La historia de Virginia y el vestido de novia con volantes, inspirado en su madre, que llevó en su boda en Ibiza

La historia de Virginia y el vestido de novia con volantes, inspirado en su madre, que llevó en su boda en Ibiza

Virginia y Carlos, al que todo el mundo llama Chas por su apellido, se conocieron en Madrid cuando eran estudiantes. Vivían en el mismo colegio mayor y pasaban mucho tiempo juntos. Los unieron las mil y una experiencias que compartieron, sus valores y su forma de ver la vida. "Tuvimos suerte de conocernos tan jóvenes porque hemos podido crecer y madurar juntos. Para mí ha sido increíble empezar a construir una relación tan sólida desde tan temprano, sin saber muy bien hacia dónde iba a llegar, y aun así ir superando todo juntos", nos cuenta ella.

Te recomendamos
Boda de Virginia y Carlos en Ibiza con vestido de Catellar Granados© Berta de la Presa
Boda de Virginia y Carlos en Ibiza con vestido de Catellar Granados© Berta de la Presa
Boda de Virginia y Carlos en Ibiza con vestido de Catellar Granados© Berta de la Presa
Boda de Virginia y Carlos en Ibiza con vestido de Catellar Granados© Berta de la Presa

Decidieron casarse cuando llevaban siete años juntos. En realidad, lo habían hablado muchas veces: habían imaginado cómo sería su boda, incluso su futura familia. Pero el momento adecuado llegó cuando estaban viviendo en París —él estudiaba un máster; ella trabajaba en moda en Chloé—. "Un día, en diciembre de 2024, él organizó escaparnos a la abadía de Vaux-de-Cernay, un lugar de cuento a las afueras de París que nos encanta. Llegamos bastante temprano, lo cual me sorprendió un poco porque no es habitual que seamos tan puntuales, y ahí empecé a sospechar algo. Antes del brunch, fuimos a dar un paseo por el lago… y allí se arrodilló y me pidió matrimonio".

Un vestido de novia con volantes

Virginia siempre había querido casarse con el vestido de novia de su madre, pero al probárselo se dio cuenta de que no era práctico. "Me quedaba pequeño, la piel estaba algo deteriorada y, al ser muy tubo, no me veía cómoda para todo el día ni para bailar. Aun así, tuve clarísimo que sería la gran inspiración de mi vestido", nos cuenta.

Boda de Virginia y Carlos en Ibiza con vestido de Catellar Granados© Berta de la Presa
Boda de Virginia y Carlos en Ibiza con vestido de Catellar Granados© Berta de la Presa
Boda de Virginia y Carlos en Ibiza con vestido de Catellar Granados© Berta de la Presa
Boda de Virginia y Carlos en Ibiza con vestido de Catellar Granados© Berta de la Presa
Boda de Virginia y Carlos en Ibiza con vestido de Catellar Granados© Berta de la Presa

De ahí nacieron el escote en corazón, los encajes, los volantes y la torerita corta que componían su vestido, al que dio forma Castellar Granados. Eso sí, era mucho más ligero y acorde a una boda en Ibiza. 

De la diseñadora, nos cuenta la novia, no solo le conquistó su trabajo, también la forma que tuvo de acercarse a ella, de escucharla, entenderla e interpretar su estilo. Por eso, aunque le dio muchas vueltas a la idea de hacerse un segundo traje —e incluso llegó a comprar uno por si acaso—, se dio cuenta de que el diseño final era el vestido de sus sueños: "Me veía guapísima y no quería ponérmelo solo unas horas. Era ligero, palabra de honor, perfecto para bailar y sentirme favorecida también en la fiesta. Así que decidí aprovecharlo al máximo y simplemente me quité la torerita para el cambio de look".

Boda de Virginia y Carlos en Ibiza con vestido de Catellar Granados© Berta de la Presa
Boda de Virginia y Carlos en Ibiza con vestido de Catellar Granados© Berta de la Presa

Para completar el look, Virginia llevó un sencillo velo de tul, con un finísimo encaje, que le prestó su hermana; unos zapatos de Jimmy Choo destalonados, regalo de sus amigas de la universidad; y joyas llenas de significado. "Los pendientes de diamantes con perla me los regaló mi abuela, llevé mi anillo de pedida y un anillo tradicional ibicenco que me regalaron mis amigas de toda la vida en la preboda. Fue un detalle que me emocionó muchísimo y que sentí que tenía que formar parte de mi look ese día".

Nos cuenta que su ramo no lo vio hasta el mismo día de la boda. Fue un regalo de su amiga Amanda; la novia había enviado referencias a la florista y a la wedding planner de lo que buscaba. "Me imaginaba una mezcla desigual, con flores finas, suaves y muy delicadas, tipo amapolas, en tonos blancos, naranjas, amarillos y algún toque rosado o rojizo, como si cada flor se hubiese encontrado por el camino". Entendieron perfectamente lo que quería. Le añadió unas medallitas que le habían regalado sus amigas y familia. 

Boda de Virginia y Carlos con vestido de Castellar Granados© Berta de la Presa
Boda de Virginia y Carlos con vestido de Castellar Granados© Berta de la Presa
Boda de Virginia y Carlos con vestido de Castellar Granados© Berta de la Presa

En cuanto a su look de belleza, la novia confió en Dafne, una gran profesional y amiga, que la maquilló con sencillez y naturalidad. "En cuanto al pelo, tenía clarísimo que quería llevarlo suelto con ondas, porque es como más me siento yo. Además, quería que el velo formase una parte muy importante del look, y para que cayera como quería, el pelo tenía que ir suelto, así que no hubo dudas".

Boda de Virginia y Carlos en Ibiza con vestido de Catellar Granados© Berta de la Presa
Boda de Virginia y Carlos en Ibiza con vestido de Catellar Granados© Berta de la Presa

Todos los detalles de su gran día

Se casaron el 11 de octubre en Ibiza, de donde ella es originaria. La ceremonia fue en la iglesia del Puig de Missa, un templo pequeñito, en lo alto del monte, con unas vistas increíbles. Para la celebración se trasladaron al hotel Safragell, un hotel rural que les encantó por su estilo ibicenco, informal y familiar. 

Boda de Virginia y Carlos en Ibiza con vestido de Catellar Granados© Berta de la Presa
Boda de Virginia y Carlos en Ibiza con vestido de Catellar Granados© Berta de la Presa
Boda de Virginia y Carlos en Ibiza con vestido de Catellar Granados© Berta de la Presa
Boda de Virginia y Carlos en Ibiza con vestido de Catellar Granados© Berta de la Presa
Boda de Virginia y Carlos en Ibiza con vestido de Catellar Granados© Berta de la Presa
Boda de Virginia y Carlos en Ibiza con vestido de Catellar Granados© Berta de la Presa
Boda de Virginia y Carlos en Ibiza con vestido de Catellar Granados© Berta de la Presa
Boda de Virginia y Carlos en Ibiza con vestido de Catellar Granados© Berta de la Presa

"La organización fue bastante complicada porque el hotel Safragell no estaba acostumbrado a hacer bodas y nunca habían acogido una de tanta gente. Por eso contamos con Marina, de Ibiza Wedding Planner, y sin duda fue la mejor decisión de todo el proceso. Fue nuestra salvadora, confidente y psicóloga", nos cuenta la novia.

Para la decoración querían algo muy sencillo, de estilo campestre, alegre y desenfadado. Contactaron con Bea de Artnatur para las flores "e hizo un trabajo increíble: en las mesas quería pequeños ramitos delicados, como mi ramo, mezclados con velas y algo de fruta, muy mediterráneo y natural. Los manteles fueron un acierto gracias a la empresa La Guinda del Pastel, de Valencia, que me recomendó mi cuñada; al final elegí un estampado que dio a las mesas un aire muy alegre y original", asegura la novia.

Boda de Virginia y Carlos en Ibiza con vestido de Catellar Granados© Berta de la Presa
Boda de Virginia y Carlos en Ibiza con vestido de Catellar Granados© Berta de la Presa
Boda de Virginia y Carlos en Ibiza con vestido de Catellar Granados© Berta de la Presa
Boda de Virginia y Carlos con vestido de Castellar Granados© Berta de la Presa

"El cóctel también quedó espectacular gracias a Marina y Vicky de Ibiza Wedding Planner y Sonia, de Sweet Catalina. Todo estaba puesto con muchísimo cariño y cuidado, y me sorprendió muchísimo lo bonito que quedó", nos cuenta.

Boda de Virginia y Carlos en Ibiza con vestido de Catellar Granados© Berta de la Presa
Boda de Virginia y Carlos en Ibiza con vestido de Castellar Granados© Berta de la Presa
Boda de Virginia y Carlos en Ibiza con vestido de Castellar Granados© Berta de la Presa

Cuando le preguntamos qué fue lo más especial del día, no lo duda: "Obviamente, hubo muchísimas cosas especiales, pero lo que nunca voy a olvidar fue la entrada a la comida. Estuvimos meses pensando si hacerla o no, y la verdad es que fue increíble: ver a 200 personas de todas tus etapas de la vida, tu familia, amigos de la infancia, de la universidad, amigos de tus padres que son como familia, todos juntos celebrándote, mirándote, bailando, llorando de emoción… no sabías ni a dónde mirar. En ese momento me di cuenta de lo afortunados que somos de tener a toda esa gente tan cercana".