Japón promulga la polémica Ley que cierra la puerta a una emperatriz y busca plebeyos que aseguren el banquillo de la dinastía: "La Monarquía como símbolo de división nacional"

Japón promulga la polémica Ley que cierra la puerta a una emperatriz y busca plebeyos que aseguren el banquillo de la dinastía: "La Monarquía como símbolo de división nacional"

Naruhito se convirtió el 1 de mayo de 2019 en el emperador número 126 de un Japón que presume con orgullo de contar con la dinastía reinante más antigua del planeta, miembros todos los soberanos de un mismo linaje de 2.600 años, descendientes directos de la diosa Amaterasu -la gran deidad del sol-, según la tradición sintoísta. Aunque los expertos coinciden en que los primeros ocupantes del trono del Crisantemo serían en realidad figuras míticas, la institución imperial ha sobrevivido a toda clase de avatares históricos y a la caída de regímenes de todo tipo en el mundo entero.

De esos 126 soberanos, insistimos en una línea de continuidad ininterrumpida, hay ocho mujeres que fueron coronadas como emperatrices. La primera, Suiko, reinó entre el año 593 y el 628 después de Cristo, y lo hizo para preservar a la dinastía en el trono, ante la amenaza del poderoso clan Soga que vio en un vacío de poder la oportunidad de establecer un Gobierno puramente militar. Suiko, entre sus muchas hazañas, es recordada por abrir las puertas del país del sol naciente al budismo. La última emperatriz fue Go-Sakuramachi, quien ejerció como soberana entre 1762 y 1770, mientras su hermanastro el príncipe heredero Hidehito alcanzaba la mayoría de edad.

Pues bien, a pesar de los antecedentes y del papel que las mujeres han tenido en la Monarquía japonesa a lo largo de los siglos -siempre secundario, eso sí, puesto que ni siquiera quienes fueron coronadas emperatrices pudieron transmitir derechos sucesorios, algo que en Japón se ha mantenido por vía patrilineal de forma ininterrumpida-, en la cuarta potencia mundial por peso económico -sólo por detrás de EEUU, China y Alemania- ha entrado hoy en vigor la polémica reforma de la Ley de la Casa Imperial, tras sortear un proceloso trámite parlamentario en las últimas semanas, con el que se pretende hacer frente a la preocupante reducción de miembros de la familia imperial, hasta el punto de que si no se hacía algo se corre el riesgo de que la dinastía Yamato acabe extinguiéndose. Como suena. Pero, lejos de haber aprovechado la oportunidad para que una nueva regulación de la institución la haga más moderna, el Gobierno conservador que lidera la primera premier del país, la conservadora Sanae Takaichi, ha hecho valer su rodillo para sacar adelante una ley bastante ininteligible para el grueso de la población -y no digamos ya para ojos occidentales-, que antes que nada supone un cerrojazo definitivo a que una mujer pueda alcanzar la jefatura del Estado.

Imagen de archivo de la familia imperial en torno a Akihito y Michiko.

Imagen de archivo de la familia imperial en torno a Akihito y Michiko.Getty

Dos son las medidas fundamentales que ven la luz en la remozada Ley de la Casa Imperial japonesa. Por un lado, desde ahora las princesas mantendrán su estatus y, por lo tanto, seguirán realizando tareas de representación de la Corona, aunque se casen. Y es que hasta ahora las féminas de la dinastía se convertían en plebeyas y eran excluidas de la institución, cuando decidían contraer matrimonio con plebeyos -y hoy no tienen otra alternativa, ya que no existe un banquillo de príncipes varones precisamente-. Fue lo que le pasó, sin ir más lejos, a la hija de los anteroriores emperadores y hermana de Naruhito, Sayako, quien dejó de ser princesa y es una ciudadana totalmente anónima desde su paso por el altar en 2005. Eso sí. Ni los futuros maridos ni los hijos de las princesas que se casen tendrán estatus imperial, ni ellas podrán transmitir derechos sucesorios.

Presión sobre el veinteañero Hisahito

Dado que eso es apenas un parche para garantizar que en las próximas décadas siga habiendo un número suficiente de miembros en la dinastía, y como el único varón menor de 60 años -y, por tanto, la esperanza de que se convierta en un gran semental que tenga hijos como si no hubiera un mañana- es el príncipe Hisahito, sobrino del emperador, la polémica ley que hoy recibe luz verde ha incorporado otra medida, que es la de que la familia imperial pueda adoptar a varones menores de 15 años descendientes de las 11 líneas con lejano parentesco con anteriores emperadores y que perdieron su estatus de realeza tras la adopción de la Constitución de 1947. ¿Por qué? Porque aunque a esos varones no se les permita acceder al trono, sus descendientes sí podrían hacerlo. Y es lo que se le ha ocurrido a la clase política conservadora nipona como única solución por si Hisahito no tuviera hijos, o aunque los tuviera llegara un momento en el que se toparan con que el banquillo de machos imperiales no crece. En fin, extraño desde luego que un plebeyo pueda de la noche a la mañana asumir el protocolo de la Corte con las costumbres y tradiciones más rígidas del globo.

La familia imperial está cada vez más envejecida y hoy ya sólo tiene 16 miembros. Y como los únicos que cuentan para la transmisión de derechos sucesorios son los hombres, destaquemos que, salvo el mencionado Hisahito, los únicos varones en la línea de sucesión al trono hoy son su padre Akishino (60 años), actual príncipe heredero, y el príncipe Masahito, un tío del emperador que roza los 90 años, quien, como es lógico, no está pensando precisamente en sentarse en ningún trono.

El príncipe Hisahito (izqda.), junto a sus padres y su hermana Kako.

El príncipe Hisahito (izqda.), junto a sus padres y su hermana Kako.AFP

El acalorado debate que ha generado en la Dieta, sobre todo en la Cámara Alta donde el Gobierno no tiene mayoría, esta reforma de la ley imperial, ha sido muy seguido por una ciudadanía japonesa que ve cómo su anhelo de acabar con la ley sálica no se ha tenido en cuenta. Según una encuesta publicada por Mainichi Shimbun a finales de junio, el 73% de los japoneses está a favor de que una mujer pueda acceder al Trono del Crisantemo, mientras que sólo el 6% se opone. Otro sondeo realizado por Yomiuri Shimbun mostró, en el mismo sentido de avance igualitario, que el 75% apoya que las mujeres de la familia imperial conserven su condición tras el matrimonio, frente al 13% que se opone. En cuanto a la incorporación mediante adopción de descendientes de las antiguas ramas imperiales, el 46% se mostró a favor y el 36% en contra. La cerrazón de la clase dirigente se entiende menos cuando, no se olvide, la férrea ley sálica es producto de las normas promulgadas durante la Era Meiji (1868-1912), y ya hemos dicho que anteriormente sí hubo soberanas en la cúspide del poder.

La princesa Aiko, muy popular

"Existe un amplio apoyo ciudadano a que las mujeres de la familia imperial mantengan su condición tras casarse, mientras que la propuesta de incorporar por adopción a descendientes de las antiguas ramas imperiales divide a la opinión pública. En términos generales, considero que una parte importante de la ciudadanía no está plenamente convencida por el proyecto presentado por el Gobierno. Ello se debe a que la reforma descarta la posibilidad de que la princesa Aiko [hija de Naruhito y Masako], muy popular entre la población, pueda heredar el trono y, en su lugar, pretende preservar la sucesión exclusivamente masculina mediante la incorporación de descendientes de las antiguas ramas imperiales", explica desde Tokio a EL MUNDO Yohei Mori, profesor universitario y periodista especializado en la Casa Imperial japonesa.

La princesa Aiko, junto a sus padres, los emperadores.

La princesa Aiko, junto a sus padres, los emperadores.Reuters

Desde la distancia, cuesta mucho comprender por qué el gobernante Partido Liberal Democrático (PLD), que, junto a su socio minoritario el Partido de la Innovación de Japón, tienen más de dos tercios de los escaños de la Cámara Baja, desoyen así las encuestas. "Uno de los principales factores es la intensa actividad de presión política ejercida por organizaciones conservadoras de carácter religioso, como Nippon Kaigi. Además de su labor de lobby, estas organizaciones cuentan con una capacidad apreciable de movilización electoral a nivel local. Y partidos como el PLD tienen dificultades para oponerse a las posiciones defendidas por estos sectores conservadores religiosos", analiza Mori.

Lobby ultraconservador y religioso

Nippon Kaigi, de ideología ultraconservadora, es uno de los grupos de presión más importantes de Japón y, como otros colectivos que en los últimos años han emprendido campañas de revisionismo histórico que mezclan neonacionalismo con un identitarismo religioso muy fuerte, ha hecho un gran lobby entre la clase política para que el debate sobre la inclusión de las mujeres en la línea sucesoria se quede meramente en los medios. "Hay que tener en cuenta el actual contexto del auge del nacionalismo y de las corrientes excluyentes, un fenómeno que no es exclusivo de Japón y que también puede observarse en diversos países europeos. En un contexto de percepción de declive del poder nacional, sectores conservadores buscan reivindicar la Historia y la tradición del emperador como símbolo del patriotismo. Una analogía aproximada sería imaginar que el líder del RN francés, Jordan Bardella, defendiera la restauración de la dinastía borbónica. Asimismo, la cuestión está relacionada con la polarización de la opinión pública alimentada por Internet y con el auge del populismo. Los populistas de derecha apelan a la Historia y la tradición de Japón, mientras que los populistas de izquierda critican duramente ese discurso. Las redes sociales y el espacio digital se han convertido en un escenario donde esa división se hace especialmente visible", nos dice el profesor Mori.

La Cámara Alta de Japón aprobó ayer, por mayoría simple, la proposición de ley. Casi en tiempo de descuento para que, definitivamente, la Cámara Baja pueda promulgarla hoy, último día de la actual legislatura, tal como exigía la primera ministra. El Partido Democrático Constitucional de Japón, el mayoritario en el Senado, y otras formaciones opositoras votaron ayer en contra, tras una semana de agrios debates en las que el portavoz del PDCJ tachó la nueva ley de "obsoleta" y criticó especialmente la medida de adopción de plebeyos descendientes de antiguos linajes imperiales como algo absolutamente "extraño".

"Del mismo modo que la monarquía española ha desempeñado el papel de símbolo de unidad nacional frente a las divisiones territoriales e ideológicas, la Casa Imperial japonesa está definida constitucionalmente como un símbolo de la unidad del pueblo. Sin embargo, el debate actual corre el riesgo de convertir precisamente ese símbolo de unidad en un símbolo de división nacional", concluye Mori.