Un apartamento con alma en Montpellier: historia, luz y contraste en 160 m² llenos de personalidad

Un apartamento con alma en Montpellier: historia, luz y contraste en 160 m² llenos de personalidad

En el centro histórico de Montpellier (sur de Francia), dentro de un hôtel particulier de 1647, este apartamento de 160 m² recupera la belleza de la arquitectura clásica y la combina con una mirada mucho más actual. La intervención, firmada por Faure Architecte, preserva molduras, puertas originales, chimeneas y piedra antigua, pero introduce gestos contemporáneos que cambian por completo la atmósfera. El resultado es una casa con alma, historia y personalidad, donde cada espacio encuentra su equilibrio entre memoria, luz y diseño.

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Fachada© Isabela Mayer

Un edificio con gran peso histórico

Un hôtel particulier de 1647 en el centro histórico de Montpellier es la ubicación de esta vivienda. El edificio, catalogado como patrimonio, cuenta con un patio y una fachada interior que dejan ver la singularidad del inmueble. El exterior marca la importancia de preservar la esencia interior. No es solo un apartamento bonito por dentro; es una vivienda que forma parte de una arquitectura con muchísima memoria

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Salón© Isabela Mayer

La mezcla entre herencia arquitectónica y vida contemporánea

La imagen general del salón permite entender mejor la esencia del proyecto. Las chimeneas originales, las proporciones generosas y la luz que entra por los grandes huecos conviven con una distribución pensada para una manera de vivir actual. También se aprecia la mezzanine, el término francés que se refiere al altillo o doble altura. Ese espacio ya existía cuando se adquirió el apartamento y funciona como despacho y zona de paso hacia los dormitorios. Lo que hizo el estudio Faure Architecte fue intervenir en su parte inferior para ocultar la estructura metálica que resultaba demasiado visible y suavizar así su presencia dentro del conjunto.

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Salón© Isabela Mayer

La luz y la escala convierten un rincón sencillo en un espacio con carácter

En esta zona del salón se aprecia muy bien cómo se ha trabajado la casa desde la sencillez. Los ventanales de gran altura, las cortinas en un tono cálido y la piedra del suelo restaurada aportan una atmósfera serena, casi silenciosa. Frente a esa base clásica, piezas de mobiliario más actuales y otras con un punto vintage introducen personalidad sin recargar. Es una forma muy inteligente de actualizar un interior histórico: no llenarlo de cosas, sino elegir pocas y con presencia.

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Salón© Isabela Mayer

Las piezas originales se conservan y se convierten en el verdadero lujo de la casa

La chimenea del salón, original y realizada en piedra marmórea y yeso, resume muy bien el espíritu de la intervención. No se trata de borrar el pasado, sino de darle presencia y dejar que siga contando la historia del apartamento. A su alrededor, el mobiliario y la decoración se mueven con mucha libertad entre lo clásico y lo contemporáneo, creando un ambiente cálido y personal. 

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Comedor© Isabela Mayer

Un comedor donde la arquitectura original predomina

La altura de techo, las molduras conservadas, la chimenea original y las proporciones monumentales construyen una escena elegante y nada rígida. Aquí, la intervención no compite con el mobiliario. La mesa blanca de líneas limpias, las sillas ligeras y una lámpara escultórica que introduce un contrapunto contemporáneo dejan que la arquitectura y los materiales se impongan.

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Cocina con isla© Isabela Mayer

Una isla de casi cinco metros

La isla central en la cocina, de aproximadamente 1 x 4,70 m, marca por completo esta estancia y la convierte en un lugar de reunión. El volumen se reviste con azulejo negro y se remata con puertas de la firma CUBRO. El resultado es una isla mucho más expresiva que una cocina convencional. Esa combinación entre superficies mates y acabados más brillantes introduce matices y evita que el conjunto resulte plano. 

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Cocina con muebles en negro© Isabela Mayer

La cocina negra rompe con lo esperado

Esta otra imagen de la cocina muestra la distribución lineal, resuelta solo con muebles en negro, de la pared. En un lugar tan cargado de historia, la elección de frentes oscuros aporta contraste, profundidad y una lectura menos clásica del espacio. Lejos de endurecerlo, esta solución subraya la belleza de la piedra existente y refuerza el carácter del proyecto. Los frentes negros son de CUBRO, y encajan especialmente bien por su diseño sobrio, elegante y mate, capaz de dialogar con los materiales antiguos sin caer en una estética fría.

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Entrada© Isabela Mayer

Una entrada más íntima y ligera gracias a un separador que deja pasar la luz

En recibidor se creó una pantalla visual con celosías blancas que ocultan la puerta de entrada sin restar luminosidad. La solución encaja perfectamente con el lenguaje del proyecto porque introduce una pieza contemporánea y funcional dentro de una arquitectura muy marcada. 

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Galería© Isabela Mayer

Una galería pintada en verde azulado

Esta galería acristalada funciona como anexo del salón y suma vistas al patio interior, además de una entrada de luz magnífica. Su color verde azulado introduce un cambio de tono muy sutil pero muy efectivo dentro de una casa dominada por bases neutras, piedra y blancos rotos. Es uno de esos rincones que añaden personalidad sin necesidad de grandes artificios y que demuestran cómo el color, bien usado, puede transformar la atmósfera de una vivienda histórica.

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Altillo© Isabela Mayer

El altillo, uso extra sin romper el ritmo

La mezzanine o el altillo ya existía en el apartamento y hoy funciona como oficina y zona de paso hacia los dormitorios. Su presencia introduce un segundo nivel dentro de una vivienda de techos altísimo. La intervención buscó precisamente integrar este ambiente mejor en el contexto, disimulando la estructura metálica inferior para que el conjunto se percibiera de una forma más limpia. 

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Dormitorio© Isabela Mayer

Un dormitorio sereno

Tras la rotundidad de algunos espacios comunes, el dormitorio apuesta por una atmósfera más contenida. Aquí todo está pensado para transmitir calma: tonos suaves, líneas simples y una selección de piezas muy medida. Además, en esta zona se creó un vestidor para la propietaria. El resultado mantiene la personalidad de la casa, pero con un lenguaje mucho más íntimo y descansado.