Blanco cal, lino y fibras naturales: la fórmula mediterránea para decorar la casa en verano

Blanco cal, lino y fibras naturales: la fórmula mediterránea para decorar la casa en verano

No es casualidad que cada verano miremos hacia el Mediterráneo en busca de inspiración. Sus casas tienen algo que sigue enganchando década tras década: resultan luminosas, relajadas y tremendamente agradables. No persiguen la perfección ni las modas pasajeras. Se apoyan en materiales naturales, colores conectados con el paisaje y piezas que transmiten autenticidad.

Lo mejor de todo es que no hace falta tener una casa en Menorca, Ibiza o la Costa Brava para conseguir ese look. De hecho, muchas de las claves que definen este estilo pueden incorporarse poco a poco y con gestos muy sencillos. Desde elegir el blanco adecuado para las paredes hasta rodearse de fibras naturales, cerámica artesanal o plantas que recuerden al paisaje mediterráneo. Estas son las 10 ideas que mejor capturan su esencia y que te ayudarán a transformar cualquier rincón de tu casa.

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Dormitorio decorado en blanco, azul y madera clara© Jordi Canosa

Si hay algo que define el estilo mediterráneo, es su paleta cromática

Los tonos inspirados en la costa, la arena, la piedra y la vegetación son la base de todoBlancos cálidos, beis suaves, terracotas, azules que recuerdan al mar y verdes inspirados en olivos y cipreses forman una combinación que transmite frescura sin resultar fría. No se trata de llenar la casa de color, sino de crear una base luminosa sobre la que pequeños contrastes aporten interés. Precisamente por eso es un estilo que envejece tan bien y que sigue resultando actual temporada tras temporada.

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Salón de estilo mediterráneo con paredes blancas y carpintería azul© MDC

Elige siempre blancos cálidos

Cuando pensamos en una casa mediterránea, solemos imaginar paredes blancas, pero no cualquier blanco sirve. Los acabados más cálidos, como los tonos hueso, marfil o cal, consiguen una sensación mucho más acogedora y natural que los blancos puros o excesivamente fríos. Además, reflejan la luz de una manera más suave y favorecedora. 

Para evitar que el conjunto resulte demasiado uniforme, basta con añadir contrapuntos de color a través de los complementos: unos cojines azul océano, una lámpara verde oliva como ésta, el modelo Goko diseñada por el estudio MDC (la tienes en la web de Nedgis), una lámina inspirada en el paisaje costero… Es una de las formas más sencillas de acercarse a esta estética sin necesidad de grandes cambios.

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Mesa de comedor con jarrón con flores© Ivyline

Mete toques de terracota

No hace falta llenar la casa de barro cocido para notar su efecto: suma calidez y ayuda a equilibrar la luminosidad característica de los interiores mediterráneos. Unos cuencos decorativos, unas macetas, una lámpara de sobremesa o un jarrón como el de este comedor, de la firma Ivyline, son suficientes. En este último caso, una buena idea es acompañarlo con ramas de olivo o si te gusta la composición de la foto, con tulipanes, fresias y algo de follaje verde.

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Dormitorio blanco con toques de beis y amarillo© Marks & Spencer

Opta por textiles de lino o algodón

Si existe una fibra capaz de resumir el verano, esa es el lino. Cortinas ligeras que se mueven con la brisa, fundas de cojín en tonos arena o ropa de cama de aspecto relajado como la de este dormitorio, de Marks & Spencer, ayudan a crear ese ambiente desenfadado tan característico de las casas mediterráneas. 

Además de su estética, tanto el lino como el algodón resultan muy agradables al tacto cuando suben las temperaturas y ayudan a mantener una sensación más fresca durante la noche. Por eso vestir la cama con tejidos naturales no solo transforma el dormitorio visualmente; también mejora el confort en los meses más cálidos.

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Dormitorio de estilo mediterráneo con cabecero de fibra© María Algara Photography

Las fibras vegetales son otro de los grandes ingredientes de este estilo decorativo

Mimbre, ratán, esparto, yute o fique aportan riqueza visual y una sensación de autenticidad difícil de conseguir con otros materiales. Un buen ejemplo es el cabecero artesanal de fique de la firma Let's Pause que protagoniza el dormitorio de la imagen, una habitación del Hotel Sant Ignasi, en Menorca. Este tipo de piezas encajan tanto en ambientes contemporáneos como en espacios más rústicos y tienen la capacidad de hacer que una estancia resulte mucho más acogedora con muy pocos elementos alrededor.

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Jarrón de terracota con ramas de olivo© Sophie Allport

El toque verde que no puede faltar

Olivo, romero, lavanda o limoneros son plantas que nos transportan visualmente a esos paisajes mediterráneos. Así que, si cuentas con espacio suficiente, no dudes en decorar el salón con un olivo en una maceta, y si no, siempre puedes poner unas ramas en un jarrón de barro como este, de la firma Sophie Allport. La lavanda encaja especialmente bien en dormitorios gracias a su aroma suave; el romero, en la cocina, y en balcones y terrazas soleadas, lo que queda de cine es un limonero.

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Recibidor con consola de madera© Jordi Canosa

La madera es otro imprescindible

Especialmente en acabados claros, con vetas visibles o con un aspecto ligeramente envejecido por el paso del tiempo. Esa sensación de pieza vivida encaja perfectamente con la filosofía mediterránea.

Lo vemos en este recibidor, un proyecto de Pia Capdevila. En este caso, la interiorista eligió una consola de madera natural combinada con un espejo de formas sencillas, un par de cestas de fibra y una iluminación discreta con apliques de pared. Aquí la clave está en evitar acabados demasiado brillantes y apostar por superficies que transmitan naturalidad.

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Pared de cocina con azulejos de color azul© Dune

La cerámica forma parte del ADN de las casas mediterráneas

Jarras, cuencos, platos decorativos o piezas modeladas a mano aportan ese punto relajado que resulta difícil conseguir con objetos demasiado perfectos. Precisamente ahí está parte de su atractivo: en los esmaltes irregulares, las formas ligeramente imperfectas y los acabados que parecen tener detrás el trabajo de un artesano.

Y si te apetece ir un paso más allá, los azulejos zellige son una de las tendencias que mejor encajan con esta estética. La serie Agadir, de la firma Dune, recupera el carácter de la artesanía bereber en un formato alargado y una tonalidad azul claro que recuerda al mar. Su acabado brillante y las variaciones de tono entre piezas consiguen que paredes y suelos tengan mucha más vida, tanto en interiores como en terrazas, patios o zonas de exterior.

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Mesa de verano decorada en blanco, azul y fibra© Gisela Graham London

Lleva el Mediterráneo también a la terraza

Los muebles de fibras naturales, las macetas con aromáticas o los faroles son algunos de los elementos más habituales en una terraza de inspiración mediterránea. Pero si hay un detalle capaz de cambiar por completo el ambiente, ese es la mesa. Vestirla para el verano con una mantelería de rayas azules y blancas, bajoplatos de ratán y una vajilla blanca (si está decorada con peces, como esta de Giseña Graham, mejor que mejor) es una forma sencilla de reforzar ese aire fresco y relajado tan característico de este estilo. ¡Y no esperes a una ocasión especial!

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Cuarto de baño con suelo efecto terracota© Porcelain Superstore

Las curvas también tienen mucho que decir

Frente a las líneas rectas y los muebles demasiado contundentes, las curvas ayudan a que los espacios resulten más suaves y relajados. Una mesa auxiliar redonda, una lámpara de silueta curva o espejos de formas orgánicas (como los de este baño, con un suelo de azulejos efecto barro de Porcelain Superstore) son piezas que encajan en cualquier ambiente y que aportan un punto de dinamismo a la decoración. 

Porque, al final, el estilo mediterráneo no consiste en reproducir una casa de playa al pie de la letra. Tiene más que ver con crear espacios luminosos, frescos y relajados, capaces de transmitir esa agradable sensación de verano que todos queremos que dure un poco más.