El terremoto de San Narciso en el año 1900: el precedente del seísmo que hoy sacude Venezuela
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Mucho antes de que el terremoto de magnitud 7,5 sacudiera este miércoles Venezuela, el país ya había vivido un seísmo de dimensiones comparables. Ocurrió el 29 de octubre de 1900, a las 4.42 de la madrugada, cuando un terremoto de magnitud estimada entre 7,6 y 7,7 devastó Caracas y buena parte del litoral central en el episodio que pasaría a la historia como el terremoto de San Narciso, llamado así por coincidir con la festividad de ese santo.
Según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), aquel terremoto sigue siendo el mayor registrado instrumentalmente en Venezuela y constituye el principal precedente histórico de los seísmos que ayer miércoles castigaron duramente la zona costera de La Guaira y han azotado Caracas y otros estados del país caribeño. Venezuela ha declarado el estado de emergencia y el "número de muertos es devastador".
La Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis) atribuye al terremoto de San Narciso una magnitud de 8,0, mientras que el Servicio Geológico de Estados Unidos y varios estudios científicos publicados en los últimos años han recalculado el evento en una magnitud de entre 7,6 y 7,7. Esa diferencia responde a la revisión moderna de los datos históricos, ya que en 1900 no existía una red instrumental capaz de medir el terremoto con los estándares actuales.
El seísmo causó 21 muertos y más de 50 heridos, según Funvisis y el informe histórico utilizado por el USGS. Los daños fueron enormes en Caracas. Resultaron gravemente afectadas la Catedral, las iglesias de San Francisco, Santa Capilla, San José, La Pastora, Las Mercedes, La Trinidad, Santa Teresa y Santa Rosalía, además de numerosos edificios públicos y viviendas particulares.
En el litoral central los efectos también fueron devastadores. En Camurí se abrió una grieta de unos 300 metros; en Naiguatá la iglesia quedó completamente destruida; un fuerte oleaje afectó a Macuto; cayeron las líneas telegráficas y numerosos derrumbes interrumpieron el ferrocarril entre Caracas y La Guaira. En Guatire se desplomaron el templo parroquial, la sede del Gobierno, el juzgado, el Registro y 237 viviendas, mientras que en Guarenas otras 72 casas sufrieron graves daños.
El terremoto también se dejó sentir en Valencia, Aragua de Barcelona, Barcelona, Píritu, Upata, El Callao, Ciudad Bolívar y San Fernando de Atabapo. Los investigadores documentan además numerosos efectos geológicos, como deslizamientos de tierra, caídas de rocas, aludes sísmicos, eyecciones de arena y agua y otros fenómenos asociados al intenso movimiento del terreno.
«Unas 300 construcciones se derrumbaron»
La dimensión del desastre tardó semanas en llegar al resto del mundo. El 17 de noviembre de 1900, el New York Times publicó un despacho recibido en Washington por el encargado de negocios de Venezuela que resumía así la situación:
«Unas 300 construcciones se derrumbaron; la torre de la universidad y varios campanarios cayeron, y los edificios del Gobierno resultaron más o menos dañados. Gran parte de la población vive ahora en tiendas de campaña».
El periódico añadía que gran parte de la población vivía en tiendas de campaña, que la legación estadounidense había quedado inutilizada y que el entonces presidente Cipriano Castro, sorprendido por el terremoto en la Casa Amarilla, saltó por una ventana y se lesionó un tobillo. La anécdota ha permanecido en la memoria histórica venezolana y es recogida también por Funvisis.
La prensa venezolana también dejó testimonios de enorme fuerza. El periodista Armando Blanco escribió pocos días después en el diario El Tiempo que «a las 4 y 42 minutos de la madrugada del 29 sobrevino de repente un terremoto que duró como 25 segundos. El traqueteo fue terrible, jamás sentido ni escuchado por los actuales habitantes de Caracas».
Más de 250 réplicas y el nacimiento de la sismología venezolana
El terremoto no terminó aquella madrugada. Funvisis documenta que durante los meses siguientes se registraron más de 250 réplicas, lo que obligó a muchos habitantes a vivir durante largo tiempo en plazas y solares por miedo a nuevos derrumbes.
El desastre supuso además un punto de inflexión científico. Hasta entonces Venezuela carecía de instrumentos sismológicos. Apenas unas semanas después del terremoto, responsables del Observatorio Cagigal solicitaron al Gobierno la compra de los primeros sismógrafos del país. Los aparatos —conocidos como el "italiano" y el "inglés", por sus fabricantes Agamennone y Ewing— fueron adquiridos en 1901 e inauguraron la observación instrumental de los terremotos en Venezuela, aunque su funcionamiento era todavía rudimentario.
Aunque Venezuela sufrió después terremotos importantes, como los de 1967, 1997 o 2018, ninguno había alcanzado una magnitud comparable a la del histórico San Narciso. Más de un siglo después, el nuevo seísmo vuelve a situar aquel episodio como la gran referencia de la historia sísmica del país.