El ex primer ministro Édouard Philippe despunta como favorito para enfrentarse a Le Pen o Bardella en las presidenciales francesas de 2027
Para el ex primer ministro Édouard Philippe, las elecciones locales han sido un auténtico ensayo de las presidenciales de 2027. Por tercera vez concurrió en las urnas para la Alcaldía de Le Havre, la ciudad portuaria de Normandía, y antes de la cita electoral hizo una apuesta así de alta: si no volvía a ser ser elegido en su propio feudo, renunciaría finalmente a su candidatura al Elíseo.
Al final, no hará falta. Philippe se impuso este domingo con holgura con el 47,71% de los votos, frente al 41,17% de su eterno rival, el comunista Jean-Paul Lecoq, y el 11,12% del aspirante de Agrupación Nacional, Franck Keller. Un resultado que le sirve de trampolín para la auténtica contienda contra Marine Le Pen o Jordan Bardella en las presidenciales del próximo año.
Los candidatos del centro político han sufrido más que nunca ante la creciente polarización del electorado francés en los recientes comicios, pero Édouard Philippe ha emergido por derecho propio como el candidato moderado mejor posicionado para hacer frente al ascenso de la extrema derecha.
Según un reciente sondeo de Ifop-Fiducial para Le Figaro, Jordan Bardella (con el 36%) y Marine Le Pen (34%) se disputan hoy por hoy el primer puesto entre las preferencias de los votantes franceses. Édouard Philippe es el único que les sigue, aunque a una considerable distancia (16%), mientras que el resto de los posibles aspirantes del centro (Gabriel Attal, Gérald Darmanin, Sébastien Lecornu) se quedan bajo el techo del 11%, al igual que el líder de Los Republicanos, Bruno Retailleau, y los candidatos de la izquierda: el insumiso Jean-Luc Mélenchon y el moderado Raphaël Glucksmann.
Édouard Philippe lanzó en 2021 su propia plataforma política, Horizontes, integrada en la amalgama de partidos de centro que respaldan a Emmanuel Macron. El año pasado inició, sin embargo, un calculado desmarcaje del macronismo, acusando al inquilino del Elíseo de la crisis política que vivía el país y pronunciándose incluso a favor del adelanto de las elecciones presidenciales.
Lejos queda ya para la mayoría de los franceses su turbulento mandato como primer ministro entre 2017 y 2020, coincidiendo con la insurrección de los chalecos amarillos, con el primer impulso a la reforma de las pensiones y con el escándalo del favoritismo en los contratos del Covid. El propio Philippe reconocía estos días el contraste entre su virulenta campaña para las elecciones locales en Le Havre en 2020, en las que contó en todo momento con protección policial, y los encuentros más o menos distendidos con sus votantes en 2026, en esos pequeños foros municipales donde mejor se desenvuelve.
"Entender la realidad local es una gran ayuda para entender la realidad nacional", alegaba Philippe ante quienes le criticaron por usar su cargo de alcalde de Le Havre (que simultaneó en su día con el de primer ministro) como simple catapulta para las presidenciales. "Uno puede amar y estar comprometido con su ciudad y su país: ver una contradicción en eso es absurdo", se defendía el posible aspirante al Elíseo. "La verdad es que un político arraigado en su comunidad y en su tierra, que comprende las realidades locales, es capaz de abordar los problemas a los que se enfrenta el país probablemente de una manera más serena y razonable".
"La única razón por la que podría dejar de ser alcalde de Le Havre sería si en 2027, y esto no parece un escenario fácil, llegara a ser presidente", reconoció Philippe ante sus potenciales votantes. "Casi no me atrevo a decirlo, sabiendo lo difícil que sería la tarea. Si ese fuera el caso, no creo que fuera malo para Le Havre".
Nacido en la cercana Rouen en 1970, Édouard Philippe ha demostrado ser, contra viento y marea, profeta en su tierra, pese a sus vicisitudes personales (incluidos el vitíligo y la alopecia areata, que en poco tiempo ha alterado su físico) y pese al patente retroceso de los partidos de centro frente al auge de la extrema derecha.
"Quienes pretenden impulsar a Agrupación Nacional están produciendo un efecto que no es el que buscaban", se defendió Philippe ante los intentos de torpedear sus aspiraciones como alcalde para acabar de paso con su candidatura a las presidenciales, la única que hoy por hoy podría hacer sombra en una segunda vuelta a Le Pen o a Bardella.
A su manera, el ex ministro del Interior Bruno Retailleau también ha aprovechado las elecciones locales para impulsar su candidatura como líder de Los Republicanos, rechazando la oferta de Bardella de una unión de las derechas. El ministro de Justicia, Gérald Darmanin, ex protegido de Sarkozy fugado a las filas del macronismo, también acaparó titulares con la espectacular operación anti-narco en Marsella. El ex primer ministro Dominique de Villepin, con el marchamo de La Francia Humanista, ha subido también enteros con sus intervenciones contra la guerra de Irán. Al centro perdido no le faltan pretendientes, pero la polarización del electorado francés -salvo algunas excepciones locales- es cada vez más patente.