Trump, el gran perdedor
Dice la prensa estadounidense que la guerra contra Irán logró reposicionar la autoridad de ese país en Medio Oriente, pero de paso hundió al dizque todopoderoso Donald Trump y a su aliado israelí Benjamin Netanyahu.
Ahora el magnate podrá decir que sometió a Teherán, pero para los ojos del mundo no pudo. Sus bravatas se estrellaron contra la geopolítica real.
Peor aún, el Pentágono quemó miles de millones de dólares en más de 100 días de guerra contra Irán sólo en el tema militar, a lo que habrá que sumar el plan del gobierno de Trump para establecer un fondo de reconstrucción de 300 mil millones de dólares para Irán y las demoledoras pérdidas económicas globales por el impacto del cierre del Estrecho de Ormuz.
El acuerdo provisional es un monumento a la claudicación. No considera frenar el programa de misiles iraní, la gran pesadilla de Tel Aviv, ni obliga a Teherán a cortar el cordón umbilical con los grupos armados regionales que asedian el suelo israelí. Este es el verdadero punto de ruptura entre Trump y Netanyahu.
En los próximos 60 días se va a comenzar a negociar el futuro del uranio enriquecido de Irán, ese fue el principal argumento para que Estados Unidos se subiera a la guerra permanente que sostienen Jerusalén y Teherán. Dejando el núcleo del problema para un pacto final que se antoja lejano.
Hoy, ante esta tregua bélica que le urgía a Trump —y a nadie más—, Israel y el grupo chiíta Hezbolá emergen como dos imponderables sumamente volátiles. En cualquier momento pueden dinamitar lo pactado; la historia demuestra que ha sucedido en infinidad de ocasiones.
Por lo pronto, el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, declaró que sus tropas permanecerán desplegadas "indefinidamente" en las zonas de amortiguación que Israel ha tomado en Líbano, Siria y Gaza para eliminar lo que considera amenazas militantes. Una bofetada directa al espíritu del acuerdo.
Lo único que el magnate neoyorquino pudo rescatar fue la reapertura de Ormuz para reactivar el transporte de petróleo. Teherán nunca se doblegó; respondió codo a codo a cada ofensiva. No sólo eso, el cierre del Estrecho fue un duro golpe al gobierno estadounidense, porque el daño económico fue muy severo y, por cierto, todavía no acaba, dice el FMI.
Trump conoció una realidad incómoda y, aunque jamás lo admita, ahora sabe que el mundo no está a su entera disposición. Sus cada vez más distantes aliados de la OTAN le dieron la espalda, negándose a respaldar su aventura bélica.
Para Netanyahu, el escenario es catastrófico de cara a las elecciones de octubre. Sus socios de la ultraderecha radical esperaban ver a Hezbolá e Irán con el mismo destino agónico que hoy sufre Hamas.
La realidad es que el enemigo eterno de Israel salió bien librado e incluso fortalecido, mientras la sociedad israelí le pasa la factura a un primer ministro debilitado.
Trump apostó al tablero del Golfo Pérsico con su habitual arrogancia de casino, pero al final del día, el miedo sigue presente en la región y el gran perdedor despacha en la Oficina Oval.
POR ISRAEL LÓPEZ GUTIÉRREZ
COLABORADOR
@PAPADEPONCHO
ISRAEL.LOPEZ@ELHERALDODEMEXICO.COM
MAAZ