Kim Jong-un inaugura el congreso que marcará el rumbo nuclear y económico de Corea del Norte
Actualizado
En la liturgia política de Corea del Norte, los congresos del gobernante Partido de los Trabajadores, celebrados cada cinco años, no son meras asambleas burocráticas de una dictadura. Son rituales de reafirmación ideológica y, sobre todo, escaparates de adoración máxima al líder supremo.
Este jueves, en el corazón de Pyongyang, se inauguró el Noveno Congreso del partido, la reunión política más importante del régimen desde 2021, bajo la batuta del omnipresente Kim Jong-un.
La agencia estatal KCNA habló, como es habitual, de una apertura "con esplendor" en la "capital de la revolución". Tras la retórica épica se esconde una realidad más prosaica: el liderazgo norcoreano redefine cada lustro su hoja de ruta en defensa, diplomacia y economía. Y lo hace en un momento especialmente delicado, tanto en el frente militar como en el económico.
Más de 5.000 delegados, entre ellos unos 200 altos cargos del aparato central, asisten a una cita diseñada para escenificar unidad y disciplina. También participan miles de funcionarios regionales y militares. Un escenario en el que todo converge en la figura de Kim, heredero de una dinastía que gobierna con mano dura desde 1948.
En su discurso inaugural, el líder evitó referencias explícitas a Corea del Sur y a Estados Unidos, tradicionalmente señalados como enemigos existenciales de Pyongyang. Kim centró su intervención en la economía.
"Nuestro partido tiene por delante tareas pesadas y urgentes para impulsar el desarrollo económico y mejorar el nivel de vida de las personas, y transformar todos los aspectos de la vida social del país lo más rápido posible", manifestó.
Tras años de sanciones internacionales por su programa nuclear y el cierre más hermético de fronteras durante la pandemia, la economía norcoreana se ahoga en su propia opacidad. Evaluar su estado real es una tarea casi imposible.
Pero muchos observadores señalan que Pyongyang ha logrado algo de alivio después de reactivar del comercio con China, que es su principal salvavidas, y la una creciente cooperación militar con Moscú.
La guerra de Vladimir Putin en Ucrania ha abierto una ventana de oportunidad para Kim. Corea del Norte ha suministrado grandes cantidades de munición a Rusia y desplegado miles de soldados en apoyo de las fuerzas rusas. A cambio, obtiene divisas, combustible y transferencia tecnológica en materia militar. En un país donde el desarrollo armamentístico es columna vertebral del sistema, esa ayuda es clave.
En el congreso de hace cinco años los titulares apuntaban a Kim calificando a Washington como el "mayor enemigo" del país, en plena resaca de la diplomacia fallida con el presidente Donald Trump.
Ambos protagonizaron en 2019 una imagen insólita en la zona desmilitarizada entre las dos Coreas, cuando Trump cruzó brevemente a territorio norcoreano para estrechar la mano de Kim. En los últimos meses, el estadounidense ha reiterado su disposición para un nuevo encuentro, pero Kim no se ha pronunciado, al menos en público.
En paralelo al congreso, los medios estatales informaron ayer que Kim presidió la ceremonia de despliegue de 50 nuevos vehículos lanzadores de misiles de corto alcance con capacidad nuclear. Estas noticias desnudan que la prioridad, ante todo, sigue siendo potenciar el músculo militar. Desde el anterior congreso, los norcoreanos han acelerado las pruebas de misiles balísticos intercontinentales.
Se espera que, al concluir el congreso, se celebre un gran desfile militar, siempre escrutado al milímetro por satélites y analistas internacionales. En muchas ocasiones, estos eventos han servido para presentar nuevos misiles, drones y sistemas tácticos.
Otro de los asuntos que rodea el cónclave político de Pyongyang es la próxima sucesión de la familia Kim. Los servicios de inteligencia de Seúl observan con atención cualquier gesto que pueda consolidar a la hija adolescente del líder, Kim Ju-ae, como heredera visible de una cuarta generación dinástica. Los espías surcoreanos aseguraron la semana pasada que la menor -se cree que tiene 13 años- será la sucesora.
