anodino puede convertirse en el foco de la estancia. Cambiar los tiradores es otra intervención rápida y económica que redefine el carácter de cualquier pieza en pocos minutos.
También hay otras opciones igual de efectivas: forrar el interior de los cajones con vinilo estampado o, incluso, añadir molduras para aportar relieve a las paredes. Son gestos pequeños, pero ayudan a que la casa refleje a quien la habita y se aleje de la uniformidad del mobiliario en serie.
Conservar no significa acumular sin criterio. Parte del trabajo de cualquier interiorista consiste en ayudar a sus clientes a distinguir qué elementos de su historia personal merecen un lugar en su hogar y cuáles es mejor dejar ir. Para discernirlo Anouk utiliza la conversación: invitando a la familia a contar la historia detrás de cada objeto. "Al verbalizarlo, ellos mismos descubren qué sigue representándoles y qué es mejor soltar", explica. Actualizar un hogar no es borrarlo; es editarlo. Y esa edición, cuando se hace bien, también es emocional.
Un hogar solo bonito se contempla; un hogar personal y con alma se vive. El primero se admira desde fuera, pero el segundo se experimenta y se recuerda. La fundadora de AdeL es tajante y afirma que “la belleza puede captar la atención, pero la identidad es lo que genera vínculo”. Lo demuestra este dormitorio infantil de decoración mediterránea ideado por Tinda’s Project.
Un espacio con alma no persigue la aprobación externa, sino la coherencia interna. Está pensado para acompañar rutinas, celebrar momentos importantes y ofrecer refugio en los días difíciles. Por eso trasciende la estética y se convierte en parte activa de la vida de quienes lo habitan.
Por qué los vacíos son tan importantes como los objetos
Los vacíos son esenciales. No como ausencia, sino como herramienta. "El silencio visual permite que los objetos importantes respiren. No se trata de vaciar la casa, sino de jerarquizar. Cuando todo tiene el mismo peso visual, nada destaca. El silencio es lo que permite que la historia de la casa se pueda leer con claridad", cuenta Anouk.
El interiorismo contemporáneo lleva tiempo reivindicando esta idea: un espacio saturado de estímulos exige atención constante, dispersa la mirada y acaba generando tensión. El exceso de objetos o de capas decorativas convierte el hogar en un escenario sobrecargado donde la calma se vuelve imposible.
Si hay una idea que resume la filosofía de Anouk es clara: un hogar debe reflejar que allí vive una persona que se conoce, se cuida y se permite ser quien es. La casa no es un decorado, sino una extensión de la propia identidad. Es un lugar donde reconocerse y sentirse en coherencia con la propia historia.
Para ella, la atemporalidad nace precisamente de esa coherencia entre el espacio y quien lo habita. No surge de seguir tendencias ni de inspirarse en catálogos, sino de tomar decisiones con sentido personal.
Nos explica que su propio hogar lo demuestra. Combina piezas contemporáneas con arte y muebles cargados de historia: herencias familiares, recuerdos de viajes y objetos vinculados a momentos concretos de su vida. Nada responde a una estética pasajera, sino a experiencias reales. Por eso el conjunto sigue vigente con el paso del tiempo.