Ana Galán, psicóloga, analiza el mensaje positivo de Vanesa Martín: "Es una forma más sana de sostener lo que te pasa"
"Tenemos dentro tanto poder para hacer que nuestra vida sea bonita...", decía recientemente la cantante Vanesa Martín en una entrevista. Animaba a quienes la escuchaban a disfrutar y contaba que, al mirar a sus perros se daba cuenta de la ilusión con la que enfrentan cada mañana. Entonces pensaba "por ahí es", en el sentido de "esa es la ruta que hay que tomar".
Según la compositora muchas veces nos complicamos demasiado. Hay quienes, dice, se levantan de mal humor. Pero no es su caso. Vanesa se despierta "con buen rollo", en su casa, que dice que es superluminosa, y se hace un café y una tostada. Asegura que a la gente negativa no la quiere a su lado y que "la vida nos da muchos atractivos a los que agarrarnos". Y hacerlo, dice, "no es superficialidad". "Nos pasan cosas muy especiales y podemos provocar que nos pasen más. Depende de nosotros muchísimo", ha dicho.
En el mensaje de Vanesa hay varios puntos importantes: por un lado el hecho de que haya (casi) que disculparse por estar bien, por otro, las complicaciones (las que están y las que nos inventamos) y, por último, si ese estado despreocupado está relacionado, como muchos creen, con la inmadurez. Le hemos trasladado estas dudas a la psicóloga Ana Galán (@anagalanpsicologia), y esto es lo que nos ha contado.
En una cultura que valida el cansancio y el "estar mal", quien elige levantarse con buena actitud puede parecer poco realista.
Alegría consciente
"En una cultura que valida el cansancio y el "estar mal", quien elige levantarse con buena actitud puede parecer poco realista", dice Ana. "Sin embargo, no es superficial quien sonríe, sino quien evita sentir", agrega en relación al mensaje de Vanesa. "Ser amable -aunque tengas un día difícil, entre trabajo, casa y responsabilidades- es una forma de inteligencia emocional. La alegría consciente no niega los problemas: decide no quedarse a vivir en ellos", nos cuenta.
Muchas veces, quien ve a una persona feliz tiende a pensar: "No se entera de lo que pasa", "vive en su mundo"... pero para Ana, "quien juzga así suele proyectar su propia forma de ver la vida, más centrada en la alerta o el control. Le cuesta entender que alguien pueda elegir mirar también lo que sí funciona". La experta subraya: "No es que "no se enteren", es que no se enganchan a todo". Pone el ejemplo de la que, tras un día complicado, decide salir a caminar o reír con amigas. "No vive en otro mundo: ha aprendido a no quedarse atrapada en el peor", recalca.
La que después de un mal día sale a caminar o reír con amigas no vive ajena a sus problemas: ha aprendido a no quedarse atrapada en ellos.
¿Y qué hay del famoso "postureo"? "Su alegría no es real, está fingiendo, aparentando", pensarán los haters. Pero Ana tiene respuesta en este punto: "No todo lo que es sereno es una máscara. A veces proyectamos: pensamos que el otro oculta lo que a nosotros nos cuesta gestionar", asegura invitándonos a reflexionar. "Hay personas que sí sienten, pero han aprendido a no recrearse en el malestar. Como quien, tras un disgusto, sigue con su día sin dramatizarlo delante de todos. No es fachada: es una forma más sana de sostener lo que pasa", argumenta.
Cuanta más madurez, ¿más preocupaciones?
"No necesariamente", dice Ana cuando le preguntamos si las preocupaciones y nuestro grado de madurez son directamente proporcionales: "Preocuparse menos no es inmadurez, es saber diferenciar lo que depende de ti de lo que no", dice. "La persona madura no vive en alerta constante, sino que regula su atención y su energía", continúa. E ilustra: "Quien no se angustia por todo en el trabajo, pero sí actúa cuando hay que hacerlo. La preocupación excesiva no resuelve más, solo desgasta más. La verdadera madurez está en ocuparse, no en vivir preocupado".
Ni vivir en la queja ni pasarla por alto
Para Ana no hay que dar ni demasiada importancia a los problemas ni pasarlos por alto. "La clave está en un equilibrio consciente: mirar el problema de frente, pero no quedarse a vivir en él", indica. Para ella lo primero es entender qué depende de ti y actuar; y después, soltar lo que no puedes controlar. "Por ejemplo, ante un conflicto laboral, hablarlo y poner límites, pero no llevarlo todo el día a casa", dice. "Sentir es necesario, recrearse desgasta. Afrontar bien es sostener sin hundirse", nos cuenta.



