Restaurar zapatos, acto de resistencia amenazado por calzado chino
Entre suelas de zapatos gastadas, tacones heridos y mochilas que se niegan a morir, Desiderio lleva seis décadas haciendo algo que hoy parece un acto de resistencia: reparar en lugar de desechar.
A sus 74 años, abre puntual su pequeño local en la colonia Santa María la Ribera, ha devuelto la dignidad a tenis rotos, bolsas desprendidas y zapatos que han caminado historias enteras.
A sus 14 años se asomó curioso a ver cómo un zapatero trabajaba en el barrio y la curiosidad se convirtió en destino. “Desde chiquillo aprendí. Iba a ver cómo laboraba y él me invitó a trabajar. Acepté y de ahí empecé a cultivarme en el oficio”, recordó, en entrevista con 24 HORAS.
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Años después, a su negocio propio decidió ponerle un nombre que también significa su hogar: “Lety”, en honor a su esposa, con quien hoy celebra 54 años de matrimonio. En ese espacio se hacen cambios de suela, costuras invisibles, rescates de bolsos y reparaciones de mochilas escolares que todavía tienen recreos pendientes.
Las mujeres, dijo, son sus clientas más fieles: siempre hay un tacón que salvar o una bolsa favorita que no merece el abandono.
Pero el oficio ya no es el mismo. Don Desiderio mira los materiales actuales con cierta nostalgia: “Hay muchos que ya no tienen remedio, es puro plástico”.
Explicó que la competencia y la producción en masa desplazaron al artesano, porque antes, el calzado estaba hecho para durar, pero hoy, muchos pares nacen desechables.
Señaló que la crisis económica dejó huella y los pequeños talleres han ido desapareciendo, en parte por la falta de aprendices. “Al inicio éramos cinco empleados, ahora estoy yo solo. Abro de nueve a ocho y cualquier accidente con un zapato lo resolvemos al momento”, dijo.
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“El secreto es que te guste lo que haces. Para muchos es trabajo cuando no les gusta; cuando te gusta, es un empleo que disfrutas”, dijo.
Después de 60 años, Desiderio reflexionó que, mientras haya alguien que prefiera reparar antes que tirar, mientras exista un par favorito que merezca otra oportunidad, el oficio del zapatero seguirá latiendo en manos como las suyas: firmes, pacientes y orgullosas de sostener, paso a paso, la memoria de una ciudad.