Bárbara Coppel y Alejandro Hank nos reciben en familia en su nueva casa de Madrid, su hogar soñado con diseño y detalles de de otro planeta: "Ahora se respira paz y naturaleza"
Llevan su “México lindo y querido” en el corazón, pero hace años que España los conquistó. La historia de amor de Bárbara Coppel y Alejandro Hank con nuestro país empezó en Sevilla, donde él vivió momentos clave durante su etapa como torero. Sin duda, supo transmitir su amor por la ciudad a Bárbara y terminaron mudándose con sus hijos a una casa palacio en pleno casco antiguo. Tras pasar un tiempo en la capital hispalense, se enamoraron de Madrid, y esto fue el inicio de un nuevo capítulo en sus vidas.
El matrimonio de empresarios ha encontrado en Madrid su hogar y ahora, junto a sus tres hijos (Amaïa, Bastien y Kilian), nos abren las puertas de su nueva residencia a las afueras de la ciudad.
Allí se instalaron hace un año, después de un tiempo en el barrio de Salamanca, donde tenían una casa en la milla de oro. Con sus niños con edades comprendidas entre los nueve y los siete años, han apostado por la tranquilidad y el contacto con la naturaleza y están muy felices con el cambio.
Bárbara y Alejandro, pertenecientes a dos destacadas familias mexicanas y considerados una de las parejas más admiradas de su país, han conseguido plasmar sus gustos y encajar muchos de sus recuerdos más queridos en esta nueva vivienda, en la que la luz natural cobra protagonismo en todas las estancias. Entre trajes de luces, restos de naves espaciales, arte surrealista, juguetes de sus hijos y muebles de diseño, nos muestran cómo es su nuevo mundo en Madrid, donde se sintieron acogidos desde el primer día.
"Me hace ilusión tener piezas históricas de alunizajes en yuxtaposición con cartas de Cristóbal Colón, propiedad de la Casa de Alba, que estuvieron expuestas en el palacio de Liria"
Bárbara, ¿desde cuándo tenéis esta casa a las afueras de Madrid?
Nos mudamos aquí hace exactamente un año.
Antes vivíais en la conocida como milla de oro, ¿qué os llevó a cambiaros?
Nos encantaba nuestra vida en el centro y todo lo que implica hacer vida de barrio; lo disfrutamos al máximo, pero llegó un punto en el que las edades de los niños nos lo exigieron. Siempre yendo al parque y buscando actividades al aire libre, la vida sola lo fue acomodando. Solíamos decir que “no queríamos salir de Madrid nunca”, y en el instante en el que tomamos la decisión de hacerlo tuvo todo el sentido del mundo. Hicimos muy bien al estar tres años en el centro, porque de esa forma conocimos Madrid, caminamos por todo nuestro barrio y otros; lo probamos todo. De hecho, mucha gente me pregunta si lo extraño, y sinceramente no, porque sigo yendo a diario, en ocasiones dos veces, estoy a media hora y lo he intercambiado feliz por la vida de barrio, los pajaritos y las ardillas.
"Desde niño soñé con venir a España por la fiesta de los toros, y ahora ¡soy un enamorado de España!", dice Alejandro, que guarda trajes de su época de torero
¿Cuál ha sido el mayor reto a la hora de plasmar vuestros gustos en esta casa?
Colocar objetos que tuvimos guardados hasta diez años porque no teníamos espacio. El ver todo en un mismo sitio y no saber ni por dónde empezar es interesante, pero hemos disfrutado del proceso. Todavía no hemos acabado. Cuando nos mudamos, los niños comían de pie o en cajas de cartón, con colchones en el suelo… De hecho, cuando llegaron sus camas fue un poco desilusión, porque les estaba gustando el tema de acampar. Y así ha sido, espacio por espacio, va tomando forma y ya estamos en lo último.
"Esta es la casa que te sale en el emoji cuando pones 'casa' —dice Bárbara riendo—.Nos encanta la luz que tiene, y los jardines son un espectáculo"
¿Cómo describirías la atmósfera y el espíritu de la casa?
Es la casa que te sale en el emoji cuando pones “casa”. Nos encanta la luz que tiene por todos lados, los jardines son un espectáculo y cada época del año cambian los colores de los árboles y las flores. Las vistas que tenemos desde los salones y habitaciones son hermosas. Cuando vivíamos en el centro, nuestras vistas eran a la ciudad, y ahora se respira paz, naturaleza, y el ver a los niños disfrutando de actividades al aire libre no tiene precio. Mención honorífica a Marisa Burgaleta que es la arquitecta de la casa.
¿Os ha ayudado alguien con la decoración?
Sí, Adriana Arranz de Galán Sobrini Arquitectos, que es una amiga muy querida y su familia también.
¿Quién de los dos ha estado más implicado en la decoración?
Los dos. Cada uno tiene espacios consentidos, pero ha sido ponernos en manos de las profesionales, confiar en el proceso y expresar lo que es inamovible.
¿Cuál es vuestro rincón favorito y por qué?
Para mí la cocina, por sus dimensiones, vistas, y porque, cuando hace buen tiempo, se integra con el exterior. Siempre terminamos ahí. En las casas que hemos vivido ha sido una constante. También me encanta mi vestidor porque, además, es mi “centro de operaciones”: tengo mi oficina oculta y es un lugar donde siempre hacemos planes Alejandro y yo. La terraza exterior es otro de mis lugares favoritos para tomar algo con amigos o familia. Alejandro está encantado con tener piscina y disfruta mucho de poder tener sus trajes de luces y otros objetos que le traen muchos recuerdos y que antes tenía almacenados.
"La gente de Madrid es muy educada y amable, abiertos a conocer otras culturas, y nos hacen sentir bienvenidos. La gastronomía ni se diga, tiene el nivel de cualquier capital europea"
¿Cuáles son las piezas de decoración con mayor valor sentimental para vosotros?
Todas tienen historias detrás y sentimos una gran admiración por los artistas, como por ejemplo el cuadro del caballo de Roberta Lobeira, que fue una de sus obras expuestas en Zúrich que estuvimos persiguiendo. Menos mal que Roby es una de nuestras mejores amigas, porque su lista de espera es de años. Denise de la Rue, también artista mexicana, conocía a Alejandro desde una colección que hizo con toreros y a Alejandro le tocó posar en obra que también tenemos expuesta en la casa, y en su serie espacial “Un nuevo mundo”. A mí me hace ilusión tener piezas históricas de alunizajes en yuxtaposición con cartas de Cristóbal Colón, propiedad de la Casa de Alba y que estuvieron expuestas en el palacio de Liria. También hay un cuadro que nos ha acompañado desde que vivíamos en París, obsequio de la artista boliviana Sonia Falcone, muy querida amiga y madrina de Amaïa. Las piezas que decoran nuestros espacios son de gente que queremos.
“Madrid tiene todo lo que buscamos en este momento de nuestras vidas”
¿Qué tal se han adaptado los niños al cambio? ¿Cuántos años tienen ya?
Son los más felices: nadan, juegan a la pelota, saltan en la cama elástica y tienen espacios que les dan individualidad.
Bárbara, tú eres de Mazatlán, y Alejandro, de Tijuana, ¿qué os parece Madrid? ¿Os ha acogido bien la ciudad?
Madrid es una ciudad maravillosa, tiene todo lo que buscamos en este momento de nuestras vidas. La gente de Madrid es muy educada y amable, abiertos a conocer otras culturas, y nos hacen sentir bienvenidos. La gastronomía ni se diga, Madrid tiene el nivel de cualquier capital europea, sumado a lo tradicional, que también nos encanta. La ubicación geográfica, el clima, el idioma, todo suma.
"Cuando vivíamos en el centro, nuestras vistas eran a la ciudad, y ahora se respira paz, naturaleza y el ver a los niños disfrutando de actividades al aire libre no tiene precio"
Alejandro, tú pasaste temporadas como torero en Sevilla, donde luego os mudasteis juntos. ¿Qué te conquistó de España?
Desde niño soñé con venir a España por la fiesta de los toros. Después de muchos años aquí, me he sentido siempre identificado, ¡soy un enamorado de España!
Diez años de matrimonio
Acabáis de celebrar vuestro décimo aniversario de boda, ¿quién es hoy Bárbara y qué queda de la mujer que se casó hace una década?
Sigo teniendo esa alma aventurera, pero ahora con muchas responsabilidades que antes no tenía y que abrazo profundamente; con ganas de vivir intensamente; en lo laboral, seguir creciendo con mi empresa, y en lo personal, me alimenta el espíritu conocer, enseñar, viajar, probar y aprender siempre.
Si tuvieras que resumir tu matrimonio en una sola palabra, ¿cuál sería?
Plenitud. Nos casamos al poco tiempo de conocernos (a los seis meses) y, afortunadamente, nos fue muy bien. Estos diez años en pareja, sumados al amor y trabajo que representa tener tres hijos, es encomiable.
En este tiempo, ¿hubo algún momento de crisis que hoy recuerdes como una gran lección de amor y crecimiento?
Afortunadamente, no como tal, pero sí hemos enfrentado temas estresantes, como son cambios de países, casas, pasar de cero a tres hijos… Pero lo hemos sabido navegar con paciencia y, como toda experiencia complicada, saliendo más fuertes.
¿Qué ha sido lo más desafiante de criar a tres niños mientras sigues cultivando tu identidad personal y profesional?
Lo desafiante son los madrugones, el no saber cómo educar al principio, el no poderles aliviar algún dolor físico y ahora, que ya son un poco más grandes, el no poder ayudarlos si tienen algún tema con compañeros del colegio, el empezar a soltar de alguna manera… Y lo mejor es verles la cara cuando están contentos. Tengo complejo de profesora, así que me encanta enseñarles el mundo, viajar con ellos me apasiona y verlos florecer a cada uno con sus personalidades (que no tienen nada que ver una con la otra) me llena el alma.
"Nos casamos al poco tiempo de conocernos (a los seis meses) y, afortunadamente, nos fue muy bien. Estos diez años casados, sumados al amor y trabajo que representa tener tres hijos, es encomiable"
Alejandro, compartiendo la vida con una mujer como Bárbara, ¿cuál ha sido el mayor reto y lo más enriquecedor?
No nos hemos quedado quietos en ningún momento. Tres hijos más cinco mudanzas te mantienen muy activo. En medio de todo esto, nuestras obligaciones, ambiciones, pasiones y viajes.




















