Un triunfo con olor a derrota
Después de una campaña de fanfarronerías del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a través de su red social Truth Social, amenazando con desaparecer toda una civilización, refiriéndose a Irán, no le quedó a ninguna de las dos partes más que aceptar una tregua de dos semanas.
El acuerdo contempla la apertura del Estrecho de Ormuz y un tambaleante alto el fuego, porque los bandos se acusan de violar los acuerdos, pero en realidad ese no es el problema central de ese conflicto; el verdadero reto es cómo puede contener Trump a su chico malo, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu.
Él no se va a detener; tarde o temprano, a la menor provocación, va a volver a atacar a Irán y a El Líbano, entre otras muchas razones, porque si el gobierno de Netanyahu no está en guerra, él estaría con las patitas en la calle. A la gente de Israel no se le olvida que hay un proceso en su contra por corrupción, que lo salpica a él y a su esposa.
Otro motivo es que Israel e Irán se odian a muerte y ninguno de los dos va a aceptar que uno u otro se declare ganador de esta absurda guerra, Teherán reclama la inexistencia del estado israelí y Tel Aviv espera terminar con la influencia iraní en la región; eso implica directamente a la organización libanesa Hezbolá y al grupo palestino Hamas.
Por cierto, ambas organizaciones están muy diezmadas por los recientes choques con el Ejército israelí, pero no está en su esencia ceder. Por otro lado, para nadie es un secreto que Israel siempre ha buscado ampliar su territorio y anular a Hamas y Hezbolá, es una inmejorable oportunidad para ampliarse.
Ese es el gran reto de Trump: frenar a su socio, una tarea que luce difícil. ¿Cómo puedes frenar al aliado que te llevó a la guerra con los ojos cerrados? Porque el magnate puede saber mucho de negocios, de abusos de todo tipo, de racismo, de fobias varias, de ser un antiinmigrante en toda la extensión de la palabra, pero de guerra no sabe nada.
El mismo Donald evitó ir a la guerra de Vietnam en 1968 argumentando pie plano; por eso todo lo que hace su Ejército le resulta maravilloso. Incluso cuando Irán derribó tres aviones de guerra estadounidenses, minimizó el hecho, pero el rescate de los pilotos lo mostró al mundo como un gran logro, cuando en realidad fue un fracaso o una derrota.
A ese es al Trump que engañó Netanyahu, al que le hizo creer que la guerra era cosa de semanas; el pequeño detalle que no le mencionó es que no era suficiente con asesinar a la cúpula del gobierno iraní –encabezada por el ayatolá Alí Jamenei– porque en realidad el poder militar está en manos de la Guardia Revolucionaria Iraní.
Puede ser que, al final de cuentas, Trump y Netanyahu se salgan con la suya e Irán cancele su programa nuclear, que es la principal demanda de EU, pero será una derrota con sabor a triunfo iraní por todo el daño económico y político que ya dejó esta guerra y que no se va a solucionar de la noche a la mañana con una tregua o un alto el fuego. El daño está hecho. ¿Quién gana en realidad?
POR ISRAEL LÓPEZ GUTIÉRREZ
COLABORADOR
@PAPADEPONCHO
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