'Operación Rugido de león', la venganza israelí por el 7-O que llevó a EEUU a la guerra
Entre los centenares de guerras que se han librado en el mundo en el último siglo es difícil encontrar una con un objetivo tan claro cuando lo explica Israel: acabar con la amenaza que representa desde 1979 el régimen iraní, empeñado en negar al Estado hebreo su derecho a existir entre el Mediterráneo y el Jordán.
Frente a esa claridad, la confusión en los objetivos y justificaciones de la Administración Trump -cambio de régimen, destruir la capacidad misilística y nuclear de Irán, acabar con su red de aliados regionales, destruir su armada, despejar el camino para que los iraníes recuperen la libertad...-, sin plan político o de comunicación que haga creíble lo que se pretende conseguir, se ha convertido en una losa para los EEUU.
No es la única. El cambio de régimen, sin fuerzas terrestres ni estrategia conocida que incentive a los iraníes a echarse a la calle sin suicidarse, es poco menos que imposible y, entre los escenarios más probables a corto y medio plazo, están una dictadura más militarizada que la actual en poder de los Guardianes de la Revolución o situaciones caóticas como las que se han vivido en Afganistán, Irak, Libia, Siria, Yemen y Sudán en los últimos años.
"Hay mucha incoherencia, e incompetencia", afirma el senador demócrata Chris Murphy. "Puede prolongarse semanas o meses, la gente está en la inopia y el presidente no ha hecho nada para preparar a la población para la guerra".
Por no hacer -quizás para no anticipar a Teherán el inicio de los ataques o porque se han desmantelado en el último año los medios del departamento de Estado para hacerlo-, Trump ni se molestó en organizar un plan de evacuación de centenares de miles de estadounidenses en los países afectados por el conflicto. Fácil de entender en un presidente que se ha declarado sorprendido por la respuesta iraní. No lo vio necesario o le daba igual.
En los primeros cinco días Irán lanzó más de 800 misiles balísticos y el triple de drones contra Israel y otros 13 países (incluidos Turquía, Chipre y Azerbaiyán) y redujo a cuentagotas el tráfico por el estrecho de Ormuz provocando fuertes subidas del precio del petróleo y desestabilizando seriamente otros mercados.
Pensada como la mejor estrategia para enfrentar al mundo con Washington y obligar a Trump a parar los ataques, ha internacionalizado el conflicto y ha obligado a los países de Oriente Próximo y de Europa a colaborar más de lo que desearían con Washington. Para presionar a su enemigo, está quedándose mucho más sola y la guerra convencional de la primera semana durará lo que duren sus arsenales de misiles y drones. Si se mantiene el régimen, la guerra seguirá durante meses o años, pero será otra guerra mucho más híbrida, espasmódica y global, con más terrorismo, a partir de ahora chií.
Si las intervenciones de los EEUU en Afganistán e Irak a comienzos de siglo son incomprensibles sin el 11-S, la operación Furia Épica (EEUU) o Rugido de León (Israel) es incomprensible sin el 7-O: el ataque de octubre de 2023 de Hamas a Israel, con 1.139 muertos y unos 250 secuestrados.
Si George Bush -aparte de las mentiras que acompañan a casi todas las guerras- legitimó las de Afganistán e Irak por un atentado de unos 3.000 muertos en un país de 350 millones, el sufrido por Israel, con 9,5 millones de habitantes, fue un golpe cuatrocientas mil veces más letal.
Desde el primer minuto, Netanyahu, con el apoyo de la inmensa mayoría de los israelíes, ha dedicado su vida, los recursos de su país y su influencia en los EEUU a destruir a los responsables de aquel atentado: primero Hamas, después Hizbulá, los hutíes y, finalmente, el vértice de la hidra que los sostiene, el régimen iraní. Con la nueva invasión del Líbano esta semana y sin paz real en Gaza ni en Yemen, todos los frentes están abiertos.
Imagen satelital de las instalaciones del complejo nuclear de Natanz, en Isfahán, la semana pasada.VANTOR
Desde una visión unilateral de la seguridad, sin contar con sus aliados de Oriente Próximo y Europa, prescindiendo de la legalidad y de cualquier razón humanitaria, de justicia o de proporcionalidad, desde el 28 de febrero los ejércitos israelí y estadounidense tratan de rematar, aprovechando la debilidad de Irán, lo que dejaron a medio hacer en junio de 2025 en la operación Martillo de Medianoche.
En los primeros seis días, han asesinado a docenas de dirigentes iraníes, incluido su líder supremo, Alí Jamenei, y han bombardeado más de 2.000 objetivos: centros de mando y control, bases de drones y misiles, lanzaderas, más de 20 buques de guerra, cuarteles, fábricas de armas, instalaciones nucleares y edificios de las fuerzas de seguridad, causando más de 1.200 muertes.
Desde el primer día, Israel y los EEUU han justificado su nueva guerra, no declarada ni autorizada por el Congreso (como casi todas las de EEUU desde Vietnam), como un ataque preventivo necesario cuando ningún servicio de Inteligencia así lo reconoce.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, la considera necesaria para acabar con la amenaza existencial que, para Israel, representan Irán y sus aliados regionales.
"Estamos en la segunda parte de la guerra de los 12 días de junio de 2025", afirma Tom Karako, director del Missile Defense Project del CSIS (Center of Strategic and International Studies) de Washington. "No se terminó el trabajo, los iraníes estaban recuperándose y aprovecharon la oportunidad".
En cuanto a los objetivos, las explicaciones más importantes las ha dado el secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional, Marco Rubio, en sus dos reuniones en el Capitolio con el G-8 (los ocho dirigentes principales, demócratas y republicanos, de las dos cámaras del Congreso), el día que se iniciaron los ataques y el pasado miércoles.
En la primera, según Karako, Rubio contó que Irán estaba produciendo unos 100 misiles y los EEUU sólo 5 o 6 interceptores cada mes. "Su mensaje fue claro: Irán está produciendo muchos más misiles que nosotros medios para interceptarlos y esto daría sentido militar a una acción preventiva como el ataque del 28 de febrero, pues el tiempo juega en contra nuestra".
En la segunda, reconoció que, ante un ataque imparable de Israel, Irán habría respondido sin duda contra objetivos estadounidenses y era necesario intervenir de forma preventiva. Es decir, porque Netanyahu lo decidió.
El agotamiento de las reservas explica, en parte, la retirada de la ayuda militar a Ucrania y la convocatoria urgente, el viernes, a la Casa Blanca de las principales empresas de armamento, como Lockhead Martin y Raytheon.
En sus seis viajes a Estados Unidos en un año, Netanyahu martilleó a Trump y a sus asesores con un único mensaje: Irán no podrá defenderse, salvo que le demos tiempo para hacerse con armas nucleares y/o hacerse con un arsenal de misiles y drones con un efecto disuasorio equivalente.
Había una ventana estratégica y no aprovecharla podía significar perderla para siempre. Republicanos y demócratas llevaban años diciendo que no podían permitir que Irán se hiciera con armas nucleares y los servicios secretos habían confirmado que Irán ya disponía de al menos 400 kilos de uranio enriquecido al 60 %, suficiente para fabricar unas 10 ojivas en poco tiempo.
Era, para Netanyahu y sus amigos incondicionales en la Casa Blanca, ahora o nunca. El problema es que, si el régimen iraní sobrevive y se radicaliza aún más, bastante probable, intentará por todos los medios nuclearizarse para dotarse, como Corea del Norte, del paraguas disuasorio que perdieron otros como Libia, Irak o la propia Ucrania y así les fue.
Todo indica -explica Heather Williams, directora del Project on Nuclear Issues del CSIS- que "en las tres rondas de conversaciones indirectas hasta el 26 de febrero no hubo ningún avance en el programa nuclear e Irán se negó a hablar de su programa de misiles".
Parece que en esos encuentros chocaron con el muro del derecho a enriquecer uranio, garantizado por el Tratado de No Proliferación (TNP) siempre que sea para fines pacíficos.
Con las imágenes de satélites y otras fuentes de inteligencia, añade Williams, "en los últimos meses habíamos visto movimiento en las instalaciones nucleares iraníes, construcción de perímetros y de túneles en Natanz, Isfahan y Busher, pero lo más preocupante es que seguíamos sin saber qué había sido de los 400 kilos o más de uranio enriquecido. En junio no se bombardeó la nueva instalación descubierta el año pasado en Fordow ni otras también sospechosas. Algunas se están librando de nuevo de ataques ahora y lo encuentro extraño".
Tampoco han atacado estos días el reactor nuclear de Busher, aunque sí zonas próximas, ni otras instalaciones que pudieran provocar catástrofes radiológicas. La OIEA lo ha confirmado, pero en el caso de Busher y de algunas otras puede deberse a otra razón: la presencia de más de 600 rusos por el acuerdo de Irán con la compañía estatal rusa Rosátom.
¿Cómo se explica el lanzamiento de docenas de misiles contra los mismos objetivos que, supuestamente, habían sido destruidos ("obliterated" según Trump) el año pasado?
Williams ofrece tres posibles explicaciones: sospechas de que Irán estaba tratando de reconstruir su programa nuclear; que la guerra de junio no fuera tan exitosa como dijo Trump; o que Furia Épica en realidad tiene más que ver con la amenaza convencional e híbrida que con la nuclear.

