Estalla un motín de presos del Estado Islámico en medio de los choques en el este de Siria
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Los choques en el este de Siria entre el ejército y las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) -lideradas por milicias kurdas-, han perturbado la frágil seguridad de las diferentes prisiones que albergan a miles de combatientes del Estado Islámico y a sus familias. A media mañana estalló una revuelta en el campo de Al Hol, que alberga a unas 20.000 personas entre presos y familiares de combatientes. Se trata de un centro de detención que ha sido descrito por organizaciones humanitarias como una "caja de pandora" de la "ira frustrada" de miles de menores abandonados en el campo, sobreviviendo en condiciones inhumanas y en contacto constante con ideología extremista.
A pesar de que Damasco y las fuerzas kurdas llegaron a un acuerdo de cese de hostilidades el domingo, los combates se han reanudado en Raqqa, provincia recién tomada por el ejército sirio, así como en el sur de Hasakah, bajo control kurdo. Las fuerzas del Gobierno habrían tomado bajo control la prisión de Al Aqtan, donde se encuentran 5.000 presos del Estado Islámico y sus uniformados se acercan a la prisión de Shaddadi, al sur de Hasakah, que aloja 1.000 reos del grupo extremista, confirmó el medio Rudaw. "Los muros de la prisión de Shaddadi, están siendo testigos de un ataque perpetrado por grupos armados, en medio de violentos enfrentamientos con nuestras fuerzas encargadas de proteger la prisión, ante una situación de seguridad muy peligrosa", declararon las SDF en un comunicado.
El avance de las fuerzas sirias supone un duro golpe para las milicias kurdas, que gobernaron una región semiautónoma en el noreste de Siria durante una década y coordinaron con Washington la lucha contra el Estado Islámico y el posterior control de los miles de yihadistas presos. Ahora, Estados Unidos opta por confiar en el nuevo régimen de Ahmed Sharaa el manejo de la seguridad de Siria, incluido el control de las prisiones, pese al pasado del presidente interino en grupos yihadistas.
Irak ha puesto en alerta máxima su frontera con Siria, ya que el campo de Al Hol se encuentra a unos 13 kilómetros de su territorio. El ministerio de Defensa iraquí movilizó a las fuerzas federales y los Peshmerga de la región del Kurdistán para defender la zona fronteriza ante la posible entrada de militantes del IS.
El Gobierno iraquí se está preparando además para repatriar a cientos de sus nacionales encarcelados en estas instalaciones, según declaró un alto rango del país. Desde hace meses, las fuerzas kurdas alertan de las dificultades que atraviesan para supervisar estas instalaciones penitenciarias, una situación que se ha agravado con los recortes de asistencia del presidente estadounidense, Donald Trump.
Las SDF acordaron el domingo su retirada de dos importantes provincias, ricas en recursos, en un esfuerzo de poner fin a los enfrentamientos contra el ejército sirio. Así, sus fuerzas se retiraron de Raqqa, a lo largo del río Éufrates y donde se encuentran las presas hidroeléctricas más importantes del país; y de Deir al Zor, una zona rica en petróleo.
Medios locales mostraron al ejército sirio administrando las instalaciones hidroeléctricas y al mando de checkpoints pocas horas después de haber tomado el territorio. El repliegue de las fuerzas kurdas forma parte del acuerdo alcanzado el domingo con Damasco, en el que ceden el control de los cruces fronterizos y los yacimientos de petróleo y gas, a cambio de preservar la administración de la provincia nororiental de Hasaka y en teoría, la gestión de los campos y prisiones de combatientes del Estado Islámico.
Las SDF han denunciado la violación del pacto y acusan a Damasco de "imponer una guerra" contra su población. "Queríamos evitarla, pero desafortunadamente, al ser planificada por muchas fuerzas, nos fue impuesta esta guerra", declararon las SDF en un comunicado.
Ante el temor de que las fuerzas gubernamentales sigan avanzando y tomen también Hasaka, algunas poblaciones han llamado a la movilización general. "Tomar las armas es un deber público. Es una responsabilidad nacional y moral proteger a nuestro pueblo y salvaguardar los logros de nuestra revolución", declararon las autoridades de Qamishli, una de las ciudades más grandes de Hasaka; así como Cizire, cerca de la frontera con Turquía.
Damasco y las fuerzas kurdas mantuvieron conversaciones durante el año pasado, en un intento de integrar los cuerpos militares kurdos en el aparato de seguridad del Estado y preservar cierta autonomía en el este del país. Sin embargo, las conversaciones no lograron avances y durante el transcurso de las negociaciones se produjeron graves enfrentamientos.