En pleno Chamartín (Madrid), una joven familia con un niño pequeño reescribe por completo la historia de su vivienda, un piso de 180 m² construido en 1969 que, tras cinco meses de reforma integral a cargo de Helena Martín (www.helenamartin.es), se abre a la luz y la comodidad. Los espacios pasan de estar fragmentados y obsoletos a tener tránsitos fluidos y una estética plenamente contemporánea.
El objetivo del proyecto fue claro: liberar metros, conectar estancias y adaptar la distribución a un modo de vida actual. El resultado apuesta por un gran espacio central donde salón, comedor y cocina dialogan con naturalidad, acompañado de cuatro habitaciones (tres dormitorios y un despacho) pensadas para el presente y el futuro de la familia. La intervención se completa con una cuidada selección de materiales naturales, tonos claros y guiños de personalidad (como maderas teñidas o paredes de espejo) que dotan al conjunto de un estilo moderno con carácter.
En este piso, cada metro cuenta. La premisa del proyecto fue clara desde el principio: eliminar las zonas de paso y los espacios residuales para transformarlos en algo útil, bello o ambos a la vez. Pero eficiencia no tiene por qué reñirse con calidez. "Aun así, en el estudio siempre intentamos que el recibidor sea un espacio diferenciado, capaz de ofrecer cierta privacidad al salón, de modo que desde la puerta de entrada no se perciba directamente la zona de estar", revela Helena.
La solución llegó en forma de pieza única: un espejo envejecido enmarcado en una estructura de roble que nace del suelo y se ancla a la viga superior, dividiendo sutilmente el umbral de llegada del corazón del salón. Funcional (porque, ¿quién no agradece un espejo al salir de casa?), actúa como un filtro visual que invita a descubrir el espacio de forma gradual, en lugar de mostrarlo todo de golpe.
Las cromáticas en el salón son sobrias: blanco, negro, crudos y grafitos forman una paleta contenida que convierte el ambiente en un ejercicio de equilibrio. "Para que no resultase excesivamente minimal, usamos una alfombra de fibras que daba calidez [adquirida en Rue Vintage 74]", detalla la artífice del proyecto.
El verdadero golpe de efecto del espacio, sin embargo, lo protagoniza el sofá de Studio Bañón; su disposición en curvaabraza la estancia y le otorga una amabilidad que ninguna línea recta podría lograr. Completan el ambiente fotografías de gran formato de la galería de arte madrileña YellowKorner, en perfecta sintonía cromática con el resto.
El salón ya es amplio y luminoso de por sí, pero hay un truco visual que lleva la sensación de espacio un paso más allá. La fotografía en gran formato ubicada junto a la ventana (seleccionada, de nuevo, en YellowKorner) actúa como un auténtico trampantojo: el ojo interpreta la imagen como un plano que se aleja, casi como si la pared se abriera hacia otro lugar, acentuando aún más la profundidad de la estancia.
En el comedor las baldas, que hoy exponen una galería de fotografías en blanco y negro, nacieron con otra vocación: albergar una vajilla especial. Fue la arquitecta e interiorista quien, al intuir el potencial de ese fondo de imágenes, decidió darles su uso actual. Frente a ellas, la mesa (con acabado tipo microcemento, pie en pedestal y un diámetro generoso) se impone como absoluta protagonista del espacio.
Respecto a la iluminación, destaca la ausencia de lámpara colgante, una elección de lo más deliberada. "Queríamos que la zona de comedor se pudiese convertir, en un momento dado, en un rincón de lectura, si los clientes decidían darle una vuelta a su uso. Colocar lámparas colgantes condicionaba mucho la forma de usar el ambiente, así decidimos iluminar de una forma más técnica, mediante carriles de focos negros", explica la fundadora de Estudio Helena Martín.
Verde refrescante y roble cálido: la cocina que rompe con el salón
La encimera cobra mucha importancia en una cocina. En este caso, la elección fue una piedra natural Mont Blanc, de veta marcada pero suave, que recorre tanto la isla como el frente de cocinado y el chapado de pared, unificando el espacio con un solo gesto. "Siempre pensamos que la encimera es lo que tiene todo el peso visual dentro de la cocina", detalla Helena. Para acompañarla, la madera de roble aclarado aporta la calidez que se buscaba en un espacio de estas dimensiones. Y si el salón apuesta por una paleta sin color, la cocina se permite un pequeño guiño: un verde aplicado en la isla que relaja el ambiente sin renunciar a la sobriedad. Este módulo central concentra además dos de las funciones clave del espacio: la barra y la zona de aguas.
Dos espacios, dos ritmos: así funciona esta cocina familiar
La isla no solo resuelve la zona de aguas: incorpora una barra pensada para los momentos más ligeros del día, ese desayuno rápido o la copa en compañía mientras se cocina. Pero en una casa con un niño donde la cocina tiene uso real y constante, hacía falta algo más. El office adjunto asume el rol del comedor cotidiano de la familia: aquí se desayuna, se come y se cena en el día a día. Para configurarlo, se apostó por mobiliario de jardín de Rue Vintage 74, una elección que contrasta con intención con las líneas más depuradas de la cocina y le inyecta un carácter informal y algo inesperado.
Formas divertidas, materiales sobrios: el baño infantil que no lo parece
El piso cuenta con dos baños y un aseo de cortesía. En concreto estamos viendo el baño destinado al hijo. "Siempre intentamos que estos espacios no sean excesivamente infantiles y envejezcan bien", explica Helena. La apuesta fue clara: buscar el punto de diversión en las formas, no en los materiales. El espejo de medialuna y las lámparas tipo globo aportan ese guiño juguetón. El resto habla un lenguaje más sobrio: piedra en dos tonos en el suelo y la hornacina, y cerámica de pequeño formato con brillo en las paredes, colocada con un despiece especial que genera un contraste sutil, pero de mucho carácter.
La habitación donde la sobriedad se tomó un descanso
En una casa de líneas contenidas y paleta de color sobria, la habitación infantil se permitió una licencia. El techo, pintado con franjas rojas que evocan la carpa de un circo, concentra todo el protagonismo de la estancia y le otorga ese toque de carácter que el resto de la casa no necesitaba. Un guiño divertido y deliberado en el único espacio donde la neutralidad podía (y debía) ceder el paso a algo más.
El baño de la suiteya partía con ventaja: amplio, luminoso y diseñado para dos. Doble lavabo, doble espacio, y una solución de almacenaje que resuelve el día a día sin renunciar a la estética. El almacenaje se resuelve con gavetas voladas y, en la parte superior, unos armarios tipo botiquín con frente de espejo.
El espejo se extiende de suelo a techo, camuflando los volúmenes y amplificando la luminosidad natural de la estancia.
Armario y estantería: una solución híbrida para un dormitorio único
En el dormitorio principal, a los pies de la cama se dispone un armario ropero de gran capacidad, de casi 5 metros de largo, que resuelve las necesidades principales de almacenaje. Sus puertas lacadas se integran con las paredes, aportando continuidad visual y un acabado limpio.
En uno de los laterales de la cama, se opta por una solución más ligera y decorativa: un mueble con puertas enteladas, cajones y estanterías vistas. Realizado en roble aclarado, incorpora cajones y dos puertas revestidas con una tela de rayas de inspiración mediterránea de Gancedo, aportando calidez y un carácter más personal al espacio.
Taburetes en lugar de mesitas: un gesto sencillo con gran impacto
Las mesitas de noche se reinterpretan con una solución poco convencional: en lugar de piezas tradicionales, se utilizan taburetes de madera con una fuerte presencia visual, acompañados de flexos que proporcionan una iluminación puntual ideal para la lectura antes de dormir.
El proyecto de reforma e interiorismo culmina en algo difícil de fabricar: una casa que realmente se siente como propia. La pareja propietaria, que vive aquí con su hijo pequeño, encontró en el resultado todo lo que buscaba: espacios cómodos, funcionales, donde cada rincón respira amplitud sin perder su identidad. "La propuesta perseguía precisamente ese equilibrio: generar continuidad visual y sensación de amplitud, sin renunciar al carácter propio de cada estancia", explica Helena. Y es así como la reforma transformó un piso anodino en un hogar de ensueño.