Mientras Cuba intercambia petróleo por tiempo, los Castro emergen de las sombras
Alrededor de las cuatro de la mañana del martes, hora de México, el buque petrolero ruso Anatoly Kolodkin atracó en el puerto de Matanzas con 730 mil barriles de crudo a bordo, el primer cargamento energético que recibe Cuba desde enero.
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Pero la imagen del navío deslizándose sobre la bahía oscura revela menos sobre el
petróleo que sobre el poder. Días antes, el presidente Miguel Díaz-Canel había admitido
que las negociaciones secretas con la administración de Donald Trump no las conduce él,
sino el "líder histórico de la revolución". Ese título honorífico pertenece a Raúl Castro, de 94 años, el hombre al que Díaz-Canel supuestamente sucedió hace ocho años.
La familia regresa a escena
Con Cuba al borde del colapso económico, otros miembros de la familia han salido de las
sombras, según documentó The New York Times. Alejandro Castro Espín, de 60 años, hijo
único de Raúl y general de brigada del ejército cubano, retomó su papel de operador con
Washington. Ya lo hizo en 2014, cuando condujo en secreto las conversaciones con la
administración Obama que produjeron un breve deshielo diplomático.
Su sobrino Raúl Guillermo Rodríguez Castro, de 41 años, conocido como Raulito y asistente personal del exmandatario, apareció de forma inesperada en la televisión estatal junto a los funcionarios de mayor rango del régimen cuando Díaz-Canel reveló las conversaciones.
Días antes, de acuerdo con el mismo diario estadounidense, se había reunido con el equipo del secretario de Estado Marco Rubio en un encuentro celebrado en San Cristóbal y Nieves.
El rostro más novedoso del tablero es Óscar Pérez-Oliva Fraga, de 54 años, sobrino nieto
de Raúl y Fidel Castro, viceprimer ministro y titular de Comercio Exterior e Inversión
Extranjera.
Este mes anunció uno de los cambios de política más significativos desde 1959, al permitir
que exiliados cubanos posean empresas e inviertan en la isla. Habla el lenguaje de los
negocios internacionales y fue nombrado recientemente diputado de la Asamblea Nacional, requisito constitucional indispensable para aspirar a la presidencia.
The New York Times apuntó que algunos analistas en Washington ya se preguntan si podría convertirse en el equivalente cubano de Delcy Rodríguez, la tecnócrata que EU aceptó como nueva conductora de Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro.
El nieto incómodo
En este escenario también emerge una figura atípica dentro del linaje revolucionario.
Sandro Castro, de 33 años, nieto de Fidel Castro y empresario vinculado al sector nocturno, declaró en entrevista con CNN que “la mayoría de los cubanos quieren ser capitalistas” y expresó su respaldo a un eventual acuerdo económico con la administración Trump.
Aunque reivindica el legado de su abuelo, cuestiona el desempeño económico del gobierno y sostiene que el modelo debe abrirse a la iniciativa privada.
Un barco que no alcanza
El petróleo ruso es el telón de fondo de esta reconfiguración. Según informó la AFP con
base en declaraciones de Jorge Piñón, experto en energía cubana de la Universidad de
Texas, el cargamento tardará entre 20 y 30 días en refinarse y distribuirse, y los 250 mil
barriles de diésel que podría producir cubrirían apenas 12.5 días de demanda nacional.
El gobierno deberá elegir entre destinar el combustible a los generadores eléctricos o a los
camiones, tractores y autobuses que sostienen la economía. Cuba acumula siete apagones nacionales desde finales de 2024. Para analistas, el barco no resuelve la crisis; le compra tiempo al régimen.
En las calles de La Habana, ese margen no se traduce en alivio. La AFP recogió el
testimonio de Giovanny Fardales, traductor que lleva semanas sin poder comprar gasolina
ni diésel para el generador de su casa. "Nadie quiere que llegue más petróleo; todo el
mundo quiere que este sistema se derrumbe", declaró.
El pensionado Orlando Ocaña, de 76 años, concedió ante la misma agencia que el
cargamento "es un alivio, pero no es la solución". Solo Miriam Joseph, empleada de una
empresa estatal, recibió la noticia con esperanza. "Claro que va a ayudarnos grandemente".
¿Un Castro sin apellido Castro?
La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, fue explícita al señalar que la llegada del buque "no es un cambio de política" y que los futuros envíos se evaluarán caso por caso.
En paralelo, el secretario Rubio insistió este mes en que la isla necesita "gente nueva al mando". La paradoja, como apuntó The New York Times, es que los Castro ya tienen a esa gente preparada, con sangre de la revolución pero sin el apellido que Washington rechaza.
Finalmente advirtió el historiador Andrés Pertierra, de la Universidad de Wisconsin, en declaraciones al rotativo estadounidense. "Esto podría generar un caso absurdo de descastrificación, donde la familia crea una ilusión de cambio cuando el verdadero poder en Cuba aún reside en ellos",