El Estrecho de Ormuz, el cuello de botella donde se decidirá esta guerra
Por capricho de la orografía, la península arábiga es como una cabeza de rinoceronte que se abre paso entre el Golfo Pérsico al este y el mar Rojo al oeste. Hacia su extremo, nace el cuerno que amenaza con clavarse en el bajo vientre de Irán y crea el llamado Estrecho de Ormuz, un corredor marino de tan solo 39 kilómetros de ancho que, en estos momentos, se ha convertido en el punto geopolítico más caliente del planeta, ya que es en sus cálidas aguas donde van a decidirse cuánto dura esta guerra, quién la gana, quién la pierde y si, entre tanto, vamos de cabeza a una crisis económica global.
Por delante de esa península puntiaguda, con Dubai en su base y Omán en su punta, pasaban hasta hace unos días 20 millones de barriles de crudo y sus derivados (el 20% del consumo mundial), que se une al 21% del gas licuado (GNL) de todo el planeta, o sea, que circula una quinta parte de toda la energía fósil consumida en el mundo. Los grandes petroleros entran y salen por dos autopistas marítimas de tan solo tres kilómetros de ancho ida y vuelta.
Irán está usando pequeñas lanchas para colocar minas en sus aguas en vez de grandes barcos que podrían ser hundidos al instante. Fuentes de inteligencia de EEUU aseguran que Irán conserva todavía hoy entre el 80% y el 90% de sus pequeñas embarcaciones y buques minadores y los estaría usando ahora mismo en Ormuz. Cada una de ellas porta de dos a tres minas de fabricación rusa. Mientras tanto, Donald Trump aseguró ayer que había desmantelado «todos los buques en una noche».
El régimen de los Ayatolás, envalentonado, ha agarrado a Occidente por sus partes más débiles y ha comenzado a estrangularlas. Amenazan ya "con un barril de petróleo a 200 dólares", una cifra inasumible. "No permitiremos que ni un solo litro de petróleo llegue a Estados Unidos y sus socios", declaró un portavoz militar iraní.
Las cancillerías occidentales asisten impotentes a algo que todos sabían que podría pasar pero que nadie ha podido evitar que suceda: Irán ha cerrado el grifo a sus embarcaciones y ha atacado al menos a tres petroleros que pretendían romper el bloqueo. Son el granelero Mayuree Naree de bandera tailandesa, el portacontenedores ONE Majesty, con pabellón de Japón, y el carguero Star Gwyneth, con los colores de Islas Marshall, tres columnas de humo negro sobre el mar que funcionan como un contundente aviso a navegantes.
Sin embargo, el régimen de Irán está dejando pasar a aquellos cargueros vinculados a su propia flota y a China, según publica The Wall Street Journal. En las páginas de seguimiento marítimo que abundan en internet no se aprecia ningún movimiento, pero es porque, simplemente han apagado su transpondedor para pasar desapercibidos. Como si saltaran al andén 9 y 3/4 de Harry Potter, estos grandes petroleros de más de 300 metros de eslora navegan hacia un extremo y, tras desaparecer misteriosamente por unas horas, vuelven a hacerse metal y crudo al otro lado del estrecho, en el mar arábigo, justo donde está fondeado el súperportaviones USS Abraham Lincoln. Otros dos están desplegados en la zona, a los que se unirá el Charles de Gaulle de Francia, una armada que no se veía desde la Segunda Guerra Mundial.
Durante las últimas seis décadas, el plan de Estados Unidos y sus socios para mantener el Estrecho de Ormuz abierto al tráfico era amenazar a Irán con el uso de la fuerza. Al iniciar la guerra junto a Israel, Trump ha eliminado esa amenaza y ahora se ha quedado sin palancas para frenar al régimen de Teherán, que lucha por su supervivencia. El gran oleoducto que Arabia Saudí construyó para unir el Golfo Pérsico con el mar Rojo solo sirve para comprar algo de tiempo, pero no soluciona el problema.
Las navieras perjudicadas por este escenario han pedido a la marina de EEUU que los escolte por ese paso marítimo, pero la respuesta ha sido negativa. ¿Pueden los poderosos barcos de guerra estadounidenses, por muy tecnológicos que sean, detener enjambres de cientos de drones baratos, pero con la capacidad real de dejar fuera de juego a cualquier petrolero? Aún no hemos visto entrar en juego drones marítimos, pero Irán los tiene y podrían ser el terror de estos colosos del oro negro. El error de cálculo puede costar muy caro a las aspiraciones bélicas de Donald Trump.
Tres equipos de asesores ucranianos llegan esta semana a Arabia Saudí, Qatar y Emiratos Árabes. No lo hacen con las manos vacías, sino con miles de interceptores antidrón fabricados por Kiev y probado en el combate más sangriento y exigente del mundo, el frente del Donbás. Cabe preguntarse porqué Estados Unidos rechazó el ofrecimiento de ayuda de Volodimir Zelenski el año pasado para compartir su tecnología antidrón y ahora busca un plan a la desesperada para desatascar ese cuello de botella energético.
Los asesores ucranianos no harán milagros pero mostrarán a estos países el camino a seguir para minimizar daños, blindar sus infraestructuras críticas y tratar de derribar la mayoría de estas modernas V-1 que Hitler lanzaba sobre Londres. El blitz de los Ayatolás sobre los países del golfo se ha intensificado en las últimas horas con nuevos lanzamientos de misiles y drones, que han incorporado tecnología rusa a su propio modelo Shahed 136. Dos de ellos cayeron junto al aeropuerto de Dubai, lleno de gente que busca un avión para salir de allí. Las refinerías de Emiratos Árabes han anunciado que detienen su actividad, igual que han hecho las de Qatar. Si reciben el ataque de un misil en pleno funcionamiento los daños serían mucho peores. Ayer ardían los depósitos portuarios de Salaláh, en Omán, atacados por otro drón.
Javier de Blas, analista del canal económico Bloomberg, asegura que Emiratos Árabes Unidos está gastando aproximadamente 28 dólares en defensa de su espacio aéreo por cada dólar que gasta Irán en atacarlo. Así es esta nueva guerra de salvas, en la que gana el que sea capaz de saturar las baterías del enemigo y agotar sus misiles. Si los arsenales de los carísimos Patriot se agotan, el interceptor que usan los aliados de EEUU, Irán va a tener barra libre para quemarlo todo.
Mientras, las grandes navieras cuentan las pérdidas en millones de dólares. Maersk tiene 10 portacontenedores atrapados dentro del Golfo Pérsico de los más de 400 grandes barcos de transporte que hay en su interior con otros 200 esperando fuera. Es el 10% del tráfico mundial de este tipo de embarcaciones metido en un embudo.
"Cualquier petrolero de EEUU y sus aliados es un objetivo legítimo de Irán", dice la Guardia Revolucionaria. Uno de los comandantes del ejército iraní, que ya actúa como una hidra de varias cabezas, amenazó ayer con atacar centros de poder y bancos, y aconsejó a los ciudadanos de los emiratos del Golfo no acercarse a menos de un kilómetro de estos edificios. Varios bancos internacionales están evacuando a sus trabajadores.
Aún puede ser peor. Si Irán activa a otra de sus milicias por delegación, los hutíes de Yemen, podría afectar también al tráfico en el golfo de Adén y el mar Rojo, como ya hicieron en 2023 al secuestrar petroleros y atacarlos con drones, lo que supuso un descenso del 70% de la navegación total en esas aguas durante semanas. La alternativa de los barcos a ese bloqueo sería dar toda la vuelta a África por el cabo de Buena Esperanza, una ruina en términos de tiempo y dinero.
Irán ha descentralizado la toma de decisiones y se estima que hay al menos 31 comandantes disparando drones en la costa norte del Estrecho de Ormuz sin hacer caso de órdenes superiores, exactamente el escenario de guerra para el que Irán ha estado décadas preparándose.
