Desde hace un tiempo, la casa de la abuela se ha hecho un hueco en la decoración moderna, demostrando que hay cosas por las que merece volver al pasado. El sofá mullido y casi hundido, la librería de madera oscura o la mantelería bordada son algunas de ellas. Pero hay un matiz que se nos está escapando y que cambia mucho el efecto final. Copiar literalmente la casa de nuestras abuelas, con el visillo o la figurita de porcelana en cada estante, casi nunca sale bien. Porque una cosa es recuperar el alma de esa vivienda y otra muy distinta es imitarla centímetro a centímetro. Eso no es un homenaje es una fotocopia.
Para saber cuál es la frontera entre heredar y copiar, hemos recurrido al diseñador de interiores Miguel Reguero. El experto lo tiene claro cuando afirma que “la casa con alma no nace de repetir fórmulas del pasado, sino de saber traducir su esencia al presente. Más que copiar muebles antiguos o reproducir una estética nostálgica, se trata de rescatar aquello que hacía únicos esos espacios: la calidez, los materiales honestos, el tiempo, la belleza imperfecta y la emoción de lo vivido”. Estas 10 ideas de decoración te ayudarán a decorar con memoria sin caer en la nostalgia.
Si algo nos enamora de la casa de nuestra abuela es que todo 'pesaba', todo olía a madera, cera, agua de rosas... Eran materiales nobles y ese es el punto de partida: lo auténtico, lo que de verdad huele, sabe y despierta tus sentidos, como ocurre en esta propuesta de Baobab.
Así, explica el diseñador de interiores, “la casa de antes hablaba el lenguaje de la madera maciza, la piedra, el lino, la lana o el latón envejecido. Hoy la clave está en volver a esos materiales desde una lectura más depurada, donde su textura y autenticidad aporten profundidad”. En
Una casa que despierta emociones no es un piso lleno, es un espacio donde cada pieza tiene un sentido. De esta manera, la consola del recibidor estaba en el despacho de tu padre, el espejo del pasillo lo tenía tu abuela en su dormitorio y la mesa de cocina (de deVOL) era de la casa del pueblo. Esas piezas merecen un lugar protagonista en tus estancias, pero bien restauradas y colocadas. No todo lo heredado merece quedarse a vivir contigo.
“No hace falta llenar la casa de antigüedades, basta una cómoda heredada, una lámpara recuperada o una mesa familiar, para crear un ancla emocional que dialogue con elementos contemporáneos y, a su vez, crear un contraste único”, afirma el experto.
“La nostalgia funciona cuando se filtra con criterio, un papel pintado floral puede transformarse en un textil sofisticado o una baldosa hidráulica en una alfombra de líneas modernas, apunta Miguel Reguero. Aquí está la clave.
Reinterpretar es quedarse con la estructura, la silueta y la memoria; soltar el revestimiento, los flecos y el contexto. Lo que permanece es el alma, lo que cambia es el vestido. En la imagen, una baldosa (un pavimento típico de las casas antiguas) diseñada por Reguero para Hidráulicos L'Ordaliegu.
Los hogares no se copian, se crean con textiles, elementos, accesorios y pequeños detalles, como esta alfombra de Rowen & Wren. “Las casas de antes invitaban a quedarse. La iluminación indirecta, las lámparas con pantallas textiles, las alfombras generosas y las cortinas con caída natural son recursos esenciales para recuperar esa sensación”, afirma el diseñador de interiores.
La casa que nunca pasa de moda no es la que sigue los colores tendencia del año, sino la que opta por una paleta atemporal que luce siempre joven. Por cierto, ni tiene que ser sobria ni aburrida, el contraste y el carácter también son claves en esta decoración. “Tonos crema, topo, piedra, terracota, verde salvia, marrones suaves o burdeos profundos reinterpretan la calidez de siempre sin caer en códigos anticuados”, recomienda Miguel Reguero. En esta propuesta de Alhambra, los tonos de las telas incrementan la calidez y la sensación de calma.
La perfección de catálogo, esa que ves en algunas viviendas, pertenece a las tiendas: los hogares son otra cosa. En ellos, la imperfección y el envejecer se celebran y forman parte de los espacios. “Las huellas del tiempo aportan carácter. Así, una madera ligeramente marcada, una cerámica artesanal o un metal con pátina cuentan una historia y hacen que la casa resulte más humana”, cuenta el experto.
En este salón, perteneciente a una casa de Viu Empordà, la mesa de centro de madera, el mueble bar y la propia chimenea son la prueba del efecto que produce el paso de los años.
“Antes los hogares estaban concebidos para la convivencia. Por eso, recuperar rincones de lectura, mesas grandes o salones que invitan a la conversación es reinterpretar esa forma de habitar”, sostiene el interiorista. La cocina, esta diseñada por Miguel Reguero, es, en muchas ocasiones, el centro de la vida familiar.
La casa que se decora para vivir es aquella donde el sillón está cerca de la ventana porque es donde nos gusta leer, la cocina es enorme porque se cocina todos los días o el sofá tiene una manta porque tu mascota suele ver la tele contigo. La decoración se adapta a ti, tu personalidad y estilo.
Una casa 100% clásica puede ser bonita, pero también tener algo de museo. Mientras que una 100% moderna puede funcionar estéticamente y resultar algo fría. Lamezcla de estilos, como el de esta propuesta de Coordonné, siempre enriquece y da vida. “La magia está en el contraste: una butaca contemporánea junto a una vitrina clásica, arte actual sobre una pared con molduras o una cocina minimalista con una mesa heredada”, aconseja Miguel Reguero.
Los textiles (estos de Lo de Manuela) son, probablemente, el elemento que más distingue una casa versionada de una mala imitación. “Bordados, tapices, colchas reinterpretadas o terciopelos suaves pueden evocar la casa familiar desde una lectura refinada y actual”, explica el diseñador de interiores.
Eso sí, no se trata de coger todo e incluirlo en tu salón, sino de tener criterio. Así, una mantelería bordada siempre será bienvenida, mientras que el paño de ganchillo bajo el jarrón debería estar prohibido.
“La verdadera herencia no es estética, sino sensorial: la luz de la sobremesa, el olor de la madera encerada, el sonido amortiguado de una alfombra... Reinterpretar la casa de tu abuela es conservar esa emoción y convertirla en un lujo contemporáneo”, asevera el experto.
Una casa no se decora copiando referencias, sino recordando olores, detalles, texturas o colores. Y esto no se puede copiar porque habla de recuerdos y sensaciones. De lo que te emocionó de pequeña y de lo que hoy te hace bien. No necesitamos las mismas cortinas ni la misma mantelería ni el mismo comedor para recuperar el calor que teníamos en aquella casa: necesitamos su forma de habitar. Este salón con telas de Mindthegap (en Gancedo) es una muestra de cómo dotar a los espacios de alma e historia.