Noelia Samartín, psicóloga: "Para que tu ambición no te genere estrés, tienes que escuchar de dónde nace ese impulso que te mueve"

Noelia Samartín, psicóloga: "Para que tu ambición no te genere estrés, tienes que escuchar de dónde nace ese impulso que te mueve"

En nuestra sociedad, la ambición a menudo se percibe como un marcador moral. Valoramos a quienes buscan el éxito y se critica a quienes parecen conformarse. Sin embargo, como explica la doctora en Neurociencia y Psicología Clínica, Noelia Samartín (@neuro_con_ciencia) "la ambición no es un rasgo fijo de la personalidad; más bien, es la forma que adopta el deseo cuando se organiza en objetivos". 

Te recomendamos

Esos objetivos pueden ser infinidad de cosas. Según la experta, varían el contexto que viva la persona y su momento vital. Teniendo en cuenta estas variables, conviene cambiar el concepto de ambición que comúnmente tenemos en mente. No debe ser un imperativo, algo obligado a tener, sino, más bien, una vía de ayudar a mejorar "nuestro bienestar", como señala Noelia Samartín.

chica logro celebracion© Getty Images

Qué es la ambición y cómo influye en tu bienestar

Para muchas personas, el desafío está en diferenciar entre ambición que nutre y ambición que desgasta. Por ejemplo, puedes proponerte aprender un idioma porque siempre has querido comunicarte con personas de otra cultura y sentirte más competente, en lugar de hacerlo únicamente para impresionar a otros. Este tipo de objetivo, ligado a tu crecimiento personal y a tu sentido de propósito, te genera satisfacción y fortalece la autoestima. 

Entendiéndola así, conviene interiorizar sus beneficios. Como subraya la doctora, "cuando la ambición está orientada hacia objetivos significativos y coherentes con nuestro contexto, actúa como factor protector de la salud mental. Nos moviliza, nos da propósito y, al alcanzar nuestras metas, incrementa la percepción de autoeficacia (la creencia de que somos capaces de superar situaciones). Esto, a su vez, favorece emociones agradables y un diálogo interno positivo, ambos factores protectores de la salud mental".

chicas taller ceramica© Getty Images

Sin embargo, comprender bien el término no siempre es fácil. Muchas veces confundimos ambición con obligación y sentimos que debemos alcanzar estándares externos, fenómenos que puede derivar en estrés y desconexión de otras prioridades, como los vínculos sociales o el descanso. 

Es entonces cuando, en vez de ayudarnos, nos pone piedras en el camino. Noelia Samartín explica: "Si la meta es ambigua o está descontextualizada, la discrepancia entre la realidad y la expectativa aumenta la sensación de inseguridad y disminuye la percepción de autoeficacia, generando emociones desagradables y un diálogo interno menos amable". 

chica mando television sofa© Getty Images

Desde la neurociencia, la ambición activa sistemas de recompensa ligados a la dopamina, movilizándonos hacia lo que deseamos. Como detalla la especialista, "está ligada a los sistemas de anticipación y recompensa, muy relacionado la actividad dopaminérgica, que nos moviliza hacia lo que deseamos. El malestar surge cuando vivimos orientados a un futuro que no llega y no se corresponde con la realidad, ya que esta discrepancia activa la respuesta de estrés corporal, nos desconecta de otras prioridades importantes (como los vínculos sociales) y dificulta el descanso".

chica ropa deportiva© Getty Images

Ambición que nutre vs. ambición que desgasta

Orientar la ambición hacia objetivos claros y alcanzables es un acto de autocuidado y bienestar. Además, no toda ambición tiene el mismo impacto. Los estudios muestran que no todas las ambiciones impactan igual en la salud mental. La especialista así lo detalla: "Las metas extrínsecas pueden percibirse como más amenazantes porque dependen de factores fuera de nuestro control. Si, además, no están bien definidas y contextualizadas, generan la sensación de que nunca es suficiente, fomentan la comparación constante y activan estrés crónico, afectando negativamente la salud". 

Por otro lado, las metas intrínsecas, en cambio, se asocian con más bienestar. ¿Por qué? "Suelen ser más alcanzables, ya que dependen más de nosotros y aumentan la sensación de seguridad y la autopercepción de autonomía, competencia y conexión", comenta la experta.

chica mesa trabajo© Getty Images

Para entenderlo mejor, pensemos en ejemplos cotidianos. Una ambición extrínseca podría ser esforzarte únicamente para conseguir un ascenso en el trabajo porque quieres impresionar a otros o cumplir expectativas externas. Aunque logres la meta, esta presión constante puede generar estrés, comparación y sensación de que nunca es suficiente. 

Por el contrario, una ambición intrínseca sería aprender un nuevo idioma porque siempre te ha interesado, te motiva y te permite comunicarte con otras personas y crecer personalmente. Esta segunda forma de ambición nutre tu autoestima, te conecta con tu propósito y contribuye al bienestar a largo plazo.

chica sentada trabajando© Getty Images

Por eso, desde la salud mental, la pregunta no es si eres ambiciosa o no, sino si aquello que persigues te nutre, te da sentido y respeta tus recursos y contexto. Como concluye Noelia Samartín, "Es mejor preguntarnos si aquello que perseguimos es compatible con nuestra fisiología, momento vital y recursos reales. Una ambición que ignora el contexto y el cuerpo suele acabar pasando factura. La clave está en escuchar de dónde nace ese impulso. ¿Del miedo y la comparación, o de un deseo genuino, sostenible y coherente con nuestros valores y contexto actual?".