Herencias: El talón de Aquiles en Morena
Sin decirlo de manera explícita, el senador Félix Salgado Macedonio le echó en cara a la dirigente nacional de Morena, Luisa María Alcalde, que no lo dejen participar en la sucesión de la gubernatura de Guerrero rumbo a 2027, con el argumento de siempre: él es padre de la gobernadora en turno, Evelyn Salgado, y por eso -según su lógica- no deberían cerrarle la puerta.
Más allá de si “tiene derecho” a ser votado o no, al polémico legislador no le asiste la razón por algo sencillo: las reglas que Morena impuso para sus procesos internos hablan de no heredar cargos de elección popular. Y el candado contra el nepotismo -así se llame o se disfrace- no se inventó para molestar a un senador: se creó para evitar que la política siga siendo un negocio familiar.
Que si Luisa María tiene o no a su hermana en un cargo público relevante, o si sus padres ocupan posiciones de peso en el partido y el gobierno, es otra discusión. Podrá ser tema de crítica, sí, pero no es el mismo caso. Aquí estamos hablando de una sucesión directa en la boleta, del intento de convertir el voto ciudadano en trámite hereditario.
Lo que Morena dice querer evitar -con su discurso y con sus lineamientos- es que familias y castas sigan repartiéndose el poder como si fuera patrimonio, y que el erario sea la herencia más rentable de la política. Porque cuando el cargo se hereda, también se heredan redes, contratos, lealtades y control territorial. Y eso, en los hechos, es una forma de captura del Estado.
Ahí está Zacatecas como ejemplo incómodo: el gobernador David Monreal quiere darle la vuelta a las reglas e imponer como sucesora a la senadora Verónica Díaz, la madre de sus sobrinos, aunque desde Palacio Nacional se entiende que hay otros planes para el estado. Si eso no es nepotismo en modo creativo, entonces ya perdimos el significado de las palabras.
Y qué decir de San Luis Potosí, donde el gobernador Ricardo Gallardo insiste en “heredar” la gubernatura a su esposa, la senadora Ruth González. Pero en Morena crece la idea de que, llegado el momento, el “Pollo” Gallardo podría sacrificarla para negociar otra candidatura -distinta en el nombre, idéntica en el control- con tal de ir juntos, ganar la plaza y mantener el mando sin sobresaltos.
La pregunta no es si Félix puede o no puede competir. La cuestión es otra, más de fondo y más incómoda: ¿Morena va a sostener su regla contra el nepotismo cuando le toque a los suyos, o va a convertirla en un letrero decorativo? Porque la disciplina se presume fácil. Lo difícil es aplicarla en casa.
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FRACASÓ EN LA “REINAUGURACIÓN” del Estadio Banorte el servicio cashless o “sin efectivo”: el sistema de transacciones 100% digitales con el que pretendían eliminar el uso de dinero físico (billetes y monedas) mediante tarjetas de prepago.
Lo que ya es común en festivales, conciertos, eventos y comercios apenas pudo implementarse de forma parcial durante el partido entre las selecciones de México y Portugal, el sábado pasado.
Sin embargo, antes de que terminara el primer tiempo, todo falló. Los asistentes al Coloso de Santa Úrsula tuvieron que volver al efectivo para pagar bebidas y el escaso -o francamente raquítico- servicio de alimentos dentro del estadio.
Para un evento de más de 80 mil espectadores, los organizadores quedaron a deber. Además, fueron evidentes las malas condiciones en las que aún se encuentran varias áreas: pasillos, baños, estacionamiento y hasta las improvisadas hieleras y mesas para vender alimentos y bebidas en algunos túneles de acceso. Todo esto, a poco más de dos meses de la inauguración del Mundial 2026.
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Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: “El futuro llegó… pero no alcanzó el primer tiempo”.
POR ALFREDO GONZÁLEZ CASTRO
ALFREDO.GONZALEZ@ELHERALDODEMEXICO.COM
@ALFREDOLEZ
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