Elaine Vilar madruga: Cuba es mi maleta de viaje

Elaine Vilar madruga: Cuba es mi maleta de viaje

Elaine Vilar Madruga (La Habana, 1989) necesita electricidad para escribir, pero la han cortado. Otro apagón más en la isla que se puede extender más de 30 horas, y ella que jamás se acostumbró a trabajar con la pluma, sobre el cuaderno. “Yo no escribo en papel, ni a mano, yo escribo en una computadora, requiero la energía eléctrica para poder trabajar”, dice.

Ahora está en Toronto, desde hace algunos años se ha convertido en una escritora cosmopolita, que pasa distintas temporadas en Estados Unidos, Canadá, España, Chile, Francia, Italia, México, y por supuesto, Cuba. “Evidentemente soy una persona que está dentro y fuera a la vez. Siempre digo que soy un cuerpo migrante a medias, pero tengo a mi familia de ese lado y sé lo que viven y lo que sufren”.

En Cuba está su madre y su perra, pero también están “el amor a la tierra y las cenizas de mis muertos y de mis muertas, está mi cultura, mi idioma, mi música”. Vilar Madruga es una máquina a la hora de hablar, nunca titubea, siempre tiene una respuesta, igual de sustanciosa que su producción literaria que incluye cuento, novela, teatro y poesía, además de libros para niños.

Foto: Mauro Cantillo y Cortesía

El éxito le ha llegado como avalancha tras la publicación de El cielo de la selva (Elefanta Editorial), novela que en México tiene ya cinco reimpresiones. Se trata de una historia fantástica y tétrica donde las mujeres y la espesura del paisaje son protagonistas: “La selva no es solo un territorio físico, también es el territorio simbólico de pesadillas, de terrores, un cuerpo metafórico y un cuerpo en el cual hay que hurgar, como nosotras cuando intentamos recuperar las historias de nuestros ancestros”.

En Cuba, bromea, “ni selva tenemos. Tenemos monte, es el equivalente cubano de la selva”. En ese lugar nació su padre, quien le contaba historias del “niño salvaje” que era jugando “en la oscuridad, en la tristeza y la belleza del monte”. Pero aunque Cuba carezca de selva, Elaine ha escrito una historia que abreva de la literatura selvática que se ha hecho en Latinoamérica.

“La literatura no nace de la nada, uno siempre bebe de otras aguas que corrieron por un río semejante al que tú estás cruzando ahora. Así me pasó a mí, me pasó con La vorágine, me pasó, por supuesto, con Quiroga que es una de las marcas más fuertes de mi lenguaje y de mi manera de concebir el mundo, y de mi selva también, de mi selva imaginada”.

Foto: Mauro Cantillo y Cortesía

De vuelta nuevamente a Cuba, Elaine recuerda que el libro se escribió en La Habana, también su próxima novela La piel hembra, que publicará Alfaguara en julio próximo: “Las dos novelas las escribí en una crisis nacional, esencialmente que afecta a todos los servicios, desde los básicos hasta la conectividad, el internet. Estas novelas se terminaron en sendos apagones en La Habana”.

Cada vez que Elaine Vilar regresa a la isla y ve sus costas desde la ventanilla del avión no puede dejar de emocionarse: “Es un momento que me recuerda siempre porqué regreso, y ese amor hacia esa isla, que es más que el amor a un trozo de la tierra, sino a lo que eso significa en nuestras memorias, en nuestras vidas”.

Aunque la literatura la lleva a viajar por el mundo, la escritora dice que siempre lleva a Cuba consigo. “Siempre digo que es mi maleta de viaje, con todos sus pesos y con toda su alegría y con todos sus dolores. Llevo mi historia personal y llevo las historias de mis ancestros y mis ancestras, llevo a mi madre conmigo y llevo el olor de mi isla, el olor al mar, que siempre extraño dondequiera que esté”.

Y aunque las historias de Vilar no hablen directamente de la isla, el país antillano siempre está dentro de sus libros: “Me doy cuenta porque el lenguaje de mis libros, la estructura es siempre una estructura cubana. Con estas historias que son casi que de desparpajo, irónicas, contrapuestas, infelices y felices a la misma vez, como La tiranía de las moscas, o en la poesía y el lenguaje de Las tarántulas (Concreto Editorial, 2025), o qué sé yo, también en la manera en que puedo ver las fracturas de lo real como en Salomé (La pollera, 2025) o en El cielo de la selva.

Entre Salomé y Las tarántulas hay una distancia de más de 12 años. El primero es una historia de ciencia ficción que escribió a los 21 años, sobre los peligros del extractivismo y la opresión sobre los cuerpos femeninos: “Es una novela que centra su eje sobre las dinámicas del poder y de cómo los hombres pueden ser corrompidos ante ellos”.

Foto: Mauro Cantillo y Cortesía

En el segundo, un poemario escrito hace tres años, está la lucha por encontrar el tono de un texto, pero además es “un poco una autobiografía de la persona que soy, de la isla en la que vivo, en la que viví”.

En todos los casos, para Elaine Vilar se trata de “la maravillosa potencialidad de imaginar mundos e imaginar historias”. Escribir es imaginar y ella ve a esa capacidad cognitiva como “el gran músculo de la humanidad” al que hay que entrenar y mantener en forma: “Siempre he querido trabajar ese músculo de la creatividad y de la imaginación, y encontré la manera en ese acto de la escritura que me permitía descubrir lo fantástico”.

Otra vez de regreso a la isla, la autora dice que siempre quiere regresar a su tierra: “Tengo todavía el privilegio de querer regresar a mi país”. Este año espera hacerlo por lo menos una vez, ya que le espera una intensa y apretada agenda de presentaciones. La piel hembra saldrá en junio en España y al mes siguiente llegará al país: “México tenía que ser el primer lugar de Latinoamérica donde la novela diera luz”.

Durante dos años y medio, Elaine ha trabajado en la historia de una mesías, “una mujer en un pueblo enclaustrado, perdido en las montañas, donde está rodeada de un montón de personajes que van a conformar parte de este universo que estoy con muchísimas ganas de que llegue a los lectores”.  

Por Luis Carlos Sánchez

EEZ