“Un político pobre es un pobre político”: regalo de Hank a la 4T

“Un político pobre es un pobre político”: regalo de Hank a la 4T

Ver para creer. El más priista de todos los priistas, el mexiquense Carlos Hank González, acabó siendo, de manera indirecta e involuntaria, el Moisés de la llamada Cuarta Transformación pues, con su boca de profeta, descendió del monte Sinaí de la mexikan politik con el único mandamiento al que se deben nuestros heroicos próceres obradoristas: “Un político pobre es un pobre político”.

Amigos chairos, ya es hora de que se quiten la venda de los ojos. Esas muletillas de que “por el bien de todos, primero los pobres” y “no puede haber Gobierno rico con pueblo pobre” sólo son saliva que sirvieron para engatusar a millones de incautos que se creyeron la patraña de que los que llegaron son diferentes a los que se fueron. Olvídese de eso. La realidad es que resultaron ser idénticos… o incluso peores.

El santo milagro de los panes y los peces que multiplicó Jesús en el mar de Galilea, ahora tropicalizado por el mesías tabasqueño con su billetito de 200 pesos y su par de zapatos, nos demuestra que en el pobre es pobre porque quiere. Los políticos actuales, sobre todo los que pertenecen al movimiento de transformación (vaya que se han transformado… ¡en millonarios!), diario nos escupen a la cara que ellos no se merecen vivir en la austeridad republicana y mucho menos en la pobreza franciscana. ¡Eso es para los jodidos, no para ellos!

A esta nueva versión, corregida y aumentada, de los Beverly de Peralvillo, les gusta lo bueno y lo caro. Vivir bien, comer bien, viajar bien, vestir bien, ser prósperos y opulentos, tener boyantes empresas cerveceras y chocolateras, pernoctar en lujosas mansiones, que su prole (cuando se enferma) sean atendidos en los hospitales privados más fifis de México y el extranjero, pagar comilonas en suntuosos restaurantes con tres estrellas Michelin, poseer vehículos de lujo, codearse con celebridades… y hasta hospedarse en embajadas y consulados, porque los hoteles son para nacos.

¿O qué tal con los bodoques del bienestar (los hijos de López Obrador)? Que cuando su papá llegó a la Presidencia, en 2018, según ellos no sabían a qué se iban a dedicar pero ahora recogen el dinero con carretilla (antes lo hacían en sobres amarillos) gracias a sus multimillonarias empresas que vaya Dios a saber cómo las erigieron. Hasta el modesto chofer del Tsuru blanco, Nicolás Mollinedo, terminó muy bien salpicado por el agua bendita del santo patrono de Macuspana, pues de chafirete pasó a ser un pujante empresario amante de la charrería, los caballos, los autos clásicos y deportivos, y hasta dueño de un parque ecoturístico en Tulum y terrenos estratégicos por donde circula el Tren Maya.

Pero la lista es kilométrica: el reyezuelo Gerardo Fernández Noroña antes no tenía cinco pesos para usar los mingitorios de una gasolinera, por lo que tenía que orinarse en la banqueta y ahora ya es dueño de una mansión de 12 millones de pesos en Morelos.

La diputada local morenista por Veracruz Bertha Ahued Malpica, quien desembolsó 7 millones de pesos para pagar la preboda de lujo de su hija, evento que se realizó en Sevilla, España, con 250 invitados, o el empresario Juan Carlos Guerrero Rojas, modesto proveedor de Petróleos de México (Pemex) cercano al gobernador de Tabasco, Javier May, y a Pío López Obrador (hermano de ya saben quien), que se gastó 45 millones de pesos en la fiesta de 15 años de su hija Mafer.

¿Verdad que sí?, ¿verdad que un político pobre es un pobre político?

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