Alberto Zamanillo Díaz, psicoterapeuta familiar: "Las redes sociales tienden a enseñar una familia perfecta"
En las redes sociales, todo parece perfecto, también en el ámbito familiar. Por lo que vemos, las familias nunca lloran, nunca discuten y nunca dudan. Sonríen siempre, crían sin conflictos y viven en un bienestar permanente que parece al alcance de cualquiera… salvo de quienes viven en la realidad. Ese ideal de “familia perfectamente feliz” no solo no inspira: está generando frustración, culpa y una comparación constante que erosiona el bienestar emocional de muchos padres y madres. Hemos tenido la ocasión de hablar con Alberto Zamanillo Díaz, psicoterapeuta familiar por la FEATF, Doctor en psicología y colaborador docente, sobre este fenómeno creciente: la carrera por ser el padre o la madre perfecta, una presión silenciosa que, en ocasiones, transforma la crianza en una competición y la vida familiar en un escaparate.
En las redes sociales, todo tiende a ser, o más bien parecer, perfecto, también en lo que a las familias se refiere. ¿Qué entendemos hoy por “ideal de familia perfecta” y cómo lo están construyendo las redes sociales?
Pensemos en nuestras familias y preguntémonos si alguna vez hemos dicho “cómo nos vieran ahora, no sé qué pensarían de nosotros”. Las redes sociales han intensificado esa sensación probablemente en muchas familias. Si nos paramos a pensarlo, es bastante comprensible que sólo se comparta lo positivo, lo ideal y perfecto dentro de redes sociales.
Esto puede entenderse por dos motivos. Por un lado, si cuando estás pasándolo mal, pudieras hacer un post o un reel de tu situación, estaría indicando de algún modo una distancia con lo que estás sintiendo. O bien hacer el post rompería la secuencia y te costaría seguir sintiéndote tan mal, o bien podría ser algo fingido (por ser más benevolentes, podría ser algo intensificado por estar grabándolo, pero no para tanto en ese momento).
Por otro lado, todos hemos visto vídeos de personas llorando y en ocasiones algunos de nosotros hemos pensado: “Un momento. Estabas llorando por algo que te ocurrió. Pero has abierto Instagram, colocado el móvil en un trípode, comenzado el reel, te has vuelto a colocar para que se te viera, le has dado a grabar y has seguido llorando. Y tras eso, lo has editado, puesto un texto, y puede que incluso música”. No parece la mejor gestión de estar mal, ¿verdad?
No es que sea malo compartir estar mal (es más, porque quede claro, en ocasiones es lo mejor que se puede hacer, compartir que uno está mal), es que realmente, al igual que la felicidad por redes, está mediada por ser visto, porque los otros reaccionen a tu “vida”. Y pongamos vida entrecomillas ya que lo que aparece en redes, es aquello que seleccionamos que aparezca. Las redes sociales tienden a enseñar una familia perfecta.
Esa “vida” que decíamos antes, donde las familias parecen enfrentarse siempre a crisis vitales y cambios de manera ideal (éxitos académicos, armonía conyugal, estética doméstica). Todo esto dista mucho de ser la vida de una familia real. Esto afecta a las familias por dos motivos. Por un lado, se generan sin querer “normas” que se internalizan después de ver muchos contenidos que parecen “reales” y que luego no encajan con el día a día. Por otro lado, esta comparación puede llegar a provocar insatisfacción, estrés y sensación de no ser capaz de llevar a cabo la crianza.
Desde un punto de vista de la psicología, el ideal de familia perfecta ha ido cambiando con el desarrollo teórico, cultural y con los estudios realizados al respecto. Siguiendo la propuesta teórica desde el modelo estructural sistémico, una familia sana sería aquella compuesta por subsistemas (los padres, los hijos) que se adapta a las presiones internas (cambios evolutivos de los miembros, como por ejemplo la adolescencia) y externas (instituciones, sociedad, momento histórico en el que viva la familia), cambiando para crecer y, a la vez, mantener inalterado el sistema familiar, con reglas que permitan individualizarse y mantener la familia.
El efecto pernicioso aparece cuando padres, madres o hijos e hijas generan una comparación automática, solo por verlo en redes, entre las experiencias de otros y las de su propia casa
¿Por qué este ideal resulta tan seductor para las familias y, al mismo tiempo, tan dañino?
Las redes sociales están diseñadas para ser atractivas y mantener (¿secuestrar?) nuestra atención en ellas, aprendiendo nuestros gustos y mostrándonos más y más de lo mismo. Pero además están diseñadas para activar varios de lo que denominamos sesgos cognitivos. Un sesgo es un error sistemático de nuestra mente que, aunque conozcamos, nos cuesta muchísimo evitar. Esto se observa, por ejemplo, en el denominado sesgo de arrastre. Es básicamente la tendencia que tenemos todos los seres humanos (algunos más que otros) a replicar o tener las mismas opiniones, comportamientos o tendencias que la mayoría. Es seguir la moda, básicamente.
En ocasiones puede ser beneficioso (crianzas más respetuosas, por ejemplo) y en otras la comparación nos destruye. En aquellas familias jóvenes, por ejemplo, en las que los progenitores usan redes sociales, podríamos apostar sin miedo a perder nada que sus redes están plagadas de las nuevas tendencias entre familias: destinos de viajes para ir con los más pequeños, responsabilidades perfectamente compartidas. El efecto pernicioso aparece cuando padres, madres o hijos e hijas generan una comparación (automática, solo por verlo en redes) entre las experiencias de otros y las de su propia casa. Esto ocurre porque tendemos a evaluarnos con aquellos que percibimos mejor que nosotros en algo. Son comparaciones como: “Ellos dándose masajes antiestresantes mientras sus hijos juegan y recogen los juguetes y nuestro mejor día de la semana es cuando el niño no llora y su hermana mayor no se queja por el agua caliente”.
Y, como colofón, si eres mujer, es bastante probable que en algún momento te veas envuelta en comparaciones sobre la maternidad y cómo llevarla a cabo. Esto se entiende a partir de investigaciones como la de Kirkpatrick, que muestra que en Instagram se difunde una imagen idealizada de la maternidad, lo que puede aumentar la presión sobre las madres y afectar a su bienestar. En su estudio, tras analizar a 400 madres recientes, encontró que las publicaciones más idealizadas (las que muestran una maternidad aparentemente perfecta; tú y yo sabemos de qué famosas de Instagram estamos hablando) generaban un mayor impacto emocional negativo. Tras ver este tipo de contenido, los resultados indicaban un aumento de sentimientos como la envidia o la ansiedad.
¿Estamos ante un fenómeno nuevo o es una versión digital de presiones que ya existían?
Las presiones siempre han existido. En otros momentos, las comparaciones eran con familias famosas que se podían ver a través de la televisión o las revistas. Otra fuente de presión que existía, y existe, es con las familias de origen (es decir la familia de los progenitores) que también sirven de “buen ejemplo” en algunas ocasiones. En la actualidad, estas comparaciones pueden realizarse en un contexto diario a través de las redes sociales y ya no solo con las familias “famosas”, sino también con familias desconocidas que comparten únicamente aspectos positivos de la familia.
¿Qué efectos emocionales están observando en consulta en padres que sienten que no llegan a ese ideal?
Principalmente es la sensación de decepción, ansiedad y tristeza. Muchas madres, en especial, indican sensaciones como “no estar a la altura” o “tener la sensación de no llegar”. Las expectativas de qué debería ser una familia y cómo es la suya se acentúa por desgracia con las redes sociales. A veces esto está muy asociado a roles de género (no soy un buen padre porque no estoy trabajando; me apetece salir con mis amigas, pero sería mala madre si le dejara con los abuelos).
Otro efecto emocional, en esta ocasión positivo, es el trabajo que se puede realizar en consulta con las familias, propiciando que se focalicen en las fortalezas de la familia, trabajando por qué esos ideales de internet son importantes para ellos y cómo podrían alcanzarlos de forma realista en su entorno. Como se señalaba antes, una comparación puede ser un punto de partida positivo si se trabaja con un profesional y se comprende qué valores familiares encierran.
Muchas madres, en especial, indican sensaciones como "no estar a la altura" o "tener la sensación de no llegar"
¿Cómo influye la comparación constante con otras familias en la autoestima parental?
Los estudios que hay hasta la fecha indican que la comparación constante de los padres, no solo con otros padres sino también con otros hijos (más ideales), está relacionada con un nivel más bajo de autoestima en los adolescentes de dicha familia. No existe aún una literatura extensa y clara al respecto.
Esto puede entenderse desde dos ideas. Por un lado, los datos disponibles apuntan a una relación entre comparación y menor autoestima en los hijos. Por otro lado, podemos aventurarnos a decir que probablemente también afecte a los propios padres, teniendo en cuenta que sabemos que la comparación con lo que sentimos que es mejor que lo que somos, suele generar emociones negativas.
¿Puede esta presión generar conflictos de pareja o tensiones en la crianza?
Constituir una familia implica nuevas tensiones. Normalmente se resuelven con el transcurrir del tiempo, aunque en ocasiones se mantienen en el sistema familiar.
Estas tensiones pueden entenderse por la propia estructura de roles. Padres y madres poseen roles múltiples: son una pareja sentimental y también los responsables de la crianza de los hijos e hijas. De cualquiera de esos dos roles pueden surgir tensiones de forma natural. Si además sumamos la posibilidad de compararse, no únicamente con amigos o familiares cercanos, sino con millones de familias que publican sus aspectos positivos, las posibilidades se multiplican.
Por ello, lo más recomendable es consensuar dentro de la propia pareja las decisiones de crianza y, si no se consigue llegar a dicho acuerdo, al menos respetar las discrepancias, aunque decirlo siempre es más fácil que conseguirlo, por eso a veces es relevante la ayuda externa cuando se vuelve complicado.
¿Qué comportamientos o emociones indican que una familia está atrapada en esta dinámica de perfección?
Probablemente el más llamativo y preocupante es lo que ha sido denominado sharenting (que combina las palabras inglesas share = compartir y parenting = paternidad). Esta tendencia puede entenderse por sus efectos en dos niveles. Por un lado, puede ser pernicioso para los padres, que se enfocan en mostrar únicamente aspectos positivos de sus hijos, teniendo una visión irreal (alguien tenía que decírtelo; tus hijos son maravillosos y, a veces, no lo son). Por otro lado, también puede ser perjudicial para los hijos, porque los expone a un contexto descontrolado, en el que pueden ser juzgados o enfrentados a situaciones que no debería vivir ningún menor.
Cuando veas otra familia en redes, recuerda: tú solo verás la ficción que ellos quieren mostrar como realidad
¿Cuándo es recomendable pedir ayuda profesional?
Es difícil señalar un momento exacto y universal para acudir a consulta, y más cuando a temas familiares se refiere. En general, puede ser recomendable hacerlo cuando, tras intentar manejar la situación por tu cuenta o en familia, hablar con personas cercanas o dejar pasar un tiempo prudencial, no notas mejoría. Especialmente si aquello que te preocupa deja de ser algo puntual y empieza a repetirse en tu día a día, ocupando cada vez más espacio en tus pensamientos, emociones o conductas.
También conviene prestar atención a cuándo ese malestar no desaparece con el tiempo, sino que se mantiene durante días, semanas o más, dando la sensación de que “se ha quedado contigo”. Del mismo modo, es una señal relevante cuando empieza a afectar a diferentes áreas de tu vida: duermes peor, estás más irritable en el trabajo, tus relaciones se resienten o cambian tus hábitos. Por último, cuando la intensidad del malestar es elevada (hasta el punto de reducir tu calidad de vida o hacer que tengas que reorganizar tu día para evitar sentirte así), acudir a consulta deja de ser solo recomendable y pasa a ser especialmente importante.
¿Cómo fomentar una crianza más auténtica y menos condicionada por la mirada externa?
En realidad, no es que lo externo sea malo ni que lo que tengamos que buscar sea una crianza auténtica. Cuidar y sostener a nuestros seres queridos es una tarea compleja, y es fácil cometer errores en aspectos de los que ni nos damos cuenta, a pesar de que sean, en ocasiones, las personas que más queremos. Esto puede entenderse desde dos posibilidades. Por un lado, a veces ver modelos positivos en redes puede mejorar el funcionamiento de las familias.
Por otro lado, a veces esa comparativa puede producir malestar. Por ello, lo importante es ser respetuoso con las etapas de cada miembro de la familia (etapas de desarrollo madurativo o etapas vitales y crisis normativas como tener pareja o el fallecimiento de los más mayores). Esto implica permitir un entorno con tres elementos: normas (que facilitan entender el día a día a los más pequeños), incondicionalidad (que facilita la exploración, el error y el aprendizaje) y afecto (que permite desarrollar tantos aspectos cognitivos, relacionales y personales que no cabrían en estos párrafos).
Si tuviera que dar un mensaje clave a las familias que se sienten presionadas por las redes, ¿cuáles serían?
La ficción no debería parecernos más atractiva que la realidad, cuando la realidad que has conseguido crear es la de construir una familia. No le quites valor a esto. Tu familia son dos familias distintas (ojalá y gracias) que se conocen y construyen una completamente nueva. Esto se concreta en algo único: la combinación de vuestras características. Tu manera de ser ordenada y su forma de ser risueña; tu capacidad de mando y su intelecto; tu afecto y su ternura.
Por ello, enfócate en los aspectos positivos de tu familia, en las fortalezas y en las cosas que ya sabéis hacer mejor. Piensa en los mayores logros de tu familia y en cómo habéis conseguido superar crisis. Recapacita en qué aspecto estás más orgulloso de tus seres queridos. Y cuando veas otra familia en redes, recuerda: tú solo verás la ficción que ellos quieren mostrar como realidad. Disfruta, porque la dificultad que entraña solo es señal de lo importante que es.


