Cinco años después del 11-J en Cuba: "Las protestas no han podido quebrar al estado represor, pero el estado tampoco ha podido quebrar las protestas"

Cinco años después del 11-J en Cuba: "Las protestas no han podido quebrar al estado represor, pero el estado tampoco ha podido quebrar las protestas"

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"Vamos a morir la mitad, pero la otra mitad va a vivir en paz (en caso de rebelión)", acuñó una madre cubana durante una de las múltiples protestas en los interminables apagones eléctricos de las noches cubanas, mientras sonaban cacerolas al ritmo de la desesperanza.

"Los niños están sin comer, sin ir a la escuela, estamos desesperados. Las mujeres ya hemos bajado 20 libras (10 kilos) y de los nervios estamos muy mal porque no tenemos cómo sustentar a los niños. Y los hombres en las casas sin trabajo. No somos seres humanos, estamos en el estado más triste de la vida. Ni comida ni trabajo ni dinero", sentenció la mujer en un documento audiovisual que se hizo viral en pocas horas en las redes sociales caribeñas.

Sólo con un testimonio tan desgarrador como el de esta madre cubana se puede comprender cuál es la situación de la isla cinco años después de la rebelión popular del 11-J, que pulverizó el falso adagio de que el pueblo cubano apoyaba a la dictadura castrista. Tanto miedo le tiene el Gobierno de Miguel Díaz-Canel a esta fecha que ha multiplicado la represión en las semanas previas y mantiene un marcaje severo contra disidentes y opositores más destacados.

La seguridad del Estado no ha dudado en hostigar y fustigar no sólo a las cabezas más visibles de la disidencia interna que se mantienen en libertad, también a líderes que como Luis Manuel Otero Alcántara están en prisión. El cabecilla del Movimiento San Isidro fue detenido de forma ilegal cuando el 11 de julio de 2021 acudía al llamamiento popular en el Malecón habanero. Gracias a las redes sociales, los cubanos sabían que la mecha se había prendido en distintos puntos del país, desde Santo Antonio de los Baños hasta Santiago de Cuba. Pero al cotizado artista ni siquiera le dejaron sumarse a la manifestación, le detuvieron antes de llegar, como en la película de Steven Spielberg Minority Report, donde un cuerpo especializado de Policía capturaba a los supuestos criminales antes de cometer el delito.

El régimen cubano ha tratado con máxima dureza a Otero Alcántara durante sus cinco años en prisión hasta que el martes pasado, con la pena ya cumplida, lo sacaron de la cárcel. Carismático, joven, afrocubano, reconocido entre las clases populares, demasiado peligroso para el establishment. "Estará en ese lugar desconocido hasta que se resuelva. Los amigos de Luis estamos haciendo todo lo que está a nuestro alcance. El régimen cubano lo quiere fuera. El régimen se adueñó de nuestro país y nos usa a todos para asegurarse su posesión", denunció la activista Anamely Ramos, tras conversar en una llamada, por altavoz, con el disidente.

"Estado de pánico"

"Todas estas acciones tienen que ver con el 11-J. La presión en torno a mi edificio en estos días ha sido muy evidente, pusieron camiones con boinas negras, patrullas policiales dando vueltas. Hay una extrema vigilancia, porque de algún modo el Gobierno intentó responsabilizarme de lo que pudiera ocurrir con los caceroladas o posibles actos de violencia. Es una especie de pánico del Estado donde la toman contra activistas y gente comprometida con el cambio democrático por el gran malestar social que está ocurriendo en el país. Cuba se ha convertido en una especie de Super Bowl, (Super Cazuela en cubano) donde todos los ciudadanos con un cucharón o badajo hacen sonar en clave cubana. Es un estado de pánico que reprime en nombre de la sociedad socialista y ahora en nombre de la reconstrucción capitalista (por las reformas presentadas por el gobierno) de nuestra sociedad", constató para EL MUNDO Manuel Cuesta Morúa, presidente del Consejo para la Transición Democrática (CTDC).

Represión preventiva, como lo ha bautizado la organización Prisoners Defenders (PD), tras comprobar la cascada de detenciones selectivas para impedir movilizaciones. Y todo ello cuando Cuba rompe récords en número de presos políticos, parte fundamental del plan terror impuesto tras el 11-J para controlar a los cubanos. Según PD, ya son 1.306 las personas encerradas en las mazmorras castristas por motivos políticos, el triple que el chavismo pese a que la población de Venezuela es tres veces mayor.

"La represión no para, es lo único que administra el régimen en un país que se cae a pedazos. En junio ocurrieron al menos 300 acciones represivas por motivos políticos", sintetizó para EL MUNDO Yaxys Cires, director de estrategias del Observatorio Cubano de Derechos Humanos.

"Desde el estallido social de 2021 todos los años en esta fecha hay una gran vuelta de rosca de la represión. Ellos temen mucho a la fecha, de hecho he dedicado textos al 11-J y uno lo titulé la victoria pírrica porque celebraron como gran victoria que no se repitiera un estallido social. La diferencia de este año es que la situación ha tocado fondo con el ultimátum del Gobierno de Trump y con la gente desesperada porque no hay vida: no hay corriente eléctrica prácticamente nunca, la alimentación es muy difícil porque no hay gas ni electricidad ni carbón para cocinar. Están muy tensos y tienen mucho miedo. Las protestas no han podido quebrar al estado represor, pero el estado represor tampoco ha podido quebrar las protestas ciudadanas", confirmó a este periódico la académica Alina Bárbara López, una de las principales referencias de la disidencia en el interior de la isla.

No es que las cosas no hayan cambiado desde el 11-J, es que, tal y como confirman las distintas voces consultadas por este periódico, están mucho peor. Casi dos millones de jóvenes se fueron de la isla en un exilio obligado, mientras la crisis socioeconómica asfixiaba a sus familias dentro de la isla.

Pero la sociedad no es la misma, como adelanta la manifestante anónima que abre esta crónica y corrobora el historiador Armando Chaguaceda: "Hubo un quiebre psicosocial y el pueblo ha aprendido la experiencia de la protesta. Saben que van a apresar a alguno de ellos, pero también saben que si protestan, el Gobierno les dará luz y agua por un rato".