El rugido de la derecha en América Latina

El rugido de la derecha en América Latina

El mapa político de América Latina se está tiñendo de azul. No es una simple alternancia democrática; es un viraje profundo y acelerado hacia la derecha que se consolida con cada proceso electoral.

El triunfo de Abelardo de la Espriella, “El Tigre”, en las elecciones presidenciales de Colombia es el último y más claro síntoma de una región que parece haber llegado al límite de su paciencia con los experimentos de la izquierda.

Entre el hartazgo social interno y la sombra del presidente Donald Trump desde la Casa Blanca, el panorama continental se está reconfigurando por completo.

El desplome de la izquierda colombiana es un reflejo de cómo un proyecto político puede implosionar bajo el peso de sus propios errores. El presidente saliente Gustavo Petro deja una herencia tan cargada de escándalos que su delfín político, Iván Cepeda, lo pagó en las urnas.

Las acusaciones que minaron su credibilidad son demoledoras: desde los señalamientos de su propio hijo sobre presuntos financiamientos del narcotráfico en su campaña electoral, pasando por agudas crisis de gobernabilidad interna, hasta un errático manejo de las relaciones exteriores.

Este desgaste no es exclusivo de Colombia. Hay un síntoma generalizado de fatiga social frente a administraciones de izquierda que, lejos de cumplir sus promesas de equidad, han terminado por empobrecer aún más a sus sociedades.

La máxima de sus gestiones se ha reducido a la implementación de programas asistenciales que carecen de un propósito productivo o de trascendencia a largo plazo; subsidios que alivian el día a día, pero que no generan desarrollo real ni sacan a la población de la vulnerabilidad.

Hoy, los bastiones tradicionales de la izquierda en la región se cuentan con los dedos de una mano. El bloque radical sufre su peor momento: Cuba y Nicaragua se ahogan en el aislamiento, mientras que Venezuela vive bajo el interinato forzado de Delcy Rodríguez, tras la intervención de Washington contra Nicolás Maduro.

Por otro lado, la izquierda moderada de Brasil, Uruguay y México resiste a duras penas los embates y presiones de Trump, quien utiliza como ariete la lucha contra el narcotráfico y las revisiones comerciales como las del T-MEC.

En este tablero, la Casa Blanca ha sabido jugar sus cartas mediante el denominado “Escudo de las Américas”. Bajo la bandera de combatir la migración irregular y los carteles de la droga, Trump ha desplegado un agresivo plan para recuperar el terreno geopolítico que Estados Unidos descuidó durante décadas y que fue hábilmente aprovechado por China.

Con este paraguas ideológico, Washington ya alinea en sus filas a El Salvador, Argentina, Ecuador, Costa Rica, Chile, Honduras, Paraguay y, de forma inminente, sumará a Colombia y Perú.

Con la eventual llegada de Keiko Fujimori al poder en Perú –tras cuatro intentos y en medio de un crónico laberinto político de inestabilidad–, Sudamérica quedará prácticamente blindada por la derecha.

La izquierda latinoamericana está hoy en la lona. La gran interrogante es si esta nueva derecha logrará construir un modelo de desarrollo sostenible o terminará siendo víctima de las altísimas expectativas de una región históricamente insatisfecha.

POR ISRAEL LÓPEZ GUTIÉRREZ

COLABORADOR

@PAPADEPONCHO

ISRAEL.LOPEZ@ELHERALDODEMEXICO.COM

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