La villa histórica de Portugal que esconde algunos de los jardines más espectaculares del país
A poco más de dos horas de Oporto, rodeada por tres sierras –Estrela, Caramulo y Buçaco– en la provincia de Beira Alta, se encuentra una de las zonas más desconocidas de Portugal, un enclave que se bebe más que se visita: la región vinícola del Dão. Esta denominación de origen fue creada en 1908, lo que la convierte en una de las más antiguas del país. También conocida como la Borgoña portuguesa por la calidad de sus vinos, Dão sorprende por sus paisajes, monasterios, quintas y por sus encantadores pueblos de piedra.
En el corazón de la región, en el municipio de Nelas, se ubica Santar, una pequeña villa famosa por la presencia de numerosas fuentes, tanques y edificios rústicos y religiosos construidos con granito –muy presente en la zona– y, sobre todo, por sus mansiones centenarias con bellos jardines en terrazas.
Santar Vila Jardim
En 2013, uno de sus vecinos, José Luis Vasconcellos e Souza tuvo una gran idea para dar a conocer el lugar a través de sus jardines históricos. El proyecto consistía en derribar muros y abrir puentes entre los distintos espacios verdes –que se extienden por estas tierras en todas direcciones–, permitiendo a los visitantes conocer todos sus secretos y encantos a través de una ruta guiada. El primer paso que dio la familia heredera de la Casa de Santar e Magalhaes fue hablar con sus vecinos y amigos para que se sumaran a su propuesta abriendo sus jardines. Además, contactó con el famoso paisajista madrileño Fernando Caruncho para que pusiera su toque en cada uno de estos espacios. Y así fue como nació Santar Vila Jardim.
A diferencia de otros puntos de Europa donde los jardines son piezas de expresión artística, en Portugal siempre asumen una dimensión utilitaria que puede verse en cada uno de estos espacios, pues en muchos de ellos hay viñas, así como huertos y espacios de recreo que usan sus propietarios.
Seis jardines y una ruta
El primer jardín es el de la Casa de Santar e Magalhaes, un espacio diseñado en estilo francés de forma casi rectangular que data de los siglos XVII y XVIII, con renovaciones en los siglos XIX y XX. En este espacio, Caruncho apenas hizo cambios. Colocó dos pérgolas con estructuras de hierro forradas con flores trepadoras pitiminí, reconocidas por su embriagadora fragancia, en las que poder resguardarse del sol en los meses de verano. En esta zona las temperaturas pueden llegar hasta los 40 grados e incluso superarlos. Además, dio forma a pequeños canales a nivel de suelo para que corriera el agua hasta un pequeño lago con la idea de que el movimiento y la musicalidad invitasen a la relajación de quienes lo recorren.
A destacar en esta propiedad es el balcón de la logia, un mirador pensado para el descanso y contemplación de la familia, sostenido por columnas toscanas que presenta, también, decoraciones con azulejos del siglo XVIII. Este rincón se utiliza, además, para hacer catas durante las visitas. Otro elemento que invita a detenerse es una fuente del siglo XVIII (remodelada en el XX) en la que está representado hasta cuatro veces, como un caballero –sin haberlo sido nunca–, el segundo conde de Santar. En este jardín, el más famoso de todos, hay una bodega en la que se guardan los vinos Memorias que se producen en los viñedos de las diferentes parcelas.
La visita se puede hacer solo de los jardines o incluir también el recorrido de esta vivienda en la que se exploran estancias como la Sacristía, la Capilla de San Francisco de Asís, la Sala de las Maquetas, la de las Cocheras, el Zagao (construcción tradicional portuguesa) y la cocina vieja.
La siguiente parada de la ruta, que se conecta con la primera a través de una escalera de madera, es el jardín de la Casa de las Magnolias, propiedad de la familia Pinto Amaral Homem. Esta debe su nombre a una de sus anteriores propietarias, María Adelaida de Portugal, quien deseaba honrar al magnolio con más de 200 años de antigüedad que se encuentra en el jardín y que es el verdadero protagonista. El origen de esta propiedad se remonta al siglo XVII, cuando Francisco Pinto y sus hijos, el abad Sebastiao Pinto y Pedro Coelho Rosado, llegaron a Santar. Actualmente, el jardín también cuenta con numerosas camelias, un estanque de granito, un pozo y una antigua parcela de cultivo convertida hoy día en un pequeño viñedo bordeado de boj.
The Fidalgas, que pertenece al Hotel Valverde Santar, es el tercer jardín de la lista. En este espacio, Fernando Caruncho quiso aprovechar la forma del terreno y sus ondas para crear algo único y visualmente atractivo. Para ello, plantó un viñedo que se acomoda a cada curva y que dibuja un gran círculo atravesado por caminos que el visitante puede recorrer. En el punto más alto se construyó un mirador panorámico de madera con tejadillo desde el que observar el pueblo y la inmensa meseta de Beira, al pie de la Sierra de la Estrella. Además, en esta estructura se organizan picnic bajo petición por parte del hotel.
A continuación, hay que acercarse al de Linhares de Santar & Magalhaes, ubicado frente a la casa en la que comienza la visita. Este pequeño espacio presenta cuatro cuadrantes en los que se pueden ver naranjos y lavanda, entre otras cosas, y que están bordeados por boj y separados por estrechos caminos. En el centro hay una fuente hecha con una piedra de molino de granito de la antigua prensa de aceite de oliva de los condes de Santar. Este jardín se conecta con el siguiente a través de una pérgola de hierro y granito, obra del paisajista madrileño, que está cubierta con glicinas y que cada año sobre el mes de abril, cuando florece, regala una imagen realmente bella con una increíble explosión de color.
La casa Linhares Ibérico Nogueira, situada en el centro del pueblo y construida a principios del siglo XIX, es un buen ejemplo de vivienda urbana típica de la región de Beira con un pasado agrícola. El jardín, que ocupa unos 8.500 metros cuadrados y es el quinto de la ruta, es uno de los más especiales del proyecto, pues involucra a un grupo de vecinos de la localidad. Aquí el terreno está dividido en parcelas en las que plantan sus productos, con ayuda de un agrónomo, mediante la práctica de la agricultura tradicional en modo orgánico. Su éxito es tal, que cada vez son más los que desean participar y obtener su trocito de tierra. Por ejemplo, el restaurante del hotel Valverde dispone de una parcela donde cultiva algunas de las verduras y plantas aromáticas que utiliza en sus platos.
Por último, está el jardín de la Misericordia, que pertenece a la iglesia del mismo nombre construida en 1637. Este espacio funciona como un mirador y cuenta con diferentes árboles y especies vegetales, como abetos, cipreses o camelias. Al final del terreno hay una cruz de piedra instalada sobre una base de piedra cuadrada con columnas toscanas.







