Merz reafirma su apoyo a Dinamarca y advierte a Trump que Europa no aceptará presiones económicas
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El canciller alemán, Friedrich Merz, ha reiterado este lunes la solidaridad de Alemania con Dinamarca y con la población de Groenlandia y ha advertido de que la Unión Europea no aceptará presiones económicas de Washington. En plena escalada de tensión tras las amenazas del presidente estadounidense, Donald Trump, de imponer aranceles a países europeos, Merz afirmó que Europa no quiere una guerra comercial, pero está preparada para responder si Estados Unidos da ese paso. El canciller confirmó además que espera reunirse con Trump este miércoles en Davos, en un primer intento de contener la crisis.
En una comparecencia ante los medios al término de la reunión del Comité Ejecutivo de la CDU, convocada por el propio Merz en Berlín para analizar el nuevo escenario de tensión con EEUU, el canciller expuso ante la cúpula democristiana y la prensa las líneas maestras de la posición alemana. La dirección del partido abordó tanto el riesgo de una escalada comercial como el alcance político del pulso abierto en torno a Groenlandia, que el Gobierno alemán considera ya un asunto estratégico europeo y no una simple controversia bilateral.
"Queremos evitar cualquier escalada si es posible", ha declarado Merz, antes de subrayar que Alemania y la UE reaccionarán si se enfrentan a aranceles que consideren irrazonables.
El canciller advirtió de que el uso de amenazas económicas entre aliados daña estructuralmente la relación transatlántica y abre una dinámica de confrontación difícil de controlar. En el entorno del Gobierno alemán se insiste en una distinción clave que Merz dejó entrever: una cosa es debatir el refuerzo de la seguridad en el Ártico dentro del marco de la OTAN, y otra muy distinta aceptar la coerción comercial como instrumento político.
Groenlandia, en este contexto, deja de ser solo una pieza estratégica en el tablero ártico para convertirse en un test político: hasta dónde está dispuesta Europa a tolerar que Washington utilice su peso económico para condicionar decisiones soberanas.
Ese debate ya no es teórico. Alemania figura entre los ocho países europeos citados por la Administración Trump como destinatarios directos de la subida de aranceles por haber participado en misiones o despliegues vinculados a Groenlandia. Berlín, junto a otros socios europeos, ha pasado así a situarse en el foco de una represalia comercial explícitamente asociada a una presencia militar.
En el caso alemán, el pulso quedó visualmente expuesto este fin de semana. Un contingente de 15 soldados de la Bundeswehr llegó a Groenlandia el viernes en el marco de una misión de reconocimiento acordada con aliados europeos. El domingo, menos de 48 horas después, los militares emprendieron el regreso a Copenhague, poco después de que Donald Trump verbalizara públicamente la amenaza arancelaria.
Desde el Ministerio de Defensa alemán se subrayó que la misión había concluido según lo previsto y que los resultados serían ahora analizados en Berlín. Oficialmente, el repliegue no estuvo motivado por las declaraciones de Trump. Políticamente, sin embargo, la secuencia ha reforzado en el Gobierno alemán la percepción de que la presión estadounidense ya no se limita al plano comercial, sino que empieza a interferir en decisiones de seguridad.
La línea marcada por Merz y otros socios europeos fue respaldada también este lunes por los ministros de Economía de Alemania y Francia, que se reunieron en Berlín para coordinar posiciones ante una eventual ofensiva arancelaria estadounidense.
Ambos trasladaron un mensaje de unidad y firmeza. El ministro alemán subrayó que Alemania y Francia no se dejarán chantajear, mientras que su homólogo francés advirtió de que las amenazas comerciales entre aliados son inaceptables y socavan los fundamentos mismos de la relación transatlántica.
Los dos ministros confirmaron además que trabajan con la Comisión Europea en escenarios de respuesta coordinada, incluida la posible activación del Instrumento Anticoerción y la preparación de paquetes de represalias comerciales si Washington materializa sus advertencias.
Merz insistió en que nadie saldría beneficiado de una guerra comercial entre EEUU y la Unión Europea, y recordó la profunda interdependencia económica entre ambas orillas del Atlántico. Alemania, como gran potencia exportadora, sería uno de los países más expuestos a una escalada arancelaria, con impacto directo en sectores clave como la automoción, la industria química o la ingeniería industrial.
Pero el canciller quiso dejar claro que la voluntad de diálogo no equivale a pasividad. "Si nos enfrentamos a aranceles que consideremos irrazonables, entonces podemos reaccionar", dijo, en referencia a las contramedidas que la UE ya estudia.
En Bruselas y en varias capitales se trabaja desde hace semanas en paquetes de represalias de gran volumen y en la posible activación del Instrumento Anticoerción, creado precisamente para responder a presiones económicas externas. El mensaje político que se está construyendo es que Europa no puede permitirse aparecer como vulnerable al chantaje, especialmente en un momento en que habla abiertamente de autonomía estratégica y de reducción de dependencias.
En este clima, Merz confirmó que espera reunirse con Trump el miércoles en Davos, aprovechando el Foro Económico Mundial como primer escenario de contacto directo. "Habrá amplias oportunidades para discutir estos asuntos", señaló.
La apuesta alemana es clara: intentar desactivar la crisis antes de que se traduzca en decisiones formales. El propio canciller describió su lectura del presidente estadounidense con un realismo poco habitual en el lenguaje diplomático: Trump amenaza con frecuencia, a veces ejecuta y a veces retrocede. Berlín quiere comprobar si todavía existe margen para disuadirlo.